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Fisoterapeuta, sobre los errores más comunes a los 50 al hacer el Camino de Santiago: "No ignores el dolor"

Los errores más comunes al hacer El Camino de Santiago. Ilunion
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El Camino de Santiago batió récord en 2025, con un total de 530.987 personas recibiendo la Compostela. De ellas, 197.152 tenían entre 46 y 65 años, el segundo grupo de edad más numeroso, a apenas cinco mil personas del tramo líder, los peregrinos de 18 a 45 años. Así pues, queda claro que el Camino no es solo territorio para jóvenes, y es un fenómeno que, estadísticamente, pertenece también a quienes han pasado la barrera de los cincuenta.

Pero esa barrera lleva consigo una biología distinta. A partir de ciertas edades la recuperación muscular es más lenta. Las articulaciones acumulan más desgaste antes incluso de salir. Y los errores que un cuerpo de 30 años encaja sin consecuencias, a los 55 se pagan. Erika Gabaldón, fisioterapeuta de ILUNION Fisioterapia, lo resume con una advertencia que conviene tomar en serio: "En caso de molestias persistentes es necesario acudir a un profesional que realice un diagnóstico preciso y aplique el tratamiento correspondiente para así evitar que las pequeñas molestias se conviertan en lesiones graves."

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El error más común

El primer y más frecuente error no se comete una vez empezado el Camino, sino que ocurre antes de empezarlo. "Uno de los errores más habituales es empezar el Camino de Santiago sin un entrenamiento previo", señala Gabaldón. La decisión de hacer el Camino suele tomarse con meses de antelación, pero en ocasiones la preparación física se deja para las últimas semanas. O para ninguna.

La fisioterapeuta es categórica: "Preparar el cuerpo antes del Camino no solo mejora el rendimiento, sino que reduce significativamente el riesgo de lesiones." Además, es importante ser conscientes de lo que significa preparar el cuerpo de forma adecuada: adaptar progresivamente el organismo al esfuerzo mediante entrenamientos con cargas similares a las etapas reales, incorporar ejercicios de fuerza y movilidad, especialmente enfocados en las piernas, y realizar una valoración fisioterapéutica previa para detectar posibles desequilibrios o factores de riesgo antes de salir.

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Esta última recomendación es especialmente relevante para quienes superan los 50. Una rodilla que ha aguantado décadas de trabajo, escaleras y sofá puede tener una lesión silenciosa que se activa en el kilómetro 15 del primer día. Detectarla antes de salir puede ser la diferencia entre terminar el Camino o abandonarlo en Burgos.

Lo que ocurre cuando se ignora el cuerpo

Una vez en ruta, los errores cambian de naturaleza. Según Gabaldón, mantener hábitos adecuados durante la marcha es tan importante como la preparación previa. La pauta más básica, y la más incumplida, es comenzar cada etapa con un calentamiento suave que active músculos y articulaciones antes de exigirles el esfuerzo completo.

A eso se suma una advertencia que parece obvia pero que los peregrinos experimentados saben que no lo es, y pasa por escuchar al cuerpo y no ignorar el dolor persistente. La cultura del Camino tiene un componente de esfuerzo colectivo que puede presionar a seguir cuando el cuerpo pide parar. El dolor puntual puede ser tolerable. El dolor persistente es una señal.

La hidratación adecuada, el respeto a los tiempos de descanso y, sobre todo, evitar etapas demasiado exigentes en los primeros días son los otros pilares que los expertos destacan. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse a un ritmo de marcha sostenido, y ese tiempo no se puede comprimir a fuerza de voluntad.

Las lesiones más frecuentes y cómo anticiparse

Las agujetas suelen ser una de las compañeras más habituales del peregrino, pero no las únicas. El listado de molestias y lesiones lo que puede aparecer durante el Camino incluye sobrecargas musculares, tendinitis, ampollas y dolor articular. Para ninguna de ellas hay remedio mejor que la prevención.

Gabaldón enumera unas medidas concretas que se deben seguir a rajatabla: usar calzado adecuado, previamente adaptado al pie (nunca hay que estrenar zapatillas el primer día, es una de las normas de oro del Camino), realizar masajes de descarga al terminar cada etapa, aplicar frío en las zonas inflamadas, y mantener una correcta postura al caminar. Esta última recomendación cobra especial importancia por cargar habitualmente con una pesada mochila: el peso mal distribuido en la espalda genera tensiones que migran hacia las caderas, las rodillas y los tobillos.

"Es necesaria una buena preparación física, tanto previa como durante las distintas etapas", subraya Gabaldón. La frase parece sencilla. Lo que encierra no lo es, ya que implica que el Camino de Santiago no empieza en Saint-Jean-Pied-de-Port ni en Sarria. Empieza varias semanas antes, con un calzado que se va adaptando, subiendo cuestas, visitando al fisioterapeuta que detecta lo que todavía no duele pero pronto dolerá...

Los casi 200.000 peregrinos de entre 46 y 65 años que recorrieron el Camino en 2025 son la mejor prueba de que la edad no es una razón para no hacerlo. La falta de preparación, en cambio, sí puede serlo.