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Javier Albares, especialista en medicina del sueño: "Dormir limpia y regula emociones"

Durmiendo a pierna suelta
Durmiendo a pierna suelta. Getty Images
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Javier Albares es especialista en Neurofisiología Clínica y Medicina del Sueño con más de 20 años de experiencia y dirige la Unidad del Sueño del Centro Médico Teknon en Barcelona, donde su equipo ha atendido a más de 12.000 pacientes. Es también autor del libro ‘La ciencia del buen dormir’. Su diagnóstico sobre la apnea del sueño como factor de envejecimiento no es una hipérbole: es una descripción clínica en cadena.

La apnea del sueño: un envejecedor sistémico

"La apnea del sueño provoca una inflamación de todo nuestro organismo, provoca un endurecimiento de las arterias, provoca que el sistema cardiovascular se sobrecargue, que aparezcan arritmias, que aparezca patología coronaria, que aparezca patología neurológica, placas de acúmulo de sustancias de desecho, que no se limpie bien el cerebro, que no haya un equilibrio emocional", explica el especialista.

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La cadena que describe Albares no tiene eslabón débil, ya que cada consecuencia abre la puerta al siguiente paso. La inflamación sistémica endurece las arterias. Las arterias endurecidas sobrecargan el corazón. El corazón sobrecargado genera arritmias. Y en paralelo, el cerebro que no descansa bien tampoco se limpia. Y un cerebro que no se limpia acumula las sustancias que alimentan la neurodegeneración.

El sedentarismo, el tabaco, la dieta ultraprocesada: todos estos factores de riesgo tienen en la apnea del sueño un compañero silencioso que lleva años actuando mientras el paciente duerme sin saberlo.

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Por qué el sueño profundo es irreemplazable

"El mal descanso es un gran factor de riesgo para nuestra salud, porque dormir es el momento que tenemos para reparar, es el momento que tenemos para limpiar, para consolidar lo que hemos aprendido, para regular nuestras emociones. Y si no dormimos, todos estos procesos no se producen", resume Albares.

Dentro de esa arquitectura del sueño, hay una fase que el especialista identifica como especialmente crítica: el sueño profundo de ondas lentas, la fase 3 no REM. "Esa fase de sueño profundo es tan importante porque es cuando fundamentalmente funciona el sistema glinfático."

El servicio de limpieza que trabaja mientras duermes

El sistema glinfático fue descrito por primera vez en 2012. Es una red de limpieza cerebral que utiliza el líquido cefalorraquídeo (LCR) para eliminar desechos y toxinas del cerebro. Su funcionamiento depende de las células gliales, especialmente de los astrocitos, que rodean los vasos sanguíneos y canalizan el flujo del LCR hacia el tejido cerebral.

El mecanismo que describe Albares está respaldado por la neurociencia. "Las neuronas, por decirlo fácil, se hacen un poquito más pequeñas y los canales que hay de limpieza, el sistema glinfático, se hacen más grandes y el líquido cefalorraquídeo puede pasar y limpiar todas las toxinas que se han acumulado durante el día."

Durante el sueño, especialmente en las fases profundas de ondas lentas, las células cerebrales se contraen ligeramente, creando más espacio entre ellas. Ese espacio ampliado permite que el LCR fluya con más eficacia y arrastre los desechos metabólicos. En concreto, proteínas como la beta amiloide y la tau, directamente asociadas al desarrollo del alzhéimer. Cada noche el cerebro desecha alrededor de 4 gramos de residuos, lo que equivale a 1.460 gramos al año, el peso aproximado del órgano entero.

Un estudio demostró en 2019, mediante resonancia magnética en tiempo real, que esas oleadas de LCR que limpian el cerebro durante el sueño no REM son impulsadas por la actividad eléctrica de las neuronas y el flujo sanguíneo cerebral, y que su sincronización con el sueño profundo es fundamental para la depuración nocturna.

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Cuando la defensa se vuelve enemigo

El argumento de Albares llega a su punto más inquietante cuando explica qué ocurre si la limpieza no se produce: "Si se limpian las toxinas, nuestra microglía, que es el sistema inmune del cerebro, va a defendernos como tiene que defendernos. Y si no se limpian las toxinas y se acumulan, la microglía se vuelve, por decirlo de alguna manera, mala y ataca nuestras propias neuronas y empeora todavía más la neuroinflamación y facilita la neurodegeneración."

La microglía son las células inmunes residentes del cerebro. En condiciones normales patrullan el tejido nervioso, eliminan desechos y protegen las neuronas. Pero cuando el ambiente cerebral se vuelve tóxico por acumulación de desechos, algo que ocurre sistemáticamente cuando el sueño profundo se interrumpe, se reduce o se fragmenta, la microglía entra en un estado de activación crónica que en lugar de proteger daña. Es, literalmente, el sistema de defensa del cerebro volviéndose contra él mismo por falta de condiciones para funcionar correctamente.

El círculo se cierra sobre sí mismo con una simetría perturbadora cuando la apnea del sueño interfiere en el sueño profundo, el sueño profundo deficiente impide la limpieza glinfática, la limpieza glinfática insuficiente activa la microglía de forma patológica, y la microglía activada daña las neuronas que necesitan el sueño para sobrevivir.