Nicturia a partir de los 50: cuántas veces es normal ir al baño por la noche

La nicturia o nocturia tiene umbrales muy concretos a partir de los cuales deja de ser una variante normal del sueño y se convierte en un síntoma
Brad Pitt o levantarse por las noches (él también) con la edad: "¿Cuántas veces?"
Levantarse una vez por la noche para ir al baño puede parecer un problema menor propio de la madurez. Algo que se acepta sin más y luego se comenta casi en tono de chiste. Pero la medicina tiene un nombre para ello, nicturia o nocturia, y tiene, también, umbrales muy concretos a partir de los cuales deja de ser una variante normal del sueño y se convierte en un síntoma que merece atención.
Los datos no mienten y nos dicen que más del 50% de los adultos mayores de 50 años experimentan nicturia. El 83% de las personas que la sufren tienen una edad media de 68 años, según los especialistas en urología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, los doctores Jesús Salinas y Santiago Méndez. Y según un estudio realizado en Finlandia con población en la franja de 50 a 59 años, la mitad de las mujeres y la mitad de los varones refieren presentar nocturia.
¿Cuántas veces es "normal" ir al baño?
La International Continence Society, referencia internacional en este campo, establece que la nicturia clínicamente significativa comienza a partir de dos o más episodios por noche. Un solo despertar nocturno para orinar puede considerarse una variante dentro de lo esperable, especialmente a partir de cierta edad. Lo que cambia el diagnóstico, y también el nivel de preocupación, es la frecuencia y el impacto que esto tiene sobre la calidad del sueño.
Es importante tener en cuenta un detalle: que algo sea frecuente no significa que sea inocuo ni que no requiera evaluación. Los expertos no dudan en señalar que la nicturia no debe aceptarse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino como un síntoma que tiene causas identificables y que, en la mayoría de los casos, son tratables.
Por qué aparece la nicturia
La causa más frecuente de nicturia es la poliuria nocturna, es decir, una producción excesiva de orina durante la noche. La ICS la define como una producción nocturna superior al 20% de la diuresis diaria total en personas jóvenes y superior al 33% en personas mayores de 65 años. Esto puede deberse a una alteración del ritmo circadiano de la hormona antidiurética, que en personas jóvenes y sanas concentra la orina por la noche y en algunos mayores pierde esa periodicidad, a estados edematosos como la insuficiencia venosa crónica o la insuficiencia cardíaca, o al síndrome de apneas del sueño.
En hombres a partir de los 50, la hiperplasia benigna de próstata es otra de las causas más documentadas. Se trata de un agrandamiento prostático que obstruye el flujo vesical y reduce la capacidad funcional de la vejiga. En mujeres, la menopausia introduce cambios en el tejido de soporte del tracto urinario y variaciones hormonales que incrementan la sensibilidad vesical. Ambas vías confluyen, con frecuencia, en los mismos síntomas nocturnos.
Otros factores causales relevantes incluyen la diabetes mellitus, el consumo de diuréticos, betabloqueantes, antagonistas del calcio y algunos antidepresivos, especialmente cuando se toman en horas próximas a acostarse. También el consumo de alcohol o cafeína en las horas previas al sueño contribuye de forma directa.

Las consecuencias que van más allá del sueño
La nicturia no es un problema menor. Los doctores Salinas y Méndez la describen como un marcador de riesgo de enfermedad coronaria en pacientes jóvenes y de mortalidad en pacientes mayores, asociado a un incremento en la frecuencia de caídas y fracturas. La lógica es simple, ya que al levantarse dos, tres o cuatro veces por noche en estado de somnolencia, en habitaciones oscuras, con la presión arterial y el tono muscular aún en modo de descanso, se multiplica el riesgo de sufrir tropiezos que tengan consecuencias.
La privación crónica de sueño que genera la nicturia tiene además efectos sistémicos, ya que se ha documentado que puede suprimir el sueño de ondas lentas, que es la tercera fase del sueño no REM, y reducir la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina, contribuyendo al desarrollo de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.
A pesar de todo esto, es el síntoma urinario por el que más pacientes acuden de forma espontánea a consulta, lo que indica que algo está cambiando en la percepción social del problema.
Cómo se evalúa: el diario miccional
La herramienta diagnóstica más importante es el diario miccional de 24 horas. Este es un registro en el que el paciente anota todos los episodios de micción a lo largo del día y la noche, el volumen de cada uno y los líquidos consumidos. Este diario es imprescindible para orientar el diagnóstico y la causa subyacente antes de plantear cualquier tratamiento.
Podemos adoptar costumbres que nos ayuden con este problema, como limitar líquidos en las dos horas previas al sueño, evitar alcohol y cafeína, elevar las piernas por la tarde para movilizar edemas, y que pueden reducir significativamente los episodios sin necesidad de medicación. Pero primero hay que identificar qué los provoca. Y para eso hace falta contárselo al médico.

