Bienestar

Conflicto de pareja resuelto: ¿por qué tienes los pies fríos al irte a la cama?

Pies fríos, a qué se deben y cuándo preocuparse
Pies fríos, ¿a qué se deben?. Getty Images
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Hay conversaciones que se repite en millones de camas cada noche. "Tienes los pies helados." "No, si no tengo frío." Lo que parece una simpática disputa doméstica tiene, en realidad, una explicación biológica precisa. Y esa explicación dice bastante más de lo que uno querría saber sobre el estado real del organismo.

El cuerpo tiene un reloj, y los pies son su termómetro

Según explica el psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer, existe "un truco para saber si tú por las mañanas has tenido una buena activación de las hormonas de vigilia". El mecanismo es el siguiente: las hormonas del estrés (adrenalina, noradrenalina, dopamina, serotonina y cortisol) "son vasoconstrictoras, aceleran el corazón y los vasos sanguíneos de las manos se contraen", lo que hace que el flujo sanguíneo hacia manos y pies se reduzca. "Por lo tanto, los dedos de las manos y de los pies tienen que estar fríos durante la mañana." 

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Ese frío matinal en las extremidades no es una señal de problema: es exactamente lo que el cuerpo tiene que hacer en la primera mitad del día. "Si los dedos están fríos, el core y el hipotálamo están calientes. Esto es señal de que todo está bien. Los órganos vitales están protegidos por este aumento de la temperatura corporal." El problema llega cuando esta dinámica no se invierte al llegar la noche.

Pies fríos
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Lo que debería ocurrir cuando te metes en la cama

Cuando llega la noche, "las hormonas de estrés tienen que estar bajas. La melatonina y el GABA tienen que estar altas preparando a tu sistema inmunológico, que va a tener toda la asignación energética de nuestro cuerpo para que sea protagonista por las noches y venga a desinflamarnos y a recuperarnos durante todo el descanso nocturno. Ahí, las hormonas del estrés tienen que bajar y las manos y los pies tienen que estar calientes." 

Según la explicación de Verdaguer, cuando predomina la melatonina, el flujo sanguíneo se orienta hacia la periferia, calentando las extremidades, una señal de que el organismo transita hacia un estado de descanso profundo. El aumento de la temperatura en manos y pies durante la noche indica que el cuerpo se relaja y que la energía está dirigida hacia la recuperación inmunológica y celular.

La fisiología del sueño respalda este mecanismo. La temperatura corporal, junto a la adenosina y la melatonina, es un factor inductor de sueño. De esta manera, un descenso en la temperatura corporal central favorece la conciliación y el mantenimiento del sueño profundo. La temperatura corporal disminuye al inicio del sueño y alcanza su nivel más bajo durante la segunda mitad de la noche. 

Durante el sueño saludable es habitual sentir calor en manos y pies porque la sangre circula con más libertad hacia las extremidades al reducirse la demanda de los órganos centrales. 

‘Manos frías, corazón caliente’, la razón por la que tienes manos y pies fríos

Cuando los pies siguen fríos por la noche

Si las extremidades permanecen frías al acostarse, el mensaje fisiológico es claro: el organismo sigue en modo alerta. La serotonina baja implica, entre otras consecuencias, manos y pies fríos, dificultad para dormir y dolor crónico.

El cortisol, que debería descender al llegar la noche para ceder protagonismo a la melatonina, sigue elevado cuando el estrés no se ha gestionado durante el día. Un ambiente demasiado caliente puede dificultar la conciliación del sueño propiciando la producción de cortisol, la hormona del estrés. El cortisol se libera frente a situaciones estresantes y sus niveles suelen ser más altos durante el día y más bajos por la noche, lo que favorece la regulación del ciclo sueño-vigilia. 

Según la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos, la temperatura corporal óptima es clave para conciliar y mantener un sueño profundo. Cuando esa transición térmica no ocurre correctamente, el ciclo completo del descanso queda comprometido. 

La solución no empieza en la almohada

La clave que señala Verdaguer tiene una lógica cronobiológica: si el organismo no activa correctamente las hormonas de vigilia durante la primera mitad del día, no podrá desactivarlas adecuadamente por la noche. El ejercicio físico y una alimentación bien distribuida a lo largo de la mañana contribuyen a que ese ritmo circadiano funcione como debería.

Los pies, llenos de vasos sanguíneos y sin el aislamiento que proporciona la grasa corporal en otras áreas, son excelentes en la tarea de liberar calor. En condiciones de frío, los vasos sanguíneos se contraen para conservar calor, mientras que en el calor, se dilatan para liberar el exceso. Son, en definitiva, el termómetro más honesto del estado hormonal del organismo en cada momento del día.