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Carlos Vico, experto en supervivencia extrema: "Todo el mundo llega al punto de pedir que le dejen morir tranquilo"

Carlos Vico posa con un cuchillo en el monte
Carlos Vico posa con un cuchillo en el monte. Carlos Vico
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Carlos Vico creció con un abuelo pastor que le enseñó a leer la naturaleza sin poética ni romanticismo. De esa infancia al lado de un hombre que se buscaba la vida en el monte a una noche durmiendo dentro de un montón de estiércol de vaca en los Alpes para no morir de hipotermia hay un camino largo, pero lógico. Sí, han leído bien, una noche en estiercol. Hoy Vico tiene una escuela de supervivencia y lleva a sus clientes —hombres, mujeres, obesos, triatletas, da igual— al desierto o a la montaña para romperles el ego y devolverles algo que la vida moderna les ha quitado: saber quiénes son cuando todo va mal.

Tu pasión por la supervivencia empezó muy pequeño, con tu abuelo.

Sí. Era pastor, una persona que había vivido parte de su tiempo buscándose la vida en la naturaleza. Y supo transmitir esa forma de verlo de una manera muy natural. No era una cuestión poética ni de sentir la naturaleza. Era algo obvio, lógico: mira, esto está aquí por este motivo, es su función, en esta época del año encontrarás esto y esto. Entender realmente la naturaleza. De ahí coges esos aprendizajes, empiezas a meterte mucha caña en el monte, y te das cuenta de que lo que él hacía no era supervivencia. Era subsistencia en el medio natural. La supervivencia es un camino muy diferente, mucho más psicológico, mucho más mental, mucho más de entenderse a uno mismo.

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¿En qué momento decides que eso es tu vida?

El desencadenante fue un viaje que hice a los Alpes donde todo salió mal, se complicó muchísimo. Además, en el punto en que yo realmente estaba... Hice ese viaje buscando esa situación compleja de supervivencia, y cuando se desencadenó porque hice malos cálculos, me mojé, empecé a tener hipotermia y no fui capaz de encender un fuego porque la mente se me bloqueó, hubiera muerto allí. La única solución que encontré, en mitad de la oscuridad, perdido y con hipotermia, fue empezar a descender la montaña hasta que encontré un montón de estiércol de vaca. Y acabé metido dentro del estiércol para pasar la noche y no morir de hipotermia.

Carlos Vico, durante una de sus expediciones por el desierto
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En ese punto te preguntas: ¿cómo puede ser que si yo soy tan bueno encendiendo fuego, tan bueno creando estrategias cuando todo está bien, cuando todo se tuerce mi mente se bloquea? A partir de ahí entiendes lo que es realmente la supervivencia: cómo funciona tu mente bajo estrés, cuando la pones al límite, y cómo puedes entrenarla para que no se bloquee.

¿El ser humano está programado para sobrevivir o para tender al caos en una situación extrema?

Cuando llevas al ser humano al límite caen todas las barreras, todas esas paredes que te han educado a no sobrepasar. Cuando te ves obligado a pelear por diez minutos más de vida, porque si no te mueres, el ser humano está —no te diré "programado", pero sí— para buscar esos diez minutos más. Una persona vegana que dice que nunca comería carne: si yo la pongo en una situación crítica al límite, va a comer carne, incluso matando ella al animal. Tu mente está programada de manera absoluta para intentar buscar esos diez minutos más.

Cuando llevas al ser humano al límite caen todas las barreras, todas esas paredes que te han educado a no sobrepasar

¿Y lo que haces en tu escuela es que no lleguemos a ese momento?

Lo que hago es romper la incertidumbre. Cuando vas hacia algo que no conoces, lo que más te paraliza es la incertidumbre: tu mente empieza a pensar en mil opciones diferentes que pueden ocurrir en el siguiente paso, gasta un montón de energía y te bloquea absolutamente. Cuando ya has practicado, ya has entrenado, esa incertidumbre cae. Sabes qué es lo peor que puede pasar y estás preparado para ello. Con lo cual, cuando estás preparado para lo peor, todo lo que venga da igual.

¿Qué porcentaje tiene la mente frente al cuerpo en una situación de vida o muerte?

La mente es más del 90%. Me da igual que seas hombre, mujer, más obeso, menos obeso... No hay un cuerpo idóneo para la supervivencia. Si la supervivencia requiere saltar un muro de dos metros, funcionará mejor una persona atlética. Si requiere estar dos meses sin comer, le irá mejor a la persona obesa. Tu cuerpo es un recurso más dentro de esa situación, no la condición de partida.

Tu mente está programada de manera absoluta para intentar buscar esos diez minutos más de vida siempre

Parte de tu método gira en torno a lo que llamas 'Parepia' -para, respira, piensa y actúa-. ¿Cuánto le cuesta a la gente parar en un momento de estrés?

Cuesta mucho, porque tienes que identificar cuándo estás entrando en pánico. Y el pánico es muy recurrente en nuestro día a día: ¿cuántas veces no te ha pasado que estás discutiendo y al cabo de diez minutos piensas "tendría que haber dicho esto"? Bajo estrés, tu mente se focaliza, se cierra sobre la amenaza. En pánico tenemos cuatro respuestas: agresión, huida, bloqueo y sumisión. Bajo pánico no hay lógica, no hay creatividad, no hay imaginación.

Carlos Vico transporta un tronco durante una expedición

Yo lo entreno al revés. Mi pánico recurrente es agresivo: cuando entro en pánico ya noto que tenso la mandíbula, una rigidez en los músculos, que no estoy pensando bien. Cuando ya noto esos disparadores, sé que estoy entrando en pánico. Entonces aplico el método: me doy cuenta de que no estoy pensando bien, me concentro, hago respiración consciente, rompo el foco, pienso por qué está ocurriendo eso, y luego actúo.

El pánico no es lo mismo que el miedo.

Para mí el miedo es una herramienta espectacular. El miedo es una proyección de mis puntos débiles hacia una amenaza: me dice dónde puedo fallar. A partir de ahí creo estrategias para que eso no ocurra. El pánico es acción-reacción, y no es malo en sí: si vas a cruzar la calle y de golpe oyes un frenazo, tu cuerpo reacciona como un muelle. Pero cuando tengo ese lapso de tiempo para pensar, es mil veces mejor estar en el miedo conscientemente y crear la mejor estrategia que dejarse llevar por el pánico.

El miedo es una herramienta espectacular, es una proyección de mis puntos débiles hacia una amenaza: me dice dónde puedo fallar

¿Por qué le diría a un hombre de 45 ó 50 años que es bueno exponerse a una situación complicada?

Porque te enseña quién eres realmente. No hace falta llevar a nadie al límite. Para mí es una reprogramación y te enseña muchísimo de la vida. El simple hecho de dormir una noche en la montaña sin saco de dormir, sin tienda, entendiendo cuáles son tus necesidades... Eso lo puedes extrapolar a todo: a una discusión con tu pareja, a tu trato con tus familiares. Aprendes a ser muy consciente de cuándo estás en pánico y cuándo eres tú. Cuando estás en pánico, no eres tú: es ese instinto de supervivencia el que actúa. La supervivencia radica en la gestión del miedo. Si soy capaz de gestionar el miedo, me estoy controlando mentalmente. Eso es para mí la madurez de una persona.

¿La gente tiende a luchar o a derrumbarse?

Depende de la persona. Tengo diferentes niveles, desde cursos básicos de fin de semana hasta expediciones uno a uno en el desierto. Pero incluso en un curso básico ya ves cómo esa persona se mueve, cómo piensa, cuáles son sus puntos débiles. El pánico recurrente más habitual suele ser la huida.

Carlos Vico camina sobre el hielo en una expedición

La prueba más compleja en un curso básico es pasar la noche. No te voy a hostigar físicamente, no tienes que hacer nada. Simplemente estar quieto en un lugar incómodo. Y ya tu mente empieza: "Podrías estar en casa, podrías estar en el sofá, en la cama con tu mujer, y eres tonto porque estás aquí". La primera lucha es tú mismo contra tu mente. Mandarte callar a ti mismo es ya de por sí un ejercicio espectacular.

Mandarte callar a ti mismo es ya de por sí un ejercicio espectacular

¿Y en los niveles avanzados, en el desierto?

Todo el mundo llega al punto de pedirte que le dejes morir tranquilo. La diferencia no es si vas a llegar, sino cuándo. Yo te meto en un entorno que es inviable para la vida humana: nadie vive dentro del desierto. Vas a estar a 60 grados de día, con tormentas de arena, y por la noche la temperatura baja a 6 ó 7 grados, con lo cual vas a tener hipotermia. Vas a tener que sacar tu propia agua del desierto, potabilizarla, cargarla mientras caminas. No es si vas a llegar, es cuánto vas a tardar.

¿Hay gente que en ese punto se pone agresiva?

Yo ya veo cuándo alguien está entrando en ese punto. Me pongo a cien metros, le doy un walkie-talkie y un silbato: cuando quiere comunicarse toca el silbato, enciende el walkie, y yo pregunto qué pasa. "Ya no puedo más". Bueno, pues tranquilo. Cuando esa persona se rompe, me acerco. Le digo: "¿Dónde crees que te has equivocado?" Ahí siempre es desde la máxima humildad, porque ya se ha roto. Tu vida depende del otro y tienes que aprender a escuchar, entender tus errores, admitir que te has equivocado. Y ahí se reconfigura la persona.

¿Qué hacen entonces?

Muchos piden mandar mensajes a sus familiares. Realmente se piensan que están muriendo y te dicen: "Por favor, dile a mis hijos que lo siento, que la he cagado", o "dile a mi mujer que la quiero mucho". Fíjate el límite. Pero yo lo veo como algo positivo. Si a ti te dijeran que tienes un cáncer terminal, te tomarías la vida diferente. Muy seguramente. Yo te llevo al punto donde ves que se acaba la partida, y luego te digo: "No, tranquilo, siéntate, relájate, vas a volver a empezar". Esa persona cambia de manera absoluta. Se ha dado cuenta de que la muerte es algo muy real y que la ha tocado con las manos. A esa mujer con la que estabas pensando si divorciarte o no, ahora es la mujer que más quieres del mundo.

¿Has temido alguna vez que se tu hubiera ido la mano y que la persona corriera riesgo de verdad?

No, nunca. Vamos muy preparados. Si veo el más mínimo riesgo real tengo un equipo detrás que nos vienen a rescatar estemos donde estemos en cuestión de minutos.

Yo te llevo al punto donde ves que se acaba la partida, y luego te digo: "No, tranquilo, siéntate, relájate, vas a volver a empezar"

¿Notas que la gente cada vez está más acomodada?

Se nota mucho. Cuando llevo a alguien al desierto y le digo que va a estar cuatro días sin comer, lo que más le preocupa es la comida. Hijo, lo que tienes que preocuparte es no secarte, no perder el agua que tienes dentro y conseguir más. El automatismo de decir "qué necesito, me lo pido"... en mitad del desierto no hay un Glovo que te traiga nada. Todo lo que pase aquí depende de ti.

Y sí, esa reprogramación cuesta mucho más a los menores de cuarenta que a los mayores de cuarenta. Nuestra infancia fue diferente: no teníamos un teléfono móvil al que recurrir. Te ibas a la biblioteca. Salías a la calle. Esa forma de tirar hacia adelante es muy diferente a la generación que ha venido después.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere reconfigurarse a nivel usuario?

Que la incomodidad está ligada al crecimiento. Si realmente quieres crecer como persona, la incomodidad es muy necesaria. Mientras estás en tu cama tapadito con la manta, no vas a aprender nada: estás demasiado cómodo. Haz un ayuno de tres días. Ve a hacer una ruta sin llevar agua. Explora esa incomodidad. En ella es donde te conoces realmente.

Y si alguien decide probarse e irse solo a dormir al monte, ¿qué necesita sí o sí?

Una bolsa de basura industrial grande, de 240 o 250 litros. Es un saco de dormir improvisado: retiene tu temperatura, aísla del viento, si llueve es impermeable y es plástico, así que sirve para encender un fuego. También un encendedor, para crear un punto de temperatura externo, porque la hipotermia es lo que te va a matar si baja la temperatura. Y un silbato, porque si pasa algo tienes que pedir ayuda: gritando vas a durar tres minutos. Una bolsa de basura te cuesta veinte céntimos. El mechero, menos de un euro. El silbato, cincuenta céntimos. Lo llevas en cualquier bolsillo y no molesta.