Cómo discutir constructivamente con tu hermano sobre la herencia de tus padres: "El dinero no puede rompernos"
Sergio De Vocht, educador especializado y mediador de conflictos, acaba de publicar ‘Aprende a discutir mejor' (Grijalbo)
Los 5 mitos más habituales sobre las herencias que hay que olvidar, según un abogado
Hay conversaciones que no se producen y estallidos que sí. El reparto de una herencia entre hermanos suele pertenecer a la segunda categoría. Según un estudio reciente, la principal fuente de conflicto legal para el 77% de los españoles es la herencia. Y el problema no es el dinero en sí, sino todo lo que arrastra consigo,como pueden ser décadas de comparaciones no resueltas, cuidados no reconocidos, favoritismos reales o percibidos…
Es tristemente habitual empezar una disputa por la herencia entre hermanos y que esta acabe en una ruptura, en la que además, si escarbas un poco, lo que se deja ha sido tan solo la punta de un iceberg que esconde una serie de problemas familiares irresueltos que se proyectan en la toma de decisiones.
Con motivo del lanzamiento de su libro ‘Aprende a discutir mejor’, el experto Sergio de Vocht ofrece claves para que ese momento no destruya lo que queda de familia.
Lo que realmente está en juego
La primera trampa es creer que la pelea es sobre la casa o el dinero. "En una discusión sobre una herencia, lo que suele estar realmente en juego es el dinero. Luego se usan los recuerdos, las comparaciones, quién estuvo más cerca del padre o de la madre y las cuentas pendientes familiares para justificar por qué uno cree merecer más que el otro. Pero cuando hay herencia de por medio, el dinero pasa a ocupar el centro. Porque el dinero es poder, control y acceso a recursos, y ahí suele aparecer la competición", explica De Vocht.
Un estudio de la FBBVA señala que cuando se pregunta directamente a los españoles sobre las consecuencias de recibir una herencia, el 33% afirma conocer algún caso de conflicto en su círculo familiar cercano, y un 12% muchos. La principal razón de la disputa, según los encuestados, es que algunos familiares esperaban recibir más herencia, con un 25%.
La conversación que hay que tener antes de que estalle
De Vocht es rotundo al respecto: hay que hablar antes de que la tensión llegue al límite. "La conversación tendría que ser: seguimos siendo un equipo, seguimos siendo una familia, y el dinero no puede rompernos. Habría que hablar desde las necesidades reales de cada uno y desde cómo gestionar eso juntos. Si alguien necesita más liquidez, si alguien puede hacerse cargo de una casa o de una propiedad, si algo se puede alquilar o gestionar entre todos, habría que pensarlo casi desde una lógica de socios."
El experto identifica con precisión el argumento que más daño hace: "Lo que rompe todo es usar argumentos como 'yo cuidé más', 'yo estuve más', 'tú no viniste', para justificar el acceso al dinero, cuando cada uno ha tenido una vida distinta y unas circunstancias diferentes. El que cuidó más es porque le vino más fácil cuidar que al que no, y eso no justifica que merezca más."
Cuando el cerebro se apaga
Aunque se parta de buenas intenciones, es habitual que haya momentos en que la discusión se acalora. De Vocht advierte de que en ese momento el razonamiento desaparece, afirmando que "Cuando esta guerra se va montando, la amígdala, parte del cerebro que nos pone en modo protección, incapacita al córtex prefrontal de su capacidad de controlar el razonamiento y del proceso de análisis profundo de la situación. Lo mejor es no reaccionar en ese momento, respirar cada uno en una habitación sin irse de la casa, y esperar a que se calme la amígdala para empezar el diálogo de nuevo."
Su consejo práctico para el momento de máxima tensión: "Percibir al otro cuando está muy enfadado como alguien cognitivamente incapacitado en ese momento. Está en modo alerta, tomado por la amígdala, con menos acceso al razonamiento. Esto sirve para no tomarse tan en serio ni el cómo lo dice ni, a veces, el qué dice."
Llega un punto en que la discusión sobre la herencia se convierte en otra cosa. De Vocht lo describe así: "Cuando alguien siente que no está peleando ya por una casa o un dinero, sino por sentirse visto y reconocido, hay que entender que se está tocando algo muy básico: la necesidad de ser visto, reconocido y considerado valioso. Cuando decimos 'me faltan al respeto', en el fondo muchas veces estamos diciendo 'no me estás reconociendo como alguien valioso'. El consejo sería que, antes de exigir ser visto, intente ver al otro y reconocer al otro, y que hable desde la vulnerabilidad para que el otro se sienta en un espacio seguro donde poder expresar también la suya."
La ley también empuja al diálogo
El contexto legal ha cambiado. Desde abril de 2025 es obligatorio demostrar un intento de negociación antes de interponer una demanda judicial civil o mercantil, así lo estipula la Ley 1/2025. La mediación es una de las técnicas de negociación previstas en dicha ley. Que la norma obligue a intentar el acuerdo antes de acudir a los tribunales no es casualidad: es el reconocimiento legal de que el coste real de una herencia peleada no se mide en euros, sino en años sin hablar con tu hermano.
