Viajes

Anécdotas de un piloto con 30 años de vuelos: De Pau Gasol y Kirk Douglas al cambio tras el 11-S

Ramón Vallés, piloto y autor de 'Bienvenidos a bordo'. Guillermo García
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Llevar décadas viviendo a más de 10.000 pies de altura ha permitido a Ramón Vallés conectar como nunca con el suelo. Suya es una de las profesiones que guarda un misticismo especial, mezcla de envidia sana y de un desconocimiento más profundo. Quizá por ello ahora este piloto catalán con más de 30 años de experiencia haya decidido alternar ponerse a los mandos de un gigante de 200 toneladas al que mantiene en el aire como por arte de magia (o de ciencia) con su faceta como divulgador en redes sociales, donde ha encontrado el ecosistema perfecto para humanizar el cielo.

Ahora presenta su libro, ‘Bienvenidos a bordo’, una suerte de cuaderno de bitácora vital donde aterriza los mitos, los miedos y las verdades de una profesión que, según confiesa, le sigue apasionando como el primer día. Y por ello se lanzó a explicarle al mundo sus entresijos. “Me metí ahí hace un par de años de una manera así inocente, intentando colgar un vídeo de carácter aeronáutico y causó furor. Y a partir de ahí dije: bueno, pues habrá que seguir dándole", explica Vallés sobre su nueva faceta como ‘influencer’, tras acumular más de 360.000 seguidores en Instagram.

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Una legión de aficionados que, como volar, tampoco le da ningún miedo. “He de decir que en el 99,99% son muy positivos y al mero hecho de que la gente se tome la molestia de hacer un comentario, ya lo agradezco. Puede haber gente que se esconda detrás de un perfil falso y se atreva a lanzar toda clase de improperios, pero a esos, simplemente los omites. Si son ofensivos, los puedes eliminar. Y a veces hay algunos que incluso me tomo la molestia de preguntarles si se han parado a pensar antes de escribir. Algo que sería muy sano a veces”.

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Kirk Douglas, puertas blindadas y ovnis

A ellos les intenta explicar desde cómo funciona una aeronave para levantar todo ese peso al cielo hasta la seguridad de este medio de transporte. De hecho, ese es uno de los temas que más demandan sus seguidores, el miedo a volar. ¿El otro? Las turbulencias. “Es la típica pregunta: ¿una turbulencia puede derribar un avión? No, porque si fuera así, yo no estaría aquí hablando contigo. Te aseguro que el avión lo aguanta todo”, reconoce Vallés en su charla con Uppers.

Lo que para nosotros es pánico, para ellos es gestión de recursos. El piloto no improvisa, anticipa. "Miedo no es la palabra que acompaña a un piloto. Respeto, sí, todo. Pero yo nunca he pasado miedo porque le tengo un sumo respeto a mi trabajo. Nunca me relajo y nunca estoy en un estado de dejadez, de decir 'esto está chupado'. No, porque estamos ultra preparados para lo que venga. Siempre tenemos un plan A, que sería la ejecución de la operación normal, y luego tenemos el plan B, el plan C, el plan D. Sopesamos todos los escenarios que luego, afortunadamente, prácticamente nunca suceden".

A pesar de que la improvisación nunca sube la escalerilla del avión, en 30 años de profesión Vallés también ha vivido episodios especiales. Como cuando llevó a Kirk Douglas en un vuelo y el célebre actor le felicitó por su aterrizaje. También ha llevado a celebridades como Pau Gasol (que luego le invitó a un partido de la NBA) o a Emerson Fittipaldi. O como cuando la seguridad cambió a raíz de los atentados del 11-S y las cabinas de los pilotos pasaron a ser infranqueables. Espacios sagrados tras puertas blindadas donde se gestiona el transporte y la seguridad de cientos de pasajeros.

Tres décadas de profesión dan para mucho, y aunque Ramón cuenta más de una anécdota en su libro, durante la entrevista prefiere no hacer spoilers sobre lo que ha vivido en sus vuelos: “Hasta ahora nada de lo que he vivido me ha sorprendido especialmente. Para mí algo surrealista que nunca he visto sería un OVNI. Pero el resto, en el espacio en el que yo me muevo, todo es palpable, todo es muy real. Personas, aeropuertos, meteorología, planificación, combustible, todo. Y yo estoy muy preparado para hacerle frente”.

Vallés ha decidido ‘saltarse las normas’ y abrir esa frontera. Y lo ha hecho con un libro y con un perfil en redes sociales. Algo que parecería más habitual de alguien más joven. Pero a él nunca le ha dado miedo la cámara, como tampoco se lo da el aire. “En mi profesión la antigüedad y la experiencia es un grado. Que el mensaje proceda de una persona con miles de horas de experiencia le da más credibilidad. El viejo sabe por viejo", afirma este catalán que decidió ponerse los galones de comandante por su padre.

Una profesión que le viene de cuna, según cuenta en las páginas de ‘Bienvenidos a bordo’, y que se ha mitificado demasiado durante los años. Algo que Vallés quiere desmentir. “No hacemos tanto turismo como la gente cree”, afirma entre risas, antes de ponerse serio. “La profesión de piloto esencialmente es muy dura. Esa es la palabra que realmente acompaña a mi profesión. Pero también es un trabajo extremadamente vocacional y eso lo hace muy llevadero, porque el piloto ya sabe que se enfrenta a jornadas muy duras, que pueden llegar a durar 14 y 15 horas y despegando a lo mejor a medianoche. Hacer frente a estas jornadas es muy duro, pero el piloto ya lo sabe. Lo lleva en su ADN y si no fuera así, muchos pilotos abandonarían ese trabajo”.

Los aplausos al aterrizar el avión

¿Aplaudir o no aplaudir cuando el avión toca tierra? Es el eterno debate. Para Vallés, lejos de ser algo molesto, es un gesto de humanidad que agradece profundamente. "Eso nunca molesta, al contrario. Si yo me pongo en manos de un médico y todo funciona, claro que sí, mi aplauso y mi agradecimiento. Dentro de un avión es muy agradecido, especialmente en situaciones complejas donde tus pasajeros han depositado toda su confianza en ti. Cuando tú realizas un acto con éxito, que está bajo tu control, que el resto de personas te aplaudan... ¡Ojalá fuera así en cada vuelo!".

De hecho, Ramón defiende que incluso habría que agradecer cuando el avión no aterriza donde estaba previsto. "A veces el agradecimiento debería llegar en momentos donde no hemos conseguido el fin inicial de llevar a la gente a un destino. Porque el piloto a veces tiene que tomar decisiones serias para evitar riesgos, y eso implica a veces no volar al destino. ¿Qué necesidad tenemos de poner en riesgo las vidas?".

Ese es el mensaje final que quiere dejar Vallés. Y el que ha centrado toda la entrevista. “Mi mensaje sería que, por favor, vuelen con absoluta confianza. Que sepan que el éxito de este trabajo y el resultado de la seguridad no es un capricho, es una inversión que hacemos todos los actores de la industria aeronáutica para poder presumir de que tenemos un trabajo exquisitamente seguro”.