Aprender a asimilar mejor las críticas, esa asignatura pendiente: "El problema es cómo reaccionas"
La rueda de prensa de Florentino Pérez es un ejemplo de cómo las generaciones más maduras pueden confundir la observación incómoda con una amenaza a la propia identidad
Pasar menos tiempo en redes sociales, el cambio que muchas personas notan en su bienestar
Tras más de diez años sin comparecer ante los medios para responder preguntas, Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, tomó la palabra ante la prensa, y lo hizo con ese aplomo tan característico de una generación educada en la convicción de que la autoridad se ejerce sin titubeos, de que el liderazgo consiste en sostener la posición incluso cuando arrecian los cuestionamientos. Entre otras actitudes más o menos discutibles, en su intervención hubo mucho desafío, cero autocrítica y una palpable incomodidad ante la impugnación pública después de otra temporada desastrosa.
Pero no se trata aquí de juzgar a un personaje público, sino de observar cómo cambia nuestra forma de encajar la crítica según la generación a la que pertenecemos. Quienes hoy superan los cincuenta fueron educados, en general, bajo una pedagogía de la resistencia. Muchos baby boomers y miembros de la Generación X se formaron bajo normas estrictas de comportamiento, donde la crítica no siempre era parte del diálogo constructivo, sino un juicio que ponía a prueba su carácter.
El problema es terminar confundiendo toda observación incómoda con una amenaza a la propia identidad. La crítica se convierte entonces en afrenta. Y ahí aparece esa reacción tan conocida en ciertos perfiles maduros: la necesidad de reafirmarse, de defender el legado (“He ganado siete Champions y siete Ligas, y tenía que haber ganado 14", proclamó Pérez en su rueda de prensa) de interpretar el desacuerdo como una falta de respeto.
Impugnación de la valía
La psicóloga Carol Dweck, profesora de Stanford University, lleva años estudiando algo que llama 'mentalidad fija'. Es la tendencia a creer que nuestro valor personal está ligado a demostrar constantemente competencia, solidez, éxito. Cuando alguien cuestiona una decisión o señala un error, quien funciona desde esa lógica no oye una sugerencia de mejora; escucha una impugnación de su valía. Y entonces se defiende.
Esta sensibilidad no suele darse en personas frágiles, sino precisamente en quienes han construido trayectorias muy sólidas. A veces, cuanto más se ha logrado, más difícil resulta tolerar la corrección, puesto que esta se siente como un ataque a la experiencia acumulada, no solo a una tarea. Lo cierto es que aprender a a asimilar mejor la crítica a cierta edad exige una pequeña revolución íntima. Aceptar que la autoridad no disminuye cuando escucha. Que rectificar no erosiona el prestigio, sino al contrario.
"No es cómo respondes, sino cómo reaccionas. Hay frases que tocan una fibra sensible, por lo que debemos aceptar cómo nos hacen sentir, pero valorando quién emite esa crítica y si hay en ella algo constructivo de lo que podamos tomar nota", nos explicaba aquí María de Mondo, divulgadora de la salud mental y el desarrollo personal y autora del libro 'La opinión de los demás está de más'.
Mantener el ego a raya
En ocasiones ese cambio personal empieza manteniendo el ego a raya. Y pasados los 50 es, precisamente, un buen momento para ello. "En primer lugar, tendremos que asumir que no podemos agradar ni gustar a todo el mundo. No pasa nada. Por otra parte, deberíamos pensar con detenimiento el motivo por el que ese juicio de valor nos hiere tanto. ¿Qué es exactamente lo que tememos del qué dirán? Si reparamos en ello, veremos que no es tan terrible", explica la coach.
Entrenar la 'humildad intelectual' sería otro paso para asimilar la crítica. Esto significa superar el sesgo de omnipotencia. El éxito prolongado genera la ilusión de que el criterio propio siempre es el correcto. En ese sentido, la psicología fomenta la aceptación de que en un entorno hipercomplejo y cambiante es estadísticamente imposible poseer todas las respuestas. Entender esto va asociado a aprender a escuchar el argumento de perfiles jóvenes o subalternos sin activar el filtro de la jerarquía de edad o, según qué casos, de género o clase.
"La crítica existe, es cierto, pero deberíamos tener en cuenta que no es nada personal. Es uno de los mantras que yo aplico en mi vida e intento que lo fijen también las personas a las que atiendo. Es muy liberador ser consciente de esto porque vas a restar importancia a esa opinión que recibes", concluye De Mondo.
