Psicología

La técnica de 5 minutos que los psicólogos recomiendan para cortar una espiral de ansiedad en el trabajo

Esta técnica permite frenar el bucle
Esta técnica permite frenar el bucle. Unsplash
Compartir

La ansiedad en el trabajo no siempre aparece como una crisis evidente. En muchas ocasiones, llega de una manera mucho más silenciosa y puede ser despertada por distintas cosas: un correo, una reunión, una conversación pendiente o una lista de tareas interminable. La cabeza ya se ha ido mucho más lejos, el cuerpo sigue en la oficina, pero la mente empieza a anticipar problemas, errores, críticas y escenarios que todavía no han ocurrido.

Esta es una de las trampas de la ansiedad: nos saca del presente. En lugar de responder a lo que está pasando, empezamos a reaccionar a todo lo que podría pasar. Cuando se está en un entorno laboral en el que muchas veces no se permite levantarse, irse a casa o parar la jornada por completo, se necesitan herramientas sencillas que puedan ayudar a recuperar cierta sensación de control,

PUEDE INTERESARTE

Una de las técnicas más conocidas para cortar una espiral de ansiedad en pocos minutos es el método 5-4-3-2-1, un ejercicio de grounding o “enraizamiento” que utiliza los cinco sentidos para devolver la atención al momento presente. Se parte de una idea muy sencilla: cuando la mente se llena de pensamientos acelerados, el cuerpo puede convertirse en un ancla. Mirar, tocar, escuchar, oler y saborear algo concreto ayuda a interrumpir el ruido mental y volver al aquí y ahora.

Por qué la ansiedad se dispara tanto en el trabajo

El trabajo reúne muchos ingredientes capaces de activar la ansiedad: presión por rendir, miedo a equivocarse, exceso de responsabilidades, comparación con otros compañeros, incertidumbre, falta de control, reuniones difíciles, plazos ajustados o mensajes que llegan a cualquier hora. Un entorno que puede parecer tranquilo se puede convertir en un espacio de tensión si la mente interpreta cada tarea como una amenaza.

PUEDE INTERESARTE

La ansiedad, en sí misma, no es algo extraño. Puede aparecer antes de una presentación, una entrevista o una evaluación, por ejemplo. El problema llega cuando esa preocupación se vuelve desproporcionada, persistente o interfiere con la capacidad de funcionar con normalidad. En esos momentos, el cuerpo puede responder como si hubiera un peligro real: aumenta el ritmo cardíaco, se acelera la respiración, aparece tensión muscular, molestias digestivas, sudoración, bloqueo mental o dificultad para concentrarse.

Qué es la técnica 5-4-3-2-1

La técnica 5-4-3-2-1 es un ejercicio breve de atención plena basado en los sentidos. Su objetivo es sacar a la mente de ese bucle de pensamientos ansiosos en el que se ha metido y dirigirla hacia elementos concretos del entorno. En lugar de intentar “dejar de pensar” se le da al cerebro una tarea específica.

Este método consiste en identificar cinco cosas que se pueden ver, cuatro cosas que se pueden tocar, tres sonidos que se escuchan, dos olores que se perciben y una cosa que se puede saborear. Parece demasiado sencillo, pero precisamente ahí está parte de su utilidad. En un momento de ansiedad, no siempre se necesita una reflexión profunda, a veces solo se necesita una interrupción.

Cómo hacerla en cinco minutos en la oficina

La técnica se puede hacer de forma discreta en el escritorio, en el baño o en el coche antes de entrar. Lo ideal es dedicarle unos cinco minutos, aunque también puede hacerse en menos tiempo si la situación no permite más.

El primer paso es respirar. Antes de empezar a contar objetos o sensaciones, conviene hacer dos o tres respiraciones profundas. No hace falta forzar ni llenar los pulmones al máximo. Es suficiente con inhalar de manera suave, notar el aire y soltarlo despacio. Esta primera pausa le indica al cuerpo que no necesita seguir acelerándose.

Después empieza el recorrido por los sentidos. Primero, hay que mirar alrededor y nombrar mentalmente cinco cosas que se pueden ver. Por ejemplo: una libreta, un ordenador, unos auriculares, un bolígrafo y una botella de agua. Lo importante es observarlas con un poco de detalle: color, forma, textura, tamaño, posición. No se trata de mirar por mirar, sino de cambiar la atención a esos objetos.

Luego, hay que identificar cuatro cosas que se pueden tocar. La tela del pantalón, el respaldo de la silla, la superficie de la mesa o el suelo bajo los pies. Se pueden tocar realmente o simplemente notar la sensación si ya están en contacto con tu cuerpo. El cambio de texturas ayuda a que la mente vuelva poco a poco al cuerpo.

Después, hay que escuchar tres sonidos. Puede ser el aire acondicionado, una conversación lejana o el teclado de alguien. La clave está en no juzgar los sonidos, solo hay que reconocerlos.

A continuación, hay que identificar dos olores. En una oficina puede ser algo más complejo, pero serviría el olor del café, del jabón de manos, perfume, papel, comida… Si no se encuentran estos dos olores fácilmente, o bien está la opción de moverse un poco o centrarse en uno solo sin que sea un problema.

Por último, localizar una cosa que se pueda saborear. Puede ser el sabor del café, un chicle, la pasta de dientes, una infusión… Este último paso cierra ese recorrido sensorial y ayuda a terminar el ejercicio con una atención más aterrizada.

¿Por qué funciona?

Esta técnica es totalmente incompatible con la rumiación intensa en la que entra el cerebro cuando se tiene ansiedad. Por eso es tan efectiva. Cuando estamos ansiosos, la mente suele saltar de una preocupación a otra, haciendo que el cuerpo se active, el pensamiento se acelere y cada sensación física puede ser interpretada como una señal de peligro.

Cuando se centra la atención en los sentidos, se corta parcialmente ese circuito. No desaparecen esos pensamientos por arte de magia, pero sí que dejan de ocupar el cien por cien de la escena, devolviendo a la persona al presente.