Bienestar

Por qué tu postura cambia con las emociones (y viceversa): "El cuerpo habla antes que las palabras"

Bibiana Badenes
Bibiana Badenes. RBA
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Hay una conversación que sucede sin palabras, antes de que tengamos tiempo de pensar qué decir. Es la que mantiene tu cuerpo con el entorno, con las personas que te rodean y contigo mismo. La postura es el idioma de esa conversación, y Bibiana Badenes, fisioterapeuta y terapeuta somática autora del libro ‘Postura y emociones’ (RBA), lleva décadas aprendiendo a leerla. "El cuerpo vivo en movimiento es, en sí, lenguaje", explica. "El cuerpo siempre habla antes que las palabras."

La idea no es precisamente una metáfora, sino que tiene un respaldo teórico en la teoría del pensamiento corporal, que sostiene que nuestras emociones y formas de interpretar el mundo están intrínsecamente vinculadas a nuestra postura corporal. La evidencia empírica señala que el cuerpo ejerce una gran influencia en la conformación de nuestros pensamientos y emociones, y que el procesamiento de la información puede depender de estados corporales y acciones físicas. El cuerpo no es el recipiente de las emociones: es parte del proceso mismo.

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Tres señales que ya están en tu cuerpo

Badenes propone un ejercicio de atención inmediata. "La respiración, el tono muscular y la sensación de apoyo son muy importantes", dice. "Si estás respirando superficial o contenido, si notas tensión en mandíbula, hombros o abdomen, y si sientes que tu cuerpo no se apoya y descansa en el suelo... ahí ya hay mucha información emocional."

Esta lectura corporal opera en dos direcciones. Adoptar una postura erguida puede aumentar la sensación de confianza y poder, mientras que encogerse o encorvarse puede transmitir sumisión o ansiedad. Y la postura comunica hacia fuera tanto como hacia dentro: "Lo primero que buscamos cuando nos encontramos con una persona es si es confiable o no, si me siento seguro con ella o no, y esa inseguridad la percibimos a través de la postura. De la misma manera que yo percibo a los demás, ellos me perciben a mí."

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Lo que el miedo, la tristeza y la inseguridad hacen al cuerpo

Cuando aparece una emoción intensa, el sistema nervioso reorganiza el cuerpo en segundos. Badenes matiza que las respuestas son individuales y culturalmente variables, pero describe patrones reconocibles: "En general, el miedo activa, se eleva el tono muscular y se acorta la respiración. La tristeza tiende a colapsarnos, a cerrar el cuerpo, se siente en el pecho. La inseguridad genera contención, como si el cuerpo dudara en ocupar espacio, se pierden los apoyos sobre todo de los pies."

El cambio siempre es global, aunque se sienta más en una zona concreta. "Se produce un cambio en la organización global", precisa la autora. "El sistema nervioso reorganiza el cuerpo en segundos."

Postura corporal

Cuando modificar la postura puede mover la emoción

La relación funciona en ambas direcciones, algo que la ciencia lleva años documentando. Adoptar una postura expansiva y erguida tiene efectos beneficiosos sobre diversos procesos emocionales y cognitivos. Badenes señala que la emoción más accesible desde el cuerpo es "la sensación de cierre": "Abrir el pecho, permitir modificar la respiración y cambiar el apoyo corporal puede modificar estados de apatía, tristeza o inhibición. No se trata de forzar una emoción positiva, sino de ofrecer al sistema nervioso otra información."

La epidemia de los trapecios

En consulta, Badenes observa patrones que se repiten con una frecuencia que ya le resulta preocupante. "Mucha activación en la parte alta del cuerpo: hombros elevados, mandíbula tensa, respiración corta", describe. "Ahora se ven con mucha frecuencia: lo que llamo la epidemia de los trapecios." La evidencia científica respalda esa observación clínica: más del 80% de los estudios revisados confirmaron la relación entre estrés psicológico y problemática musculoesquelética, determinando que los niveles de estrés mantenidos aumentan el riesgo de aparición de sintomatología, sobre todo en lumbares y cervicales. 

"Son formas de adaptación, no errores", aclara Badenes. En el otro extremo, los estados de agotamiento generan cuerpos más colapsados, con menos tono, menos soporte. La postura, en ambos casos, es una respuesta del sistema nervioso, no un fallo de voluntad.

Una exhalación larga cambia ya esa información

La herramienta más accesible para interrumpir ese ciclo es la respiración. "La respiración es un reflejo de cómo está todo nuestro organismo", explica Badenes. "Una exhalación larga cambia ya esa información, y activa el nervio vago, va a ayudarte a tener una mayor variabilidad emocional."

La fisiología detrás de esa afirmación está bien documentada. Cuando se exhala, el nervio vago actúa y el corazón desacelera. Alargar la exhalación es una de las formas más eficaces de inducir calma fisiológica. Una variabilidad de la frecuencia cardíaca más alta suele asociarse con mayor resiliencia emocional, mejor regulación del estrés y mejor función cardiovascular. Las técnicas de respiración lenta con exhalación prolongada indican un estado de relajación por parte del nervio vago, lo que resulta en una mayor actividad del nervio vago y una mayor relajación. 

"La respiración y el movimiento son vías directas de entrada al sistema nervioso", concluye Badenes. "No cambian todo por sí solos, pero sí pueden modificar el estado interno y abrir otras posibilidades."