Cultura

Siri Hustvedt radiografía lo que sucede cuando tu pareja muere: "La gente prefiere no decir la palabra viuda"

Siri Hustvedt, entre fantasmas. Getty Images
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La historia de amor entre Siri Hustvedt y Paul Auster comenzó en Nueva York a principios de los años ochenta y y se prolongó durante más de cuatro décadas. En ese tiempo compartieron una vida, una familia y una conversación intelectual permanente. Cuando el escritor de 'El palacio de la luna' murió en abril de 2024 a consecuencia de un cáncer de pulmón, Siri no solo perdió un marido, sino una forma de estar en el mundo que ambos habían construido.

La desaparción de Auster obligó a Hustvedt a enfrentarse al dolor de la pérdida y a la tarea de redefinirse a sí misma. De esa experiencia nace 'Historias de fantasmas', publicado en español por Seix Barral, una reflexión sobre la viudedad, la memoria y la persistencia de los vínculos afectivos cuando la persona amada ya no está.

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El título no alude a espectros en sentido convencional, sino a las presencias que sobreviven en los objetos, los hábitos y los recuerdos compartidos. En varias entrevistas ha contado que todavía percibe en ocasiones el olor del tabaco de Auster en la casa donde vivieron juntos, una experiencia que interpreta como una forma de compañía más que como una perturbación.

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Echar de menos al Paul de 77 años

Aunque, curiosamente, cuando ahora recuerda a su marido, no recuerda al Paul joven que conoció con menos de 30 años, sino al Paul de sus últimos días. "Sí recuerdo rasgos y cualidades de Paul de joven y, por supuesto, puedo mirar fotografías de aquel hombre que fue. Pero, en realidad, a quien echo de menos es al Paul mayor, al hombre de 77 años que murió, al hombre que creció conmigo y a través de mí a lo largo de los años. Eso es lo que echo de menos", confiesa en una íntima entrevista en la Cadena Ser.

"Nos divertimos muchísimo. De hecho, eso fue lo último que le dije a Paul antes de morir. 'Dios mío, cuánto nos hemos divertido'. Nunca habría imaginado que esa sería mi última frase para él", rememora la novelista de 71 años.

Hustvedt también describe en el libro su adaptación a la vida en solitario después de una relación tan larga, y reflexiona sobre los cambios físicos y cotidianos que acompañan a la viudedad. De hecho, asegura que su propia "memoria corporal" ha tenido que acostumbrarse a lo que significa vivir sola después de compartir durante décadas cada espacio y cada rutina con otra persona.

Palabras tabú

La propia palabra 'viuda' cobra de repente especial significado, sobre todo la primera vez que se vio pronunciándola. En la mencionada entrevista en la Ser lo explica: "Viuda' es una palabra como 'muerte', una que la gente prefiere no pronunciar. Y resulta que, en efecto, viuda es un término atrapado entre la descripción neutra de mi estado actual tras la muerte de Paul y un cierto estigma social".

"Leí bastante sobre el tema y acabé escribiendo un pequeño ensayo sobre las viudas. Y creo que, culturalmente, la viuda es muy diferente al viudo. Hay más estigma asociado a las mujeres. Y parte de la explicación es que, históricamente, cuando una mujer se queda viuda, deja de estar bajo el control patriarcal. Pasa a ser una mujer libre. Y muchas culturas se lanzan de cabeza contra esa libertad imponiendo todo tipo de normas excepcionales y leyes para impedir que ejerza esa libertad. Y, por supuesto, afecta especialmente a la libertad sexual", se explaya.

Y otra cuestión más prosaica relacionada con la viudedad, con la muerte del ser querido, es la gran cantidad de burocracia que conlleva. "No hablo solo del funeral, o la cremación, lo que sea que se haya elegido, sino de todo tipo de gestiones. Por supuesto, están los testamentos y, en el caso de Paul, un legado literario, ya que yo soy la albacea de su patrimonio. Entonces, en lugar de simplemente tirarte en la cama y llorar sin parar, hay una cantidad sorprendente de gestiones de las que hacerse cargo, y esa es una parte extraña de la viudedad a la que mucha gente tiene que enfrentarse", concluye.