La historia de Renato o lo que se puede aprender hoy de ser gay en los años 40: "No me atrevía a abrir la boca"
"El médico me recomendó esperar unos años, hasta encontrar a esa chica maravillosa que me enamorara", afirma Renato como un gran error de aquella época
Me llamo Carlos, tengo 57 años y así he vivido década a década ser gay en España
Tenía 17 años. Sabía lo que sentía, pero no podía decírselo a nadie. Ni a su familia, ni a sus amigos, ni al médico al que pidió ayuda cuando ya no pudo más con el peso de un secreto que nadie a su alrededor parecía capaz de escuchar. La historia de Renato es la historia de una generación entera que tuvo que aprender a existir en silencio.
Renato creció en los años cuarenta en una España que no solo no contemplaba la posibilidad de ser homosexual, sino que activamente la borraba. "Crecí en un ambiente en el que, en primer lugar, no sabía nada porque era tabú. Y yo que sentí esas atracciones en mi adolescencia, no sabía qué hacer, porque no me atrevía a abrir la boca. Es que no se podía."
El silencio que describe no era una opción personal, sino más bien una condición de supervivencia. El régimen franquista había convertido la homosexualidad en algo más que un tabú social. Desde el 15 de julio de 1954, cuando se modificó la Ley de Vagos y Maleantes para incluir expresamente a los homosexuales como "sujetos peligrosos", la orientación sexual quedó equiparada legalmente a la mendicidad, el rufianismo y el proxenetismo. La pena: internamiento en colonias agrícolas especiales, con separación absoluta del resto de reclusos. Más de 5.000 personas fueron detenidas durante el franquismo por actos o actitudes gais, lesbianas o transexuales, según recoge Amnistía Internacional. Los últimos presos por homosexualidad no fueron liberados hasta 1979.
Pero antes de que la ley los persiguiera abiertamente, ya los perseguía la medicina y la moral. Cuando Renato tenía 17 o 18 años, hizo lo que cualquier persona hace cuando no entiende lo que le ocurre, ir al médico. "Salí de esa consulta medio alicaído. Porque él me recomendó esperar unos años, hasta encontrar a esa chica maravillosa que me enamorara, y todo se resolvería así."
La homosexualidad estaba clasificada como enfermedad mental. La Organización Mundial de la Salud no la eliminaría de su lista de trastornos hasta el 17 de mayo de 1990, fecha que desde 2005 se conmemora como el Día Internacional contra la LGTBIfobia. Lo que el médico de cabecera de Renato le recetó no era ignorancia, sino el protocolo de una época.
Seis años perdidos
"Perdí seis años esperando a esa chica maravillosa. Almora andaba por ahí, pero no la conocí yo." Esta frase de Renato condensa con precisión brutal lo que significó crecer con una orientación sexual que el entorno familiar, médico y legal leían como una anomalía transitoria. Seis años de espera de algo que no iba a llegar porque nunca había sido real. Seis años de una identidad aplazada.
Lo que rompió el círculo fue una psicóloga. "Y ella fue maravillosa, fue todo lo contrario a aquellos que consulté años antes, porque ella me hacía hablar a mí. No me soltaba un discurso que la paciencia, que hay que esperar, bla bla bla bla. No, no, no. Ella me hizo dos o tres preguntas y me dejó hablar a mí, por primera vez en mi vida. Y gracias a ella, quedé en paz conmigo mismo."
El contraste entre las dos situaciones, con el médico que habla y la psicóloga que escucha, sintetiza décadas de cambio en la forma en que la salud mental abordó la orientación sexual. Escuchar sin prescribir, sin patologizar, sin redirigir: dejar que alguien diga lo que es, por primera vez en su vida.
El país que perseguía y el país que protege
España llegó tarde a reconocer lo que había hecho. La Ley de Peligrosidad Social, sucesora de la Ley de Vagos y Maleantes, no fue derogada definitivamente hasta 1995. Y sin embargo, a partir de ese punto, la evolución fue tan rápida que resulta difícil de imaginar desde la España en la que creció Renato.
El 30 de junio de 2005, España se convirtió en el tercer país del mundo en legalizar el matrimonio igualitario, tras los Países Bajos y Bélgica. Desde entonces, 75.561 personas han contraído matrimonio con personas del mismo sexo. En 2023, la Ley Trans permitió la autodeterminación de género a partir de los 16 años sin necesidad de informes médicos ni intervención judicial. Cerca de 16.000 personas ya han completado la rectificación registral de su sexo al amparo de esa ley.
En el Rainbow Map de 2026, que es el mapa de derechos LGTBIQ+ elaborado anualmente por ILGA-Europe, que evalúa la respuesta legislativa y política de 49 países europeos, España aparece en el primer puesto de Europa, como el país más garantista con los derechos de las personas LGTBIQ+ del continente, según informó la ministra Ana Redondo en mayo de 2026. El 88% de la población española apoya el matrimonio igualitario, según el Eurobarómetro 535. El 87% defiende la igualdad de derechos del colectivo.
El mismo país que en los años cuarenta hacía que Renato no pudiera abrir la boca hoy lidera en Europa el reconocimiento de los derechos de quienes, durante décadas, fueron perseguidos por ser lo que eran.
"Quedé en paz conmigo mismo", dice Renato. Es una frase pequeña para lo que significa: el final de un trayecto que para muchos de su generación nunca llegó.
