Trombosis del viajero: cómo evitar este riesgo silencioso del verano
Cómo evitar la trombosis del viajero: de los estiramientos al tipo de ropa
Aunque se asocia tradicionalmente a los viajes en avión, todos los desplazamientos sin movimiento pueden provocarla
Este verano circularán por las carreteras españolas más de 104 millones de vehículos en desplazamientos de largo recorrido, un 3,7% más que en el ya récord verano de 2025. Esa cifra, sumada a un incremento del 5,7% en la oferta de asientos de las aerolíneas, dibuja un mapa de movilidad estival sin precedentes. Y con los viajes vuelve, una vez más, una amenaza médica que muchos viajeros siguen subestimando. Nos referimos a la trombosis venosa profunda que está asociada a la inmovilidad prolongada, conocida popularmente como trombosis del viajero.
Más que el "síndrome de la clase turista"
La denominación popular como síndrome de la clase turista surgió a finales de los años noventa después de varios episodios ocurridos en vuelos de largo recorrido, y se consolidó en 2000 con la muerte por embolia pulmonar de una joven inglesa que regresaba en un vuelo desde Australia. Aquel caso puso en marcha una investigación que delimitó los riesgos y estadísticas asociados al tromboembolismo venoso.
Entre sus conclusiones, encontraron que este riesgo se duplica en trayectos de más de cuatro horas, con un riesgo absoluto de aproximadamente uno de cada 6.000 pasajeros. Un detalle relevante, y a menudo obviado, es que ese riesgo no depende del tipo de billete ni siquiera del medio de transporte, y que la inmovilidad prolongada en coche, autobús o tren produce el mismo efecto que la de un vuelo.
Por qué a los mayores de 60 les afecta más
Esta es una edad que supone la frontera epidemiológica clara a partir de la cual se incrementa el riesgo de trombosis venosa profunda de forma independiente al resto de factores. Es cierto que la trombosis venosa profunda puede aparecer a cualquier edad, pero su incidencia aumenta a partir de los 60 años.
Hablamos de que, para la población española en su conjunto, se habla de entre uno y dos casos por cada mil habitantes al año. A partir de los 65-70 años y alcanza entre 2,5 y 5,1 casos por cada mil habitantes al año en los mayores de 85. En definitiva, que cuantos más más años se cumplan, más rigor y atención hay que prestar al protocolo de precaución antes y durante los viajes largos.
La fisiología del fenómeno es fácil de comprender. Los músculos de las pantorrillas actúan como una bomba auxiliar, el llamado "segundo corazón", que con cada paso empuja la sangre venosa desde las piernas hacia el corazón. Cuando permanecemos sentados sin mover las piernas durante horas, ese mecanismo se detiene.
De esta forma, el retorno venoso pierde eficacia, la sangre se acumula en las venas profundas de los miembros inferiores y aumenta la probabilidad de que se forme un coágulo. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, se produce una embolia pulmonar, que es una complicación potencialmente mortal. Y aunque puede ocurrir en cualquier circunstancia, sí que es cierto que hay un factor específico de los vuelos que lo agrava: la hipoxia derivada de la menor presión de la cabina y del descenso de la concentración de oxígeno, que intensifica el fenómeno de estasis venoso.
A esto hay que añadir un detalle que a menudo no se tiene en cuenta. Nos referimos al hecho de que esta trombosis del viajero no siempre se manifiesta durante el propio desplazamiento. Los síntomas pueden aparecer horas e incluso días después. Por este motivo, es importante poder identificar los principales signos y síntomas de la trombosis venosa profunda en miembros inferiores y buscar atención médica en caso de que aparezcan.
En estos casos lo característico es el dolor, la hinchazón, el enrojecimiento o el aumento de temperatura en una sola pierna. Cualquier viajero que perciba estos indicadores en las semanas posteriores a haber realizado un trayecto largo debe acudir al médico. Y en caso de aparecer dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o mareo, se debe solicitar atención médica urgente: son los signos clásicos de una embolia pulmonar.
Cómo prevenirlo
El protocolo preventivo que sugieren desde Cigna Healthcare para reducir el riesgo se articula en cinco recomendaciones prácticas.
- Interrumpir la inmovilidad cada una o dos horas caminando por el pasillo del avión o del tren, y en coche planificar paradas de al menos diez minutos para estirar las piernas.
- Evitar posturas que compriman la circulación como cruzar las piernas, mantener las rodillas excesivamente flexionadas o apoyar equipaje sobre ellas.
- Realizar ejercicios desde el asiento cuando no sea posible levantarse, elevar talones y puntas alternativamente y dibujar círculos con los tobillos. Estos son movimientos que apenas requieren segundos y activan la musculatura que impulsa el retorno venoso.
- Hidratarse con regularidad, moderar el alcohol y elegir ropa holgada y calzado cómodo que no comprima cintura, ingles, muslos o tobillos.
- Valorar factores de riesgo antes de salir. Las personas con antecedentes de trombosis, cirugía reciente, cáncer activo, movilidad reducida o alteraciones de la coagulación deberían consultar con un profesional sanitario antes de emprender el trayecto. El uso de medias de compresión o de anticoagulantes solo debe contemplarse tras valoración médica individual y nunca por iniciativa propia.
Se deben realizar diez minutos de estiramiento cada dos horas de viaje, como gesto que puede marcar la diferencia entre unas vacaciones plácidas y una visita imprevista al hospital nada más llegar a casa. Sobre todo, si se ha cumplido ya la sesentena.
