La ciencia confirma lo que Inés, de 79 años, ya sabía: nunca es demasiado tarde para empezar a correr

Al terminar la carrera, alguien le preguntó qué sentía en ese momento. Respondió con una sola palabra: alegría. No es un tópico, sino lo que el cuerpo produce cuando se mantiene en movimiento
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Inés tiene 79 años y entrena todos los días entre las dos y las tres y media o cuatro de la tarde. Acaba de terminar una carrera de 15 kilómetros. Su compañero de prueba tiene 80. "Corrí poco ahora", dice él, con la autoridad tranquila de quien ya sabe que el límite no estaba donde le habían dicho. El nieto de Inés corrió 10 kilómetros. Ella, 15. "Ahora se enganchó mi nieto, mis discípulos, le digo yo", comenta.
Su testimonio podría leerse como una excepción, pero la ciencia lo lee de otra manera.
Lo que ocurre en el cuerpo
Correr 75 minutos a la semana, lo que supone poco más de diez minutos al día, puede retrasar el envejecimiento biológico hasta 12 años, según un estudio reciente.
Dicha investigación, basada en datos de 4.458 adultos, encontró que quienes cumplen con las recomendaciones de actividad física vigorosa presentan telómeros más largos que quienes no lo hacen. Los telómeros son las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas: su longitud es uno de los marcadores biológicos del envejecimiento más fiables que se conocen, y su acortamiento está asociado con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
Inés entrena hora y media al día, todos los días. Está, por tanto, muy por encima de ese mínimo.
¿Hasta cuándo se puede correr?
La respuesta más honesta que da la ciencia es que nadie sabe exactamente cuándo conviene parar. Lo que sí saben los investigadores es que no hay ningún umbral de edad a partir del cual correr deje de ser beneficioso. Lo que la investigación sugiere es que empezar a correr a una edad más tardía es probablemente seguro y eficaz para retrasar el envejecimiento y mejorar la calidad de vida.
Un estudio de 2020 demostró que adultos mayores de 65 años que iniciaban entrenamientos de saltos de alta intensidad, con cargas articulares muy superiores a las del running, no solo mejoraban su fuerza y función física, sino que además encontraban el proceso seguro y agradable. Si ese tipo de impacto resulta tolerable y beneficioso, correr a ritmo moderado tiene todas las papeletas de serlo también.
En cuanto a las rodillas, que suelen ser el argumento más utilizado para desaconsejar el running en personas mayores, la evidencia apunta en la dirección contraria: correr es bueno para la salud y la longevidad de las rodillas, según recoge una revisión científica de octubre de 2025, por delante incluso de los beneficios conocidos para la salud cardíaca y metabólica.
Los chequeos perfectos de Inés no son casualidad
Inés lo afirma con naturalidad: "Los chequeos médicos me dan perfecto, sí." Y añade algo que tiene más importancia de lo que parece: "Siempre fui sana." La actividad física constante no solo trata, sino que también previene. Un metaanálisis australiano publicado en julio de 2025, encontró que mantener altos niveles de ejercicio a lo largo de la vida reduce de forma significativa la mortalidad general, cardiovascular y por cáncer. Es más, incluso quienes disminuyeron su actividad a lo largo del tiempo vieron una reducción del 17% en el riesgo de mortalidad general. El ejercicio deja huella, aunque se interrumpa.
La Organización Mundial de la Salud establece para personas mayores de 65 años las mismas recomendaciones de fondo que para los adultos más jóvenes: al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 minutos de actividad intensa. Y añade que cualquier movimiento, por pequeño que sea, contribuye al bienestar. Lo que no establece es ningún límite de edad a partir del cual esas recomendaciones dejen de aplicarse.
Lo que los datos no capturan
Hay algo en los testimonios de Inés y sus compañeros de carrera que los estudios de telómeros y los metaanálisis no consiguen medir con precisión: la dimensión de lo que significa para una persona de 79 años terminar una carrera de 15 kilómetros y sentir alegría. No satisfacción, ni alivio... Alegría. La misma que, según cuentan, la trajo hasta allí.
"Me da vida, me da vida", dice Inés cuando le preguntan por qué participa. "Dios me da la fuerza para hacerlo." La fuerza, sea cual sea su origen según cada quien, tiene un correlato fisiológico bien documentado: el ejercicio aeróbico sostenido estimula la producción de endorfinas, reduce los marcadores de inflamación sistémica y mejora la calidad del sueño, la función cognitiva y el estado de ánimo. Todo eso cabe en esa palabra que dijo al terminar: alegría.

