El síntoma al despertarte que puede avisar de un ictus y casi nadie detecta
Es importante saber reconocer los síntomas de ictus para buscar ayuda cuanto antes
Ictus: ¿en qué consiste, qué tipos hay y cuáles son las causas que lo producen?
MadridAnte un ictus, la rapidez con la que se reacciona es clave, porque puede suponer una gran diferencia para el paciente. Actuar con rapidez no solo puede reducir los daños que sufre el cerebro, también puede aumentar las posibilidades de recuperación. "Tiempo es cerebro", señalan los expertos, porque cada minuto de retraso implica la pérdida irreversible de neuronas.
El ictus se produce porque se detiene de manera brusca el riego sanguíneo en una zona del cerebro, aparece de imprevisto y no suele dar señales, por lo que solo se puede reaccionar una vez ha sucedido. Es esencial no dejar pasar apenas tiempo entre el accidente vascular y la intervención médica, esto hará que el paciente tenga más posibilidades, porque su cerebro habrá sufrido menos daños, pero también porque los tratamientos resultan más eficaces.
Distinguir los síntomas de ictus se convierte en algo esencial y que nos ayuda a saber cuándo tenemos que actuar si sucede en nuestro entorno. No siempre es sencillo reconocer que alguien está sufriendo un ictus, no todo el mundo sabe qué síntomas buscar y algunos de ellos no son fáciles de detectar, pero saber lo que hay que buscar puede hacer que el paciente tenga más posibilidades.
Síntomas de ictus que no son fáciles de detectar
Aprender a reconocer los síntomas de ictus puede hacer que nuestra respuesta sea más rápida y la recuperación del paciente, mejor. Algunos de los síntomas más habituales son el entumecimiento o debilidad repentina en la cara, brazo o pierna, y suele afectar solo a un lado. También puede identificarse porque aparecen dificultades para hablar, pérdida de visión en un ojo o en ambos, puede ser que la visión sea borrosa o empañada, o aparezcan manchas.
También son habituales los mareos, la pérdida de equilibrio o dificultad para caminar, así como el dolor de cabeza repentino y severo. Es frecuente que el paciente tenga sensación de confusión y vértigo y no es raro que llegue a caerse, algo que también puede asociarse con la pérdida de fuerza del tren inferior. En ocasiones también puede aparecer un hipo persistente o problemas a la hora de tragar.
Para recordar todas las cosas que hay que comprobar para saber si se está ante un ictus, los expertos recomiendan tener presente el acrónimo F.A.S.T., que responde a Face (cara), Arms (brazos), Speech (habla) y Time (tiempo). Este último factor es esencial, como ya hemos visto, y cuanto antes se avise a los servicios de emergencia, mejor pronóstico tendrá el paciente.
Así, si queremos asegurarnos de que alguien está teniendo un accidente cerebrovascular, podemos pedirle que sonría (cara) para ver si hay una parálisis facial, que levante un brazo, para comprobar si ha perdido fuerza, y que responda a una pregunta sencilla, comprobando así si tiene dificultad para hablar o comprender el lenguaje.
Aunque no existe una norma como tal, la mayoría de los ictus tienen lugar por la mañana, aunque algunas investigaciones señalan que los que se producen por la tarde y por la noche son más graves. Son más frecuentes por la mañana por los cambios fisiológicos que tienen lugar al despertar, como el aumento del cortisol y la presión arterial, lo que provoca un aumento del riesgo de rotura o bloqueo de vasos sanguíneos.
Esto hace que haya que estar especialmente atentos a los síntomas que tienen lugar cuando nos despertamos, porque podrían indicar que el accidente cerebrovascular está teniendo lugar o ha tenido lugar durante la noche, lo que se conoce como ictus del despertar. En estos casos, la imposibilidad de saber cuándo se ha producido con exactitud hace que el tratamiento sea más complicado.
Maneras de prevenir un ictus
Hay algunos factores de riesgo que es imposible modificar, como la edad, el sexo y la genética o historia familiar, pero hay otros sobre los que sí tenemos control y que podemos cambiar buscando reducir las probabilidades de sufrir un ictus. Algunos de ellos son la obesidad, la diabetes, el colesterol elevado y la hipertensión, por lo que acudir al médico de manera periódica y seguir sus pautas es una gran opción. También influye la vida sedentaria, el estrés y el consumo de sustancias como el alcohol o las drogas.
Para reducir el riesgo de ictus, se recomienda llevar una vida activa, haciendo ejercicio físico de manera regular y llevando una alimentación sana y equilibrada. También reducir los niveles de estrés, así como evitar el consumo de esas sustancias que no nos favorecen. Es importante cuidar el cuerpo, pero también trabajar la mente y el cerebro, ejercitándolo con actividades que nos ayuden a fortalecerlo, como leer, jugar a las cartas, hacer crucigramas o aprender algún idioma.
