Estado de salud

¿Es posible parar el envejecimiento humano? Un investigador español cree que sí

Revertir el envejecimiento es posible
¿Revertir el envejecimiento es posible?. Redacción Uppers
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Se llama Juan Carlos Izpisúa Belmonte, nació en Hellín (Albacete) en 1960, y es bioquímico y farmacéutico especializado en biología del desarrollo. Ejerce la cátedra Roger Guillemin en el Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk de Estudios Biológicos en California desde 1993, es catedrático extraordinario en la Universidad Católica de Murcia y, desde 2022, es científico fundador y director del Instituto de Ciencias de San Diego de Altos Labs, la compañía biotecnológica respaldada por inversores como Jeff Bezos cuyo objetivo es desarrollar terapias para frenar o revertir el proceso de envejecimiento humano.

Una "pérdida de identidad" celular

El hallazgo central de Izpisúa tiene un nombre técnico, transición epitelial mesenquimal, pero esconde una explicación mucho más sencilla. Según relata el investigador, este proceso está presente en todos los tejidos que envejecen: aparece en los pulmones cuando generan fibrosis, en el hígado, en el corazón. Es, en sus propias palabras, algo global. Y lo más inquietante es que las células afectadas pueden viajar por todo el organismo a través del torrente sanguíneo.

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Su equipo ha estudiado este fenómeno en todos los órganos del cuerpo y en más de 50 enfermedades distintas, identificando esa deriva mesenquimal como el origen de la inflamación y la fibrosis, con un efecto que resultó ser independiente de cada enfermedad concreta. La explicación de fondo, según Izpisúa, es que el proceso de envejecimiento es, en esencia, una pérdida de identidad celular: las células van perdiendo las marcas que definen qué tipo de célula son y qué función deben cumplir.

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¿Por qué nos importa esto?

Aquí está el matiz que separa el discurso de Izpisúa del de los gurús de la longevidad extrema. Frenar el envejecimiento no significa, en su planteamiento, dejar de morir. Significa retrasar la aparición de enfermedades asociadas al paso del tiempo, como sería el caso del alzhéimer, enfermedades cardiovasculares, ictus... Como recuerda el propio investigador citando a un colega académico, “la aspiración real es morirse jóvenes lo más tarde posible”.

Esa idea conecta con un cambio de paradigma que Izpisúa describe a partir de su experiencia médica: hace no tanto tiempo, a una persona con síntomas relacionados con el alzhéimer se le decía que era simplemente parte de su proceso de envejecimiento. Hoy sabemos que estas enfermedades no son una consecuencia inevitable del paso de los años.

Entonces, ¿a qué edad empezamos a envejecer? La respuesta, según Izpisúa, tiene que ver con la gastrulación: el momento en las primeras semanas de desarrollo embrionario en que un puñado de células idénticas empieza a diferenciarse y a construir la identidad de los más de 200 tipos celulares del cuerpo humano. Esa identidad madura durante las primeras tres décadas de vida sin que aparezca ningún daño relevante. El organismo, durante ese periodo, funciona a la perfección.

Es a partir de ese primer periodo, que varía de una persona a otra, pero que ronda los 30-35 años, cuando arranca el proceso de pérdida de identidad celular que el equipo de Izpisúa intenta frenar.

La reprogramación parcial

La herramienta con la que Izpisúa trabaja desde hace más de una década se basa en los llamados factores de Yamanaka, un grupo de cuatro genes descubiertos por el científico japonés Shinya Yamanaka, premio Nobel, capaces de devolver células adultas a un estado más inmaduro. La diferencia es que Izpisúa no busca llevar las células hasta el punto de partida embrionario, sino reajustar su identidad y borrar las marcas epigenéticas acumuladas con los años sin que la célula pierda de vista qué tipo de célula es.

En 2016, su equipo publicó por primera vez que aplicar estos factores podía revertir el envejecimiento y aumentar la vida útil de ratones con progeria, una enfermedad que provoca envejecimiento prematuro, logrando ratones rejuvenecidos sin tumores ni problemas de salud asociados.

Archivo - Envejecimiento saludable

El experimento más reciente, desarrollado junto al Hospital Clínic de Barcelona, da un salto hacia la biología humana real. La idea partió del ámbito de los trasplantes aprovechando órganos no aptos para trasplante. En lugar de descartarlos, se mantienen en perfusión mediante una máquina y se les aplican los factores de Yamanaka.

Haciendo esto, el equipo ha logrado mantener hígados humanos en la máquina durante alrededor de diez días, tiempo suficiente para empezar a analizar el estado del órgano. Y el resultado más llamativo hasta ahora es el del riñón: al aplicar los factores de Yamanaka en la máquina de perfusión, el órgano se comporta como si fuera un riñón joven, siendo capaz de alargar la vida del huésped.

¿Nos acercamos al final del envejecimiento?

La respuesta de Izpisúa es prudente: cree que aún falta mucho tiempo para que la reprogramación parcial pueda aplicarse como tratamiento real contra el envejecimiento en personas. Lo que sí existe ya es un mapa: un marcador identificable, una técnica que funciona en ratones y que empieza a mostrar resultados prometedores en órganos humanos, y una convicción compartida por buena parte de la comunidad científica de que el mayor factor de riesgo de cualquier enfermedad es, sencillamente, el tiempo.