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Lolita Flores y su lección sobre el cuerpo a los 68: "La arruga es bella porque es vivencia. Son mis llantos y mis alegrías"

Lolita Flores
Lolita Flores. Getty Images
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Lolita Flores, a sus 68 años, está en plena gira de promoción de Mallorca Confidencial, la película dirigida por David Ilundain en la que interpreta a Chusa, la matriarca de un clan que controla el narcotráfico en un poblado gitano de la isla. Antes de esta vuelta al ruedo, llevaba 23 años sin protagonizar un largometraje, siendo la última vez con Rencor en 2003, que le valió un Premio Goya. Y aunque el objetivo de sus entrevistas es hablar de cine, acaba hablando de algo más..

El mejor ejemplo se ha visto en su conversación para elDiario.es que le planteó una cuestión simple y, a la vez, compleja. "Le he visto en alguna entrevista haciendo una reflexión sobre envejecer que ha sido muy celebrada. Es llamativo que haya todavía que reivindicar eso." La respuesta de Lolita comenzó negando la mayor: "Yo no he reivindicado nada."

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Por supuesto, Lolita no se quedó ahí, y continuó diciendo "Yo tengo 68 años y esta es la cara y el cuerpo que tengo con 68 años. Lo único que le pido a Dios es salud. Mis arrugas, lo digo siempre, son mis llantos y mis alegrías, mis viajes y mis teatros, mis películas, mis canciones. Me han costado. La arruga es bella porque es vivencia. Es vivir. Y yo, gracias a Dios, he vivido mucho y espero seguir viviendo mucho."

Lolita, en Mallorca Confidencial
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La chica que no pudo tener una Barbie

El apellido que lleva Lolita Flores es de los que marcan para toda la vida. El ser hija de la cantaora y bailaora Lola Flores y del guitarrista Antonio González la hizo crecer en el ojo del huracán mediático de una familia que fue, durante décadas, la más fotografiada de España. Tiene dos hijos y varios nietos que son ahora, según confiesa, su principal razón para querer seguir teniendo salud.

Con toda esa presión durante todas las etapas de la vida, lo normal habría sido caer a la tentación de los cánones estéticos, pero no es el caso de Lolita. "Las modas de la sociedad dicen que hay que estar más delgada de lo normal, que hay que tener unos labios más gruesos de lo normal. Que hay que tener la cara superestirada, aunque luego las manos no se pueden operar."

Para luego añadir: "La sociedad te presiona, internet te presiona, tienes que tener unas tallas, una cara, un pelo, unas uñas, unas manos… Como las Barbies. Y yo no soy la Barbie gitana, te lo aseguro." La ironía se su afirmación tiene varias capas, y por ello Lolita no tardó en aclarar que no se metía con la Barbie, "que fue una muñeca que adoré y que quise tener toda mi vida. Y no la tuve porque solamente las había en Estados Unidos."

Porque para la artista, los años no se miden por lo que se ve, sino que su peso se nota de verdad en otras partes. "Yo creo que la edad está aquí (señalándose la cabeza) y aquí, en el corazón. Yo me veo una mujer todavía joven, aunque tenga la edad que tenga", afirma.

Esa claridad no viene de la indiferencia ni del desdén hacia el cuidado personal. La actriz admitió que intentará "usar cremas y buenos masajes", pero al mismo tiempo tiene un límite muy claro: "No soy una esclava de la moda ni de las cirugías ni de nada de eso." Y aclaró que tampoco juzgaba a quienes sí se lo hacen: "No me meto con nadie que quiera hacerse estética, al contrario, las aplaudo. Yo soy miedosa."

Un momento del rodaje de Mallorca Confidencial

Veintiún años sobre las tablas y un Goya que la vigila desde la estantería

Lolita lleva más de cinco décadas en la industria del espectáculo, debutando en la música a principios de los años setenta, y ha construido en paralelo una carrera teatral de una solidez que ella misma cuantifica: "No he parado de hacer teatro. Empecé con Ana en el Trópico en 2005 y estamos en 2026. Llevo 21 años." En ese tiempo ha hecho La Plaza del Diamante, Don Juan Tenorio, Asamblea de mujeres, Fedra y Poncia, entre otras.

El Goya que ganó en 2003 por Rencor preside desde una estantería de su casa. "No me importaría tener otro", dijo sin aparente esfuerzo de modestia. Y le viene con la película que le ha devuelto al cine después de dos décadas: una matriarca que defiende a su gente frente a la especulación inmobiliaria que quiere desalojar a su comunidad de sus propios terrenos.