Cómo aprender a pensar a los 50 como Jordan, Nadal y Biles: "Parar y estancarse son cosas muy distintas"
Hugo Riera, creador de Hache Sports y autor de Mentalidad de campeones (Ediciones B)
'Gaining', la práctica deportiva con la que también trabajas tu autoestima
Hay algo que Michael Jordan, Rafa Nadal y Simone Biles tienen en común que no aparece en ningún palmarés. No se trata de las medallas, ni los récords, ni las rachas de victorias. Es algo más difícil de medir y más fácil de ignorar: la manera en que cada uno de ellos gestionó el momento en que las cosas dejaron de salir como esperaban. Y eso, que en el deporte se analiza con lupa, resulta sorprendentemente útil cuando uno llega a los cincuenta y siente que el mapa ya no coincide del todo con el territorio.
Hugo Riera, periodista deportivo y creador de Hache Sports, acaba de publicar 'Mentalidad de campeones' (Ediciones B), un libro que disecciona cómo piensan los deportistas de élite. Pero la conversación que sigue no va de rendimiento ni de superación entendida como obligación. Va de lo otro: de por qué a los cincuenta años tiene más sentido que nunca fijarse en cómo se levanta alguien después de caer, en lugar de quedarse mirando cuántas veces llegó primero.
¿De qué sirve fijarse en deportistas si no se compite con nadie?
"Nos fijamos demasiado en quién llega primero y muy poco en cómo ha llegado hasta ahí", dice Riera. Jordan ganó seis anillos de la NBA, pero disputó quince temporadas. El Real Madrid tiene quince títulos de Champions League y lleva más de cincuenta ediciones participando en la competición. Nadal ganó su último Roland Garros con 36 años. LeBron James tiene 41 y sigue compitiendo en la NBA. "Una de las claves de esta mentalidad es seguir dándote oportunidades incluso cuando las cosas no salen como esperabas", señala Riera.
La pregunta que importa no es cuántas veces ganaron, sino cuántas veces volvieron a intentarlo después de no ganar. Y esa, dice, es la pregunta que debería hacerse cualquier persona que llegue a los cincuenta con la sensación de que algo se ha quedado sin resolver.
Quizás el ejemplo más incómodo, pero el más revelador, sea el de Simone Biles. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, la gimnasta más laureada del mundo se retiró de varias finales en plena competición alegando problemas de salud mental. Fue un gesto que desconcertó a muchos. Cuatro años después, en París 2024, ganó el oro en la final por equipos.
"El caso de Simone Biles nos demuestra que el cuerpo no responde bien cuando la mente no está preparada", explica Riera. "Durante décadas, el héroe era el que seguía aunque estuviera roto. Ahora sabemos que parar y estancarse son cosas muy distintas."
Eso, trasladado a los cincuenta, tiene una lectura muy concreta, y nos dice que hay momentos en que detenerse, ya sea por cambiar de trabajo, bajar el ritmo o poner límites, no es rendirse. Es una forma de seguir que no siempre recibe el nombre que merece.
Cada uno en su propio carril
Riera tiene una imagen que vale más que muchos argumentos. Habla de la línea de salida de una carrera: todos los corredores se colocan en el mismo punto, pero cada uno ha llegado hasta ahí desde circunstancias completamente distintas. "Me parece un error tremendo medir el resultado en función del orden de llegada", dice. "El éxito se ve en el último corredor, que viendo a sus rivales cruzar la meta y sin tener opciones de mejorar su posición, sigue dando el máximo para descubrir cuál es su tiempo."
Es una imagen que desmonta cualquier comparación fácil entre lo que uno ha hecho y lo que han hecho los demás. Y a los cincuenta, cuando la tentación de comparar es especialmente intensa, resulta más necesaria que nunca.
Así, cuando alguien siente que ha perdido el paso en términos de energía, dirección o ganas, la respuesta instintiva suele ser buscar un cambio radical. Riera sugiere lo contrario: "En el deporte se ve muy claro. Cuando un jugador pierde sensaciones, vuelve a las bases: repite gestos sencillos hasta recuperar seguridad." Lo mismo funciona en la vida. Moverse más. Ordenar el tiempo. Cumplir lo que uno se propone, aunque sea pequeño. "La confianza no regresa de golpe, sino poco a poco", insiste.
No es un consejo espectacular. Pero es honesto. Y a los cincuenta, la honestidad sobre lo que funciona y lo que no vale bastante más que cualquier eslogan.
Al final de nuestra conversación, Riera deja una idea que resume bien todo lo anterior. "Siempre he pensado que son los objetivos los que tienen que adaptarse a la edad y circunstancias de cada persona, no la mentalidad." No se trata de demostrar nada ni de llegar a ningún lugar concreto. Se trata de seguir queriendo descubrir hasta dónde se puede llegar en lo que a uno le importa. Con el mismo cuidado con que un deportista entrena: atendiendo los detalles, aprendiendo de los errores, sin dejar de intentarlo.
