Cinco claves para que tu hijo adolescente no se quede atrapado con el móvil y viva el verano
La diseñadora de productos digitales Laura Beltrán, autora del libro ‘Cómo evitar que las redes te atrapen' (Penguin) comparte cinco claves prácticas
Para que deje el móvil un rato: cinco libros para regalar a un adolescente (según su personalidad)
Julio es un mes en el que las estadísticas de tiempo de pantalla de los adolescentes españoles se disparan más allá de cualquier previsión razonable. La agenda escolar desaparece, la rutina se afloja, las noches se alargan y el móvil se convierte, para muchas familias, en una suerte de compañero silencioso y omnipresente de cada sobremesa, visita a la piscina o excursión por cualquier paraje perdido.
Las estadísticas además no dejan espacio para la duda, como demostró una macroencuesta a casi 100.000 chavales españoles de entre 10 y 20 años, y en la que se documentó que el 92,5% participa en al menos una red social y el 75,8% en tres o más. Y lo que es peor, que casi un 9% pasa más de cinco horas diarias en redes entre semana (una cifra que se dispara hasta el 20% los fines de semana) y que el 5,7% podría haber desarrollado un uso problemático, con un porcentaje que asciende al 7,7% entre los estudiantes de Bachillerato. Esta investigación reconoce, además, que el uso intensivo se asocia a mayor ansiedad y peor calidad de vida percibida.
Con ese contexto, la diseñadora de productos digitales Laura Beltrán, autora del libro ‘Cómo evitar que las redes te atrapen’, (Penguin Random House), y creadora del proyecto Libre de Redes, ha compartido cinco claves prácticas pensadas específicamente para acompañar a un adolescente durante el verano. Su enfoque, moldeado por más de una década trabajando en el diseño de experiencia de usuario y por su traslado desde Barcelona al desierto de Fuerteventura, huye deliberadamente del reproche y de la prohibición general. Estas son las cinco palancas que propone.
- Potenciar intereses, motivaciones y talentos naturales: La primera clave arranca por dentro. "La primera clave es potenciar sus intereses, motivaciones y talentos naturales. ¿Qué le gusta hacer? ¿Cómo puede profundizar en ello? Y, si todavía no lo sabe, ¿cómo puede descubrirlo?", plantea Beltrán. El verano, insiste, ofrece una ventana temporal ideal para esa exploración, alejada de la lógica productiva del calendario académico.
- Nuevas experiencias, si son en la naturaleza, mejor: La segunda pasa por proponer experiencias inéditas que estén realmente al alcance. "Si son en la naturaleza, implican movimiento o le invitan a salir de la rutina, mejor. Merece la pena preguntarse qué oportunidades de disfrute ofrece el entorno y aún no se han explorado", subraya la autora. Una excursión al río del pueblo vecino, un rocódromo urbano, un curso corto de vela o de fotografía. La novedad, en sí misma, es una intervención terapéutica probada frente al aburrimiento estructural del que muchos adolescentes escapan mirando el móvil.
- Escucha activa y corresponsabilidad en la gestión del tiempo: hay que pactar con el adolescente sus propios márgenes de uso, en lugar de imponerlos. Hay que "llegar a acuerdos a través de la escucha activa y hacerle partícipe de la gestión de su propio tiempo. Se trata de encontrar un equilibrio entre el tiempo online y el tiempo offline, permitiéndole decidir cómo quiere repartirlo", explica Beltrán. Antes incluso de fijar límites, la autora recomienda observar sin juzgar: "Las horas de uso pueden aportar información, pero por sí solas dicen muy poco. También es importante preguntarse en qué momentos aparece el móvil, qué parece estar buscando esa persona cuando lo utiliza y cómo se siente antes y después de hacerlo".
- Cuidar el tiempo offline en familia (y dar ejemplo): Esta palanca no habla del adolescente, sino del adulto. Pasa por "cuidar el tiempo offline en familia. Las pantallas pueden ocupar mucho espacio en la vida familiar, y no solo el móvil, también la televisión. Conviene preguntarse qué ejemplo pueden dar los padres y cómo quieren aprovechar el tiempo que recuperan juntos", apunta Beltrán. El adolescente al que se le pide que suelte el móvil mientras el padre revisa correo en la mesa recibe un mensaje contradictorio que anula cualquier acuerdo. Los objetivos que la autora llama "amables" deben, además, plantearse siempre como una pregunta doble: "¿Cómo podemos sustituir parte del consumo pasivo de pantallas por actividades que nos aporten conexión, unión y disfrute?". Un objetivo concreto que ella sugiere: "Jugar a juegos de mesa tres noches por semana sin móviles ni televisión". Otro: "Descubrir una actividad nueva en familia y dejar los móviles fuera de la experiencia, manteniendo solo uno disponible por si surge una emergencia".
- Introducir hábitos nuevos a través del juego: Aquí se cierra el círculo desde la creatividad. "Se deben introducir estos nuevos hábitos a través del juego", propone Beltrán. Su idea favorita es tan bella como sencilla: "Por ejemplo, se puede proponer revivir cómo era la vida antes de la electricidad: encender velas al caer la noche y jugar a juegos de mesa. Al reducir la luz artificial y sustituirla por una iluminación tenue, nuestros ritmos se sincronizan mejor con la luz natural y resulta más fácil acostarse antes. De ese modo, despertamos con más energía para disfrutar de todas esas actividades que hemos descubierto". Es una recomendación que descansa sobre un mecanismo fisiológico bien documentado: la relación entre exposición a luz artificial nocturna y desincronización de los ritmos circadianos.
Un truco para reforzar estas claves
A las cinco claves formales, Beltrán añade un gesto físico casi banal pero de eficacia demostrada: sacar el móvil del campo visual. "Todo aquello que tenemos al alcance de la mano y dentro de nuestro campo visual nos invita a utilizarlo", advierte. "Cuando el móvil está delante de nosotros, basta un estímulo visual para cogerlo, casi sin pensarlo. En cambio, si tenemos que levantarnos para ir a buscarlo, aparece un pequeño espacio en el que podemos preguntarnos si realmente es eso lo que queremos hacer o si hay otra opción que nos apetece más". Ese instante es donde se rompe el automatismo. Y donde se recupera el verano.
Si a la semana vuelve al enganche, Beltrán recomienda desactivar la culpa y hacerse una sola pregunta: "¿Cómo queremos seguir a partir de ahora?". "Cuando dejamos de pelearnos con lo que ya ha sucedido, resulta más fácil elegir qué queremos hacer a continuación —resume—. Siempre podemos elegir de nuevo, y esa decisión suele ser mucho más clara cuando no está acompañada de juicio ni de reproches".
