Psicología

Los síntomas de la soledad no deseada que casi nadie reconoce en sí mismo ni ve en los demás

Fernando Chacón Fuertes, catedrático de Psicología Social en la Universidad Complutense de Madrid
Fernando Chacón Fuertes, catedrático de Psicología Social en la Universidad Complutense de Madrid. Redacción Uppers
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Según los datos del Barómetro de la Soledad No Deseada en España el 20% de la población española padece esta forma de aislamiento involuntario, y el 13,5% lo hace de forma crónica, es decir, desde hace más de dos años. Estos son porcentajes que desafían la imagen de una sociedad mediterránea en la que nadie está nunca solo. Además, plantean una pregunta más difícil todavía: si hay tantas personas sintiéndose solas, ¿por qué no lo dicen?

La respuesta, según Fernando Chacón Fuertes, catedrático de Psicología Social en la Universidad Complutense de Madrid y Decano del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, está en cómo funciona la percepción de la responsabilidad. "En general estamos más dispuestos a aceptar los problemas físicos que los psicológicos", explica. "Las personas entienden que los problemas físicos son debidos a factores internos y por tanto no se sienten responsables de los mismos. Y sin embargo, sí se sienten responsables de los problemas psicológicos, y les cuesta más reconocerlos públicamente." La soledad, en otras palabras, se vive como un fracaso personal. Y lo que se vive como fracaso personal se oculta.

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El síntoma que más pasa desapercibido

Hay señales que permiten detectar la soledad no deseada en uno mismo o en alguien cercano. No todas son obvias. La más llamativa y frecuente, según Chacón, es una que normalmente se interpreta como simple introversión o falta de tiempo, cuando la persona que ante cualquier invitación pone excusas reiteradas para no asistir.

No es que no quiera ir. Es que percibe esa situación social como un terreno donde ya ha fracasado antes, o donde anticipa que va a fracasar. La excusa protege la autoestima de una nueva derrota. El problema es que, a fuerza de declinar, el círculo se estrecha. Las invitaciones van escaseando. Y la sensación de aislamiento se refuerza.

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Junto a esa señal, el catedrático señala otra más sutil: la persona que nunca inicia conversaciones. Que siempre espera a que se dirijan a ella. Es esa persona que llega a una reunión o evento y permanece en un segundo plano, aguardando que alguien tome la iniciativa. No es por timidez estructural, sino por miedo al rechazo.

El 70 % de los jóvenes sufre o ha sufrido soledad no deseada, según un estudio

La trampa de la autoestima

Cuando la soledad se instala, el mecanismo de defensa más habitual es la minimización. "Algunas personas que se sienten solas, para proteger su autoestima, minusvaloran las relaciones sociales, les restan importancia", explica Chacón. El "para qué voy a ir si total..." funciona como escudo. Pero la armadura termina convirtiéndose en jaula.

En casos más avanzados, este mecanismo puede derivar en ansiedad social, cuando la persona no solo evita las situaciones en las que siente que fracasa, sino que empieza a percibirlas como amenazantes. Y en los extremos, el catedrático apunta que puede llegar a instalarse una actitud misantrópica: un rechazo activo hacia las personas como mecanismo para justificar el alejamiento.

Cuándo dejar de normalizarlo

Chacón propone dos indicadores para distinguir la soledad pasajera, que cualquier persona puede experimentar en determinados momentos de su vida, de la soledad que ya requiere atención.

El primero es la consistencia transituacional: ¿en cuántos contextos distintos se siente sola la persona? "Si una persona se siente sola en un contexto, por ejemplo, el laboral, pero no en contextos de ocio o familiar, no es tan preocupante", precisa el experto. "Pero si la sensación de soledad es la misma en diversos contextos, la problemática es más seria."

El segundo es la consistencia temporal, que se materializa con la pregunta ¿cuánto tiempo lleva presente esa sensación? Los datos del Barómetro SoledadES confirman lo que Chacón plantea desde la clínica, que la soledad que se prolonga en el tiempo pasa a considerarse crónica y sus efectos sobre la salud se intensifican. La mitad de las personas con problemas de salud mental en España sufre soledad no deseada, según el mismo informe.

Campaña contra la soledad no deseada de Cruz Roja

Lo que hace especialmente difícil de detectar la soledad no deseada, ya sea en uno mismo o en los demás, es que tiene una lógica circular que se perpetúa sola. Chacón lo describe de la siguiente manera: "Como siento que no soy muy hábil socialmente y creo que no me van a aceptar, no inicio contactos. O cuando lo inicia otra persona me inhibo. Por tanto, la sensación de fracaso social aumenta. Es un círculo vicioso."

Esa espiral es el núcleo del problema. No es que la persona esté sola porque sea antipática o difícil: es que la percepción de fracaso la lleva a evitar las situaciones que podrían romper su aislamiento. Cuanto más las evita, más se confirma el relato interno de que las relaciones no funcionan para ella. Y cuanto más se confirma, más difícil le resulta dar el primer paso.

Reconocer esa dinámica es el primer paso para interrumpirla. No el más sencillo, pero sí el más necesario.