La mujer que lo vendió todo a los 74 años para viajar por el mundo en su furgoneta: "Ves todo de otra manera"

A los 74 años, una de las paisajistas más reconocidas de Argentina vendió todo, diseñó una motorhome a medida y se lanzó a la carretera en la decisión más coherente de su carrera
La regla de los 10 años: por qué hay que cambiar algo gordo de tu vida cada década
Hay una escena que lo dice todo. Es otoño y hay mar. Olas suaves sobre un horizonte lánguido. Una mujer en bikini se adentra en las aguas gélidas de Mar Chiquita, en la provincia de Buenos Aires. Unos metros más allá está La Mecha, su motorhome, su hogar desde hace meses. Esa mujer es Cristina Le Mehauté, 74 años, paisajista pionera en Argentina, premiada durante décadas, autora del libro ‘El paisajismo como expresión, cliente de la talla de Alan Faena o Marley. Una mujer que tuvo todo lo que se supone que hay que tener y que lo vendió.
La pregunta que lo cambió todo
El detonante fue casi burocrático. Le dijeron que tenía que dejar su apartamento o comprarlo. Y Le Mehauté se preguntó algo que pocas personas se hacen con esa honestidad: "¿Me quiero morir acá?" La respuesta fue no. "Yo nunca me había subido a un motorhome", confiesa. Lo que hizo después fue coherente con toda una vida de hacer lo inesperado: llamó a Pablo Urga, de Guagua Home, y diseñó su nueva casa sobre ruedas paso a paso. La llamó La Mecha, y permitía poder ver el paisaje desde la cama, tener a su disposición una biblioteca, disfrutar de suficiente espacio para sus perras y seguir teniendo un lugar especial para tocar su teclado Roland.
Desde entonces vive de otra manera. "Mi vida acá es sentirse homenajeado por la naturaleza, porque la naturaleza es como un cuadro estático. Acá las gaviotas rayan la laguna pescando, los teros son mis guardianes, veo amaneceres con los pies en la tierra." Pero además, cuando quiere, maneja hasta Mar del Plata y va al teatro.
Y sigue trabajando. "Yo soy adicta a mi trabajo, es lo que me da felicidad; lo que me hace mal es no tenerlo." Desde La Mecha atiende a sus clientes, hace videollamadas, corrige planos, se desplaza a las obras cuando hace falta. Mantiene su curso de formación "Anímese" y trabaja en su segundo libro. La libertad que eligió no suponía desconectarse del mundo, sino poder elegir desde dónde y cómo conectarse.
Una tendencia que ya no es marginal
La historia de Le Mehauté no es una rareza. En España, el movimiento van life ha experimentado un auge muy marcado, especialmente tras la pandemia. Más de 750.000 españoles disfrutarán este verano de sus vacaciones en autocaravana o camper, con el objetivo de viajar de una forma más libre, sostenible y en contacto con la naturaleza.
La esencia del van life está en la libertad de vivir sin ataduras, con movilidad total, disfrutando de paisajes cambiantes, reduciendo las necesidades materiales y conectando con un ritmo de vida más natural y flexible. Puede practicarse a tiempo parcial o de forma permanente. En España ha encontrado un caldo de cultivo especialmente fértil entre los nómadas digitales, pero también entre personas mayores de 50 que, como Le Mehauté, han llegado a un punto de inflexión vital.
Lo que la furgo no puede darte y lo que sí
Conviene ser honesto. La vida a tiempo completo en una furgoneta camper conlleva ciertas dificultades prácticas que rara vez son obvias en las fotos e historias de redes sociales. Al fin y al cabo, se dispone de espacio reducido, se está expuesto a al problema de encontrar aparcamiento legal, se sufre de una exposición a condiciones climáticas extremas y existen limitaciones en los servicios básicos. No es una vida para todo el mundo, ni para todo momento.
Pero también es cierto que Le Mehauté tardó décadas en descubrir algo que la motorhome le enseñó en pocos meses: "Toda la vida le tuve pánico a la soledad, pero ahora me doy cuenta de que paso épocas en que no hablo con nadie, y después escucho murmullos y me emociona ver gente. Para mí este renacimiento fue una construcción, es haberme amigado conmigo."
Esta última frase es quizás la que mejor define lo que buscan muchas personas que deciden subirse a una furgo pasados los 50. No huir de nada, sino acercarse a algo. Al paisaje, al tiempo libre, a uno mismo.
Eso sí, hay una diferencia fundamental entre el van life de los veinticinco y el de los sesenta y cinco. En el primer caso se trata de una apuesta sobre el futuro. En el segundo es una decisión sobre el presente. Quien a los 25 se mete en una furgoneta no sabe qué está dejando atrás. Quien lo hace a los 74, después de décadas de premios y proyectos y clientes y reconocimientos, sí lo sabe. Y lo hace de todas formas.
"Bajé mil cambios. Pero sigo trabajando", dice Cristina Le Mehauté desde Mar Chiquita, con las gaviotas, la arena y La Mecha aparcada a pocos metros. Bajar mil cambios no significa parar. Significa elegir la marcha que corresponde a cada tramo del camino. Y el tramo que va después de los setenta, la marcha más valiente resulta ser la de la carretera abierta.

