¿Por qué la figura de John F. Kennedy Jr. sigue seduciendo a hombres y mujeres a pesar de sí mismo?

John F. Kennedy Jr., carisma y estilo. Getty Images
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Hay figuras públicas inmensamente populares en su época que terminan perdiéndose en los márgenes del tiempo, y luego están las que se transforman en leyenda. John F. Kennedy Jr. pertenece a esta última categoría. Más de un cuarto de siglo después de su muerte sigue ocupando un lugar privilegiado en el imaginario colectivo. El príncipe de América, el heredero dorado, el hombre imposible. Su magnetismo era tanto estético como narrativo. No necesitó construir un mito porque ya nació dentro de uno. Y, paradójicamente, pasó gran parte de su vida intentando escapar de él.

Ahora su historia vuelve a la primera plana con 'Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette', serie producida por FX y Hulu y comandada por Ryan Murphy que recrea el mediático y trágico romance de una de las parejas más icónicas de finales del siglo XX. Pero ¿a qué se debe la fascinación que aún hoy sigue ejerciendo John John? Puede que a una mezcla única de carisma personal, estilo icónico, herencia legendaria y una tragedia final que congeló su imagen en la juventud eterna. Aunque lo que más nos sigue seduciendo es que nunca quiso ser el personaje que el mundo necesitaba que fuera.

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El hombre perfecto

John no solo era guapo como un modelo de la Grecia clásica. Eso sería demasiado simple. Aunque fue elegido el "hombre más sexy del mundo" por la revista People en 1988, su verdadero atractivo residía en que encajaba en todos los arquetipos. Podía ser abogado, editor, deportista, piloto, intelectual, chico de portada o el vecino simpático de la puerta de al lado. No parecía consciente de su atractivo, y eso lo hacía más poderoso. El tipo de hombre que podía aparecer en una portada de 'People', correr por Central Park, discutir de política en Harvard y salir con supermodelos. Representaba un tipo de masculinidad limpia, quizás demasiado diseñada, visto con los ojos de hoy. Pero el público de los 80 y 90 parecía necesitar a un Bruce Wayne como símbolo y él simplemente ocupó ese espacio, escondiendo bajo la alfombra inseguridades, frustraciones y la presión que soportaba por resistirse a seguir la carrera política que todos esperaban de él. “Puedo verme tirado en una playa y también puedo verme ocupando un cargo público”, respondió en 1999 cuando le preguntaron si iba a postularse para alcalde de Nueva York.

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Carolyn Bessette, icono de elegancia discreta

En una época dominada por el exceso, la pareja que formaron John y Carolyn representaba la sobriedad aspiracional. Nada de exhibicionismo ni de glamour explícito. Mucha elegancia y minimalismo emocional. Ella venía del mundo de la moda pero nunca fue una celebrity tradicional. No buscaba el foco y eso la convirtió en un icono. La nueva Lady Di. Su estilo se convirtió en una referencia cultural sin necesidad de branding. Pero la relación también fue compleja: presión mediática constante, tensiones (como la famosa pelea de Washington Square Park captada por un paparazzi), expectativas imposibles y presuntas infidelidades tanto de él como de ella. Era una pareja demasiado observada, analizada y perseguida. Y aún así persiste el mito de la pareja perfecta condenada por su propia iconografía y, claro, por su trágico final.

La herencia envenenada del padre

La sombra de John F. Kennedy es alargada. Y no solo en términos políticos. Desde la imagen icónica de un niño de tres años saludando el féretro de su padre, la figura del presidente más mediático de la historia de EEUU -y, por su puesto, su ausencia como referente paterno- se proyectó sobre John John toda su vida. También su herencia: el carisma, la seducción, la facilidad relacional y, ay, la atracción permanente hacia lo femenino como validación identitaria. John Jr. no fue un mujeriego en el sentido clásico, pero sí heredó la idea de que el amor y el deseo formaban parte de su identidad pública.

La relación con la madre

Con Jacqueline Kennedy Onassis la relación fue profunda, íntima y simbólica. Jackie fue en muchos sentidos la arquitecta del mito Kennedy, pero también una madre extremadamente protectora. John fue, durante mucho tiempo, su refugio emocional y su punto de estabilidad. En sus últimos años fue él quien la acompañó, la protegió y la sostuvo con una lealtad silenciosa. En 1994, ya diagnosticada con un linfoma no Hodgkin, Jackie estuvo brevemente en el hospital Cornell de Nueva York. John John la ayudó a salir de ahí para morir en su casa, respetando sus deseos. Ese vínculo también lo humanizó. Detrás del mito había un hijo cuidando de su madre enferma.

La leyenda negra de la familia

Avión pequeño. Noche de niebla. Error humano. El accidente aéreo de 1999 en el Océano Atlántico que acabó con su vida a los 38 años, la de Carolyn (33) y la de la hermana de esta, Lauren (34), fue visto como otro capítulo más de la llamada 'maldición Kennedy', marcada por asesinatos, tragedias y calamidades familiares, generando un duelo nacional similar al de su padre. Quizás esa noche le dominó su lado más impulsivo e imprudente -se empeñó en volar sin la compañía de un instructor-, pero era como si el apellido llevara inscrita una imposibilidad de final feliz. Y no hay nada que conmueva más al público que una gran tragedia.