Por qué tu pelo sufre más en verano a partir de los 50: cómo evitar acelerar la alopecia

Cuidas tu cara, tus hombros, tus brazos... Pero nadie se acuerda de que el cuero cabelludo también sufre cada verano
La rutina que puedes hacer para recuperar tu cabello desde casa y descansar después de un largo día
Llevamos años aplicándonos protector solar en la cara, el escote y los brazos sin pensárnoslo dos veces. Pero hay una zona del cuerpo que queda expuesta al sol durante horas en cada paseo, en cada playa, en cada terraza de verano, y que prácticamente nadie protege: el cuero cabelludo. A partir de los 50, esa omisión deja de ser inocente.
"Es cierto que el cuero cabelludo se quema y necesita protección solar, especialmente zonas sin cabello o con el cabello muy fino", confirma la doctora Sandra Hermida, médico-estético experta en capilar y antienvejecimiento. No es un mito ni una exageración de marketing cosmético. Es una zona de piel como cualquier otra, expuesta a las mismas radiaciones que la cara, pero sin la misma rutina de cuidado detrás.
Una piel que envejece, pero que nadie trata como piel
El cuero cabelludo tiene exactamente la misma naturaleza que la piel del resto del cuerpo: capas, melanocitos, capacidad de quemarse, capacidad de desarrollar lesiones. La diferencia es que durante décadas se ha tratado como una superficie meramente decorativa, cubierta de pelo, que no hace falta pensar en cuidar.
Sin embargo, cuando esa zona queda sistemáticamente desprotegida, sobre todo en pacientes mayores de 50 años con alopecia, pueden aparecer lesiones costrosas y amarillentas denominadas queratosis actínicas, secundarias a la exposición solar, que deben tratarse por un especialista debido al riesgo que tienen de malignizar con el tiempo. El cuero cabelludo también puede albergar lunares, que necesitan controlarse como cualquier otro lunar en la piel, y lesiones tumorales como los carcinomas basocelulares, cuyo principal factor de riesgo es, de nuevo, la exposición solar. Por eso la fotoprotección debe ser todavía más estricta en personas con poca densidad capilar, donde la piel queda más al descubierto.

Por qué a partir de los 50 el riesgo no es el mismo
El paso del tiempo cambia dos cosas a la vez, y ambas juegan en contra. La primera es física, ya que la densidad capilar disminuye de forma natural con la edad, lo que deja más superficie de cuero cabelludo expuesta directamente al sol, sin el filtro que ofrecía una melena más espesa. La segunda es hormonal, y es especialmente relevante en el caso de las mujeres que atraviesan la menopausia. "En la menopausia bajan los estrógenos y cambia el equilibrio hormonal del folículo piloso. Y cuando cambia el folículo, cambia el pelo", explica la dermatóloga Ana Molina. Ese cambio hormonal altera el ciclo de crecimiento del cabello y la estructura de la fibra, y se combina con la pérdida de melanina que trae consigo la aparición de canas. El resultado es un pelo más fino, más poroso y, en muchos casos, más escaso justo en el momento en que la exposición solar acumulada de toda una vida empieza a pasar factura.
El daño no se queda solo en el cuero cabelludo. La radiación ultravioleta también ataca directamente la fibra capilar. La radiación UV acelera el daño oxidativo de la fibra y del folículo. El sol seca el cabello, puede aclararlo por simple efecto de la exposición prolongada, deteriora la cutícula y favorece la pérdida de hidratación y elasticidad.
Para un cabello que, a partir de los 50, ya tiene menos producción de sebo natural y menos capacidad de autorregenerarse, ese golpe de calor y radiación UV añadido es un cóctel que puede dejar la melena visiblemente más débil, opaca y quebradiza al terminar la temporada.
Cómo proteger lo que nunca se ha protegido
La buena noticia es que existe una categoría de productos pensados exactamente para esto. La Dra. Hermida recomienda "sprays o aceites capilares con filtro UV, sombreros, acondicionadores sin aclarado con activos antioxidantes" como rutina básica de verano. La protección física sigue siendo la opción más sencilla y más eficaz cuando se va a estar expuesto muchas horas seguidas, especialmente en la playa o en paseos largos al mediodía.
Quien prefiera un producto específico debe fijarse en ingredientes concretos. La dermatóloga Shari Marchbein recomienda buscar óxido de zinc y dióxido de titanio en las etiquetas, subrayando un matiz importante, que la clave está en frotar el producto sobre el cuero cabelludo, no limitarse a rociarlo sobre las raíces sin extenderlo.
A esa rutina se suman otros gestos que muchas veces se pasan por alto. Lavar el pelo con agua templada, nunca caliente, para no deshidratar todavía más un cuero cabelludo ya expuesto al sol. Aclarar el cabello con agua dulce inmediatamente después de salir del mar o de la piscina, para retirar la sal y el cloro antes de que sigan actuando sobre la fibra durante horas. Y reducir, en la medida de lo posible, el uso de herramientas de calor —planchas, secadores a alta temperatura— en los meses en que el pelo ya está sometido a suficiente estrés ambiental.

El gesto que falta en la mayoría de rutinas de verano
Casi nadie pondría en duda que hay que aplicarse crema solar en la cara antes de salir a la calle un día de julio. Pero son muy pocas las personas que extienden ese mismo gesto al cuero cabelludo, pese a que es una de las zonas que más horas pasa expuesta al sol durante el verano, ya sea en la playa, paseando, conduciendo con la ventanilla bajada, en la terraza de un bar.
A partir de los 50, esa omisión deja de ser solo una cuestión de pelo apagado o seco al final del verano. Se convierte en una cuestión de piel, con todas las implicaciones que eso conlleva. La recomendación de los dermatólogos consultados es unánime: tratar el cuero cabelludo exactamente igual que se trata el resto de la piel expuesta al sol. Con protección, con constancia, y con la misma seriedad con la que se revisa cualquier lunar nuevo o cualquier mancha que no estaba ahí el verano anterior.

