La técnica casi infalible para dormir si eres de los que comen techo rumiando al irse a la cama
Elige una palabra de más de cinco letras, y después avanzas por ella imaginando palabras que empiecen por cada una de esas letras
Siete formas de mejorar la calidad de tu sueño apoyadas por la ciencia
No todos los insomnios hacen ruido. Es más, en ocasiones ni siquiera parecen insomnio al principio. Es el caso, por ejemplo, cuando uno se mete en la cama cansado, apaga la luz, acomoda la almohada y, justo entonces, empieza el desfile. Esa conversación que salió mal. Aquel dichoso mensaje que no debía haberse enviado así. La lista interminable de cosas pendientes para mañana. Un recuerdo absurdo de 2019 que vuelve sin invitación aparente. Parece que el cerebro, en lugar de bajar la persiana, se prepara para montar guardia. Y la cama, que debería ser refugio, se convierte en sala de espera de pensamientos que no terminan nunca.
Ese fenómeno no es precisamente algo poco habitual, ni tampoco un problema de alguien en concreto. Y es que el insomnio está muy ligado a la activación cognitiva nocturna. La literatura científica lleva tiempo describiendo que la rumiación, la preocupación y la hiperactivación mental son piezas centrales en muchos problemas de sueño. En un estudio publicado en Sleep, los investigadores apuntaron que la activación cognitiva es una característica central de la alteración del sueño y del insomnio, y que formas como la rumiación y la preocupación están implicadas en su aparición y mantenimiento.
En ese terreno ha empezado a ganar fuerza una técnica con nombre de videojuego y una lógica de apagafuegos mental: cognitive shuffling. Su creador, el científico cognitivo Luc P. Beaudoin, la formuló como Serial Diverse Imagining y la describe como un método para “barajar” el pensamiento, alejarlo de los asuntos que impiden dormir y empujarlo hacia una actividad mental más parecida a la de cuando nos quedamos dormidos. No se trata de relajarse a la fuerza ni de vaciar la mente, que son además dos órdenes imposibles de llevar a cabo para quien ya está atrapado en sus propios pensamientos, sino de cortar la narración interna antes de que se haga fuerte.
El truco para sabotear la rumiación
La mecánica tiene algo de infantil y, precisamente por eso, funciona mejor de lo que suena. Ya en la cama, eliges una palabra neutra de al menos cinco letras. El ejemplo clásico es “BEDTIME”, pero puede servir cualquier otra que no tenga carga emocional. Después avanzas letra por letra: con la primera piensas en palabras que empiecen por esa letra y, en lugar de analizarlas, las imaginas. Si la letra es M, puedes pensar en manzana, montaña, maleta. Si es P, en playa, pelícano, paraguas. Cuando te cansas de una letra, pasas a la siguiente. Y así sucesivamente. La norma decisiva es que las imágenes sean fáciles de visualizar, neutras y, sobre todo, sean inconexas entre sí. Nada de construir historias. Nada de enlazar ideas. Nada de usar palabras que te devuelvan al trabajo, a un problema o a un disgusto.
Eso es lo que la vuelve interesante para los que se acuestan y se quedan “comiendo techo”. El problema de muchas noches no es la falta de cansancio, sino el exceso de continuidad mental. El cerebro no descansa porque sigue produciendo explicaciones, conflictos y anticipando situaciones. El cognitive shuffling hace lo contrario, crea fragmentos. Imágenes breves. Un pensamiento que no lleva al siguiente. Esta técnica intenta imitar ese pensamiento disperso y casi onírico que aparece cuando uno empieza a dormirse, al tiempo que interrumpe las cadenas de preocupación que mantienen a la gente despierta.
Su gran virtud, además, es que no obliga a “hacerlo bien”. No exige talento para meditar, ni respiraciones de manual, ni una serenidad que precisamente esa noche no tienes. Solo pide desviar el tráfico mental. Darle al cerebro una tarea lo bastante absorbente como para apartarlo de la rumiación, pero lo bastante blanda como para no espabilarlo aún más. Ahí está la elegancia del método: no lucha contra el pensamiento, lo desordena.
No es magia, pero sí una pista útil
Conviene, eso sí, no inflar la promesa. El cognitive shuffling tiene sentido teórico y respaldo preliminar, pero no está al mismo nivel de evidencia que los tratamientos de referencia para el insomnio crónico. La American Academy of Sleep Medicine mantiene una recomendación fuerte a favor de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio y recuerda que la higiene del sueño no debe usarse como tratamiento único del insomnio crónico.
Es decir, que esta técnica puede ser una ayuda interesante para noches sueltas o para personas cuyo problema principal es que la cabeza no calla, pero no sustituye a una evaluación más seria para alguien que lleva meses durmiendo mal.
Por eso el atractivo del cognitive shuffling no está en vender una solución milagrosa, sino en identificar bien al enemigo. Para mucha gente, el verdadero ladrón del sueño no es el ruido de fuera, sino la voz de dentro. Y ahí esta técnica acierta en algo esencial: entiende que, a ciertas horas, dormir no depende de pensar menos, sino de dejar de pensar con sentido.
