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"¿Realmente estoy donde creo que debo estar?": la reflexión viral del ex directivo al que sus hijos graban a escondidas

Soy Tío Charly hace una década, cuando colgó su traje
SoyTioCharly hace una década, cuando colgó su traje, con uno de sus hijos. @Soytiocharly
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Hay historias que se construyen en clave de éxito de despachos y sueldos. Pero también hay biografías que empiezan a rehacerse justo cuando se alejan de esas coordenadas, cuando uno se da cuenta de que la ausencia de todo lo que se nos exige acumular podría, paradójicamente, contener una forma más honesta de vida. 

Esto es lo que le ha pasado a TíoCharly, un antiguo ex directivo cuyas reflexiones cotidianas más allá de los 50, grabadas a escondidas por sus hijos Lucas y Nico, acumulan ya cerca de doscientos mil seguidores en Instagram bajo el nombre de usuario @soytiocharly.

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La pregunta que rompió la inercia

La reflexión que ha catapultado el perfil arranca con una descripción quirúrgica del modelo educativo del que él mismo se reconoce beneficiario y prisionero al mismo tiempo: "Me han educado, creo que de puta madre, pero me han educado en la obediencia. Este es el camino. Tienes que hacer una carrera, tienes que trabajar aquí, tienes que ser un tío serio en tu trabajo, tienes que casarte y tienes que tirar para adelante". El giro ocurre en el ecuador de la cuarentena: "Pues con 46 años, para mí es un antes y un después".

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La pregunta que se formula entonces es tan sencilla como devastadora: "¿Realmente estoy donde creo que debo estar?". La respuesta, sin retórica: "Que no. Que no estoy donde quiero estar". Lo interesante del testimonio radica en el método decisional que TíoCharly reivindica, contraintuitivo respecto de los manuales de coaching al uso.

No opera por afirmación, sino por descarte: "Mi manera de tomar decisiones no es que tengo claro dónde quiero ir. No. Mi manera de tomar decisiones es: no quiero ir al sur, no quiero ir al este y no quiero ir al oeste. ¿Qué caminos quedan? Estos, vamos por ahí". La ruta se traza por vía apofática, por eliminación de las direcciones que producen desasosiego, no por magnetismo de un destino luminoso.

En su relato hay una radiografía del coste oculto del éxito profesional que resuena en la historia de miles de directivos españoles de su generación: "La vida va de levantarte a las 7 de la mañana, venir a currar, ganar no sé cuántos mil euros al mes para que a final de mes pueda pagar las cosas, para generar un ahorro, pero no ver a mis hijos, no poder ir un sábado a llevarles al fútbol. Yo no podía. No tenía vida personal". 

Y esta argumentación no implica infelicidad, como él mismo reconoce diciendo "ojo, como mucha gente, tengo que decir que era un puñetero afortunado", seguida de la sentencia que ha replicado con más viralidad: "Es posible que de aquí a cinco años estéis en el tanatorio diciendo qué gran directivo era". La ficción del elogio póstumo profesional funciona, en su testimonio, como recordatorio de la asimetría entre la moneda con la que uno paga los meses, el tiempo con los hijos, y la moneda con la que otros contabilizarán su vida cuando ya no esté.

Un fenómeno viral construido a sus espaldas

La operación mediática que ha convertido las reflexiones de TioCharly en fenómeno viral tiene un guion propio, digno de crónica. Nico, hijo menor e "ideólogo" del proyecto, empezó a grabar a su padre en septiembre.

Tras un éxito imprevisto en el que era su segundo vídeo, sumó a Lucas y ambos planifican cada día "cómo podemos ir sacando esas perlitas". Han contado con la complicidad tácita de su madre, a la que denominan "Tía Su" en el argot familiar del perfil, indispensable para que el protagonista permaneciera ignorante del fenómeno del que era involuntario protagonista. 

Cuando finalmente TíoCharly descubrió lo que hacían sus hijos sin su conocimiento, les convocó a una reunión para fijar las condiciones para seguir con la cuenta y este tipo de vídeos. No debía haber guiones, el no debía tener acceso a la cuenta, ni conocimiento previo de lo que se publica, y todo con la premisa de que la operación se disfrute. Actualmente TíoCharly está escribiendo un libro y su vida cotidiana transcurre, según ha contado Nico, cuidando un jardín.

El impacto del perfil no reside solo en la calidez del vínculo intergeneracional que retrata ni en el humor tácito de la operación clandestina. Reside, sobre todo, en la ubicuidad de la pregunta central. En un país donde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha situado repetidamente a España entre las economías con jornadas laborales más largas y con más presentismo, la reflexión del TíoCharly opera como espejo devuelto a una generación que empezó a trabajar en la España del Real Decreto-Ley 5/2001, aceptó la disponibilidad total como norma tácita y ahora, con hijos adolescentes, se encuentra haciéndose esta interesante (y necesaria) pregunta.