Pareja

'Solteros en pareja': la nueva tendencia que está generando relaciones con compañía pero sin intimidad

Jane Fonda y Robert Redford en 'Nosotros en la noche'. Telecinco
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El porcentaje de divorcios en mayores de 50 años ha escalado del 31% de hace diez años al 43,4% en la actualidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Y de ellos el 31,8% se produce tras 20 años o más de convivencia. Eso significa que cada vez es más frecuente tener que enfrentarse al vértigo de reconstruir la vida sentimental en la edad madura y después de una separación muchas veces traumática.

Quizás por eso está en auge la fórmula de los llamados 'solteros en pareja', una forma de vínculo en la que existe relación afectiva, pero no necesariamente una intimidad emocional profunda. Son parejas que operan con eficacia práctica -se acompañan, se ayudan, comparten cenas o incluso vacaciones-, pero donde el mundo interior de cada uno permanece en gran medida blindado. No se trata de relaciones ocasiones, sino que es como si hubieran encontrado la manera de no estar solos sin volver a exponerse del todo.

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La psicóloga Sandra Ferrer, fundadora de Programa Mía, lleva años observando este modelo relacional en su consulta y en la sociedad actual. “Hoy encontramos personas que están acompañadas, pero se sienten solas dentro de la relación. Hay pareja, hay planes, incluso hay convivencia en algunos casos, pero no hay sensación de equipo ni de intimidad profunda. Puede que no se conozcan a fondo, ni compartan sus verdaderos afectos, vulnerabilidades y preocupaciones”, explica.

Cuando se pregunta a personas que han atravesado divorcios tardíos o largos periodos de viudedad por qué prefieren relaciones con menos fusión emocional, la palabra que aparece una y otra vez es libertad. Diversos estudios sobre nuevas uniones en la madurez muestran que quienes han pasado por pérdidas importantes suelen valorar enormemente la independencia recuperada.

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Esa libertad tiene razones perfectamente legítimas. Después de décadas adaptándose a otra persona, muchos divorciados sienten que han recuperado una parte de sí mismos. Después de una viudedad prolongada, volver a construir una identidad autónoma puede convertirse en un logro profundamente valioso.

Parejas sin un 'nosotros'

El problema aparece cuando la independencia deja de ser una elección consciente y se convierte en una estrategia defensiva. “Hemos pasado de relaciones de dependencia muy fuertes a un extremo en el que cada uno protege tanto su autonomía que el vínculo se vuelve frágil. Hay un 'Yo' engrandecido que debilita el 'Nosotros' como forma de protección y la pareja se desarrolla siempre bajo la creencia de que tendrá fecha de caducidad, preparándose para el próximo golpe o 'falta”, señala Ferrer.

La psicología relacional lleva décadas describiendo un fenómeno conocido como evitación emocional. No implica ausencia de afecto, ni incapacidad para amar. Es algo más sutil. La persona mantiene el vínculo mientras limita cuidadosamente el grado de dependencia emocional que podría hacerla vulnerable.

La persona está presente, aunque conserva siempre una puerta de salida psicológica. En muchas segundas parejas esta dinámica puede pasar inadvertida porque resulta socialmente aceptable. Se interpreta como madurez, como respeto por el espacio individual o como una evolución lógica tras experiencias dolorosas, pero puede ocultar ese mecanismo de evitación emocional.

“Hoy en día está muy normalizado decir ‘yo primero, yo me priorizo, yo no dependo de nadie’. Y eso, que suena saludable, en algunos casos está ocultando miedo al vínculo”, explica la psicóloga. “Nunca meto la pierna entera en la relación. Solo la punta del pie, por si esto se rompe. Eso protege, pero también impide el vínculo real. Y hay algo que se va marchitando dentro de la relación", advierte.

Paradójicamente, esta fórmula puede funcionar durante años. De hecho, investigaciones recientes sugieren que muchas personas mayores experimentan elevados niveles de bienestar en este tipo de relaciones. Pero no siempre es así. "La falta de profundidad genera vacíos y anhelos que muchos/as no pueden explicar con palabras más allá de sentir una sensación casi crónica de insatisfacción", señala la fundadora de Programa Mía.

La era de los vínculos reversibles

De fondo subyace un cambio cultural más amplio. Vivimos en una época que valora la flexibilidad, la autonomía y la capacidad de corregir decisiones. El compromiso a largo plazo genera más inquietud que admiración. “Hoy decimos ‘te quiero hoy, te elijo hoy’, pero añadimos implícitamente ‘no sé si te elegiré mañana’. Y eso, aunque es humano, desgasta la construcción del compromiso”, afirma Ferrer.

Ante esta situación, la especialista plantea rescatar la idea de interdependencia afectiva para equilibrar la libertad individual con el proyecto en común. “No se trata de volver a relaciones de dependencia ni de perder la individualidad. Se trata de construir un nosotros sólido sin que desaparezca el yo”, concluye.