Música

Nick Cave, sobre cómo recuperó la esperanza tras perder a dos de sus hijos: "Hizo falta algo devastador”

Nick Cave, príncipe de las tinieblas
Nick Cave, un dios salvaje. Getty Images
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"Hay una grieta en cada cosa. Así es como entra la luz". Una de las líneas más célebres escritas por Leonard Cohen podría ser el lema vital de otro príncipe de la oscuridad como es el australiano Nick Cave. La suya es una historia atravesada por la pérdida, la fe, el dolor y, sobre todo, la capacidad de transformar la adversidad en arte. En 2015 perdió a su hijo Arthur con tan solo 15 años al caer por un barranco tras haber consumido LSD por primera vez. Y siete años después fallecía su hijo Jethro, de 31 años, por causas no reveladas. Cualquiera habría caído en la desesperación ante semejantes reveses. El autor de 'Red Right Hand' estuvo cerca de precipitarse al abismo, pero halló en la música la manera de procesar lo incomprensible y seguir adelante.

En su álbum 'Skeleton Tree' el dolor se filtraba en cada composición, convirtiendo la música en un espacio de duelo. Y en el posterior 'Ghosteen' la herida abierta se tornaba en puente hacia lo espiritual, reflejando una búsqueda de sentido que trascendía lo terrenal. Pero, además de su música, Cave ha encontrado otra vía de conexión y consuelo en su proyecto 'The Red Hand Files', donde responde a las cartas de los fans con una honestidad brutal, generando una comunidad donde el dolor compartido se convierte en algo menos solitario.

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Perdiendo la fe en el mundo

Hace dos años el músico australiano llevó el contenido de una de estas cartas al programa de Stephen Colbert, en el prime time de la televisión estadounidense. Allí leyó las líneas que le había enviado un tal Valerio desde Estocolmo: "Tras estos últimos años me siento vacío y más cínico que nunca. Estoy perdiendo la fe en los demás y me da miedo transmitirle este sentimiento a mi hijo pequeño. ¿Tú sigues creyendo en nosotros, los seres humanos?”.

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Y acto seguido pasaba a leer la respuesta que le dio a este hombre decepcionado con un mundo en crisis en el que los conflictos no hacen sino multiplicarse: “Querido Valerio, pasé gran parte de mi juventud despreciando el mundo y a la gente que lo habita. Era una postura a la vez seductora e indulgente. La verdad es que era joven y no tenía ni idea de lo que me esperaba. Hizo falta algo devastador para enseñarme lo precioso de la vida y el bien esencial de la gente”.

Y continuaba así: “Hizo falta algo devastador para revelarme la precariedad del mundo, de su mismísima alma y para comprender que el mundo clamaba pidiendo ayuda. Hizo falta algo devastador para comprender el concepto del valor de todo lo mortal e hizo falta algo devastador para encontrar la esperanza”, continuaba.

"Mantener al diablo preso en su abismo"

“A diferencia del cinismo, la esperanza se gana a pulso, nos exige mucho y, a menudo, puede parecer el puesto más indefendible y solitario sobre la tierra. La esperanza no es una postura neutral. Es combativa. Es la emoción guerrera que puede dejar arrasado todo cinismo. Cada acto redentor o amoroso, por pequeño que sea, como leerle a tu niño o mostrarle algo que te encante, o cantarle una canción, o ponerle los zapatos, mantiene al diablo preso en su abismo. Así se afirma que el mundo y sus habitantes tienen valor y merecen ser defendidos. Así se afirma que vale la pena creer en el mundo. Con el tiempo, llegamos a descubrir que así es”, finalizaba.

Las palabras de Cave demuestran, al igual que su música, que incluso en los momentos más oscuros puede haber destellos de belleza y sentido que abren una puerta a la esperanza.