Cuatro hábitos de experta para convivir con las arrugas a los 50
Las arrugas no aparecen solo por el paso del tiempo, sino que todo lo que hacemos influye en su aparición
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A los 50 años, el espejo deja de ser neutral. Pero convivir con las arrugas, haciéndolo desde el conocimiento, es muy diferente a resignarse a tenerlas. Hay hábitos que ayudan, y que no requieren ni un dineral, ni de tratamientos agresivos, y además cuenta con respaldo científico, pudiéndose incorporar a nuestra rutina diaria sin esfuerzo.
Lo primero que conviene saber es que las arrugas no aparecen solo por el paso del tiempo: lo que ocurre dentro del cuerpo, lo que ponemos en el plato, cómo dormimos y cómo cuidamos la musculatura de la cara tienen un impacto real sobre el aspecto de la piel. La buena noticia es que sobre todos esos factores se puede actuar, y a cualquier edad.
Elimina el azúcar procesado
Este es el hábito con la base científica más sólida y, paradójicamente, el más ignorado en las rutinas de belleza. Las moléculas de azúcar se adhieren a proteínas estructurales como el colágeno y la elastina, fundamentales para mantener la piel firme y elástica, en un proceso llamado glicación. Los productos derivados de este proceso reciben el nombre de AGEs (productos finales de glicación avanzada).
El dermatólogo Anthony Rossi explica que la glicación genera estrés oxidativo e inflamación crónica de bajo grado. Estas condiciones aceleran la degradación del colágeno y dificultan que la piel resista a agresiones externas, como la radiación ultravioleta y la contaminación.
En este mismo sentido, la dermatóloga Martha Viera, profesora de la Universidad de Miami, señala que el colágeno de la piel, que es a su vez una proteína, se vuelve más rígido y menos flexible cuando los AGEs lo afectan, por lo que pueden aparecer las arrugas.
El problema son los azúcares ocultos, los que no están en el azucarero sino en el yogur "ligero", en el pan de molde o en las barritas energéticas. Saber leer las etiquetas de estos productos es, a veces, más eficaz que cualquier sérum.
Dos minutos de masaje facial al día
Los masajes faciales estimulan la circulación sanguínea y la oxigenación de los tejidos, lo que favorece la tonificación y el fortalecimiento de los músculos. Los músculos faciales, aunque pequeños, son esenciales para las expresiones y para mantener la estructura del rostro. Con el tiempo, estos músculos pueden debilitarse o perder su tono natural debido a factores como la gravedad, la falta de ejercicio y la edad.
El masaje facial contribuye a mejorar la tonificación muscular del rostro, ya que activa la circulación sanguínea y la oxigenación de los tejidos cutáneos, promueve la transportación de oxígeno en las células cutáneas y estimula la producción de colágeno. También elimina las bolsas en los ojos, las ojeras y las líneas de expresión; evita y alivia las tensiones acumuladas de la vida diaria que se reflejan en la expresión facial; y mejora la circulación linfática, eliminando las toxinas responsables de las imperfecciones en la piel.
No hace falta conocer técnicas complejas. Con dos minutos cada mañana, empezando desde el cuello para luego ir subiendo hacia arriba, con movimientos ascendentes y circulares en sienes y mandíbula, es suficiente para notar diferencia en pocas semanas. Las manos son la herramienta y la constancia la clave.
Funda de almohada de seda
Pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida apoyando la cara sobre una almohada. El material de esa funda importa más de lo que parece. Al dormir sobre una textura sedosa, la piel se relaja y no es atacada por la fricción que debilita la piel y provoca las arrugas del sueño. Estas últimas acaban siendo arrugas permanentes. El algodón, precisamente, es áspero y absorbe la humedad, lo que puede arrugar la piel y anticipar las arrugas.
Un estudio publicado en el Journal of Cosmetic Dermatology demostró que las personas que duermen de lado desarrollan arrugas asimétricas en la frente hasta 3 años antes que quienes duermen boca arriba.
La lógica es sencilla, ya que si hay menos fricción sobre la piel durante las horas de sueño, también hay menos microtraumatismos acumulados noche tras noche. Y durante el sueño es cuando la piel se regenera con mayor intensidad. Invertir en una buena funda de seda es uno de los gestos antiedad con mejor relación coste-beneficio.
Colágeno en polvo
A partir de los 25 años, la producción endógena de colágeno empieza a decrecer. A los 50, ese declive es ya muy visible en la pérdida de firmeza y elasticidad. Un estudio publicado en el Journal of Cosmetic Dermatology encontró que la hidratación cutánea mostró una mejora estadísticamente significativa tras 8 semanas con dosis de 2,5 a 10 gramos diarios de péptidos de colágeno. Ensayos con cutómetro reportaron aumentos de elasticidad entre el 5% y el 15% tras 12 semanas.
Hay también estudios que sugieren que la suplementación con colágeno hidrolizado puede reducir la profundidad de las arrugas y mejorar la elasticidad de la piel, especialmente en mujeres de mediana edad.
Se puede tomar echando una cucharada sopera en el café de la mañana, ya que el colágeno hidrolizado en polvo no tiene sabor ni modifica la textura de la bebida, siendo esta una de las formas más cómodas de incorporarlo. Los efectos se han notado más en mujeres mayores de 40 años y con mayor duración de uso. Esto tiene sentido, ya que son precisamente quienes tienen más colágeno que "recuperar" quienes muestran cambios más evidentes.
Cuatro hábitos. Ninguno cuesta una fortuna. Ninguno requiere visita al médico ni tiempo que no tengas. Y los cuatro tienen algo en común que los hace distintos a cualquier crema de moda: funcionan desde dentro.
