La vitoriana Cristina Sampedro abre la primera y única escuela vasca de sirenas y tritones: "La vergüenza hay que dejarla fuera del agua"
Cristina ha creado una escuela de sirenas y tritones tras descubrir este deporte durante la pandemia
El mermaiding combina buceo artístico con monoaleta, apnea y emular los movimientos de las sirenas
Vitoria-GasteizA Cristina Sampedro le ocurre, exactamente, lo contrario que a la famosa sirenita de Disney, mientras que Ariel soñaba con caminar y vivir en el mundo de los humanos para descubrir todo lo que había fuera del océano, a la vitoriana le apasiona sumergirse en las profundidades acuáticas convertida en 'Mirna Mermaid', su nombre de sirena.
"¿Una sirena?", "¿En Vitoria?", si ustedes son de los que, en este momento, se han quedado 'en un ay', sigan leyendo, porque hay todo un mundo por descubrir bajo la superficie acuática y se sorprenderán al saber que esas criaturas legendarias con cuerpo de mujer y cola de pez, son de carne y hueso.
Esta vitoriana, que a punto está de cumplir 49 años, se mueve en los entornos acuáticos como pez en el agua. Con una monoaleta gigante que une los dos pies y una cola de pez, Cristina practica una disciplina deportiva que va, mucho más allá, del brilli-brilli y la fantasía, se trata de “un deporte de riesgo” en el que se aúna el buceo en apnea con los movimientos artísticos que emulan a las sirenas y tritones. Formada en 'mermaiding' o sirenismo, ahora da clases en Euskadi para formar a nuevas sirenas y tritones.
En la capital alavesa, no hay playa, así que a esta sirena no le queda otra que conformarse con remojarse en alguna piscina, aunque ella ha nadado en mar abierto con su cola de sirena y hasta en un tanque de agua de cuatro metros de profundidad, rodeada de leones marinos en Benidorm.
"No somos peces"
Una buena forma física, la monoaleta para propulsarse y aguantar la respiración bajo el agua, ayudan junto al vestuario a recrear ese mundo submarino de criaturas mitológicas, pero “no somos peces”, puntualiza Cristina que insiste en que “para disfrutar no hace falta que seamos capaces de aguantar una eternidad en apnea”.
En su escuela de sirenas y tritones, Cristina alias 'Mirna Mermaid', su nombre de sirena, realiza entrenamientos híbridos, dentro y fuera del agua. Habitualmente, en las piscinas del centro cívico de Iparralde.
En 2020, durante la pandemia, Cristina que lleva toda la vida dedicada a la danza, el espectáculo y el deporte, descubrió un mundo desconocido para ella hasta ese momento: el del sirenismo profesional. “Mi marido me puso la serie ‘Gente Sirena’ y aluciné”, recuerda. Aquello combinaba todo lo que ella hacía y ni imaginaba que en España "pudiera existir ya una comunidad de sirenas y tritones". Cinco años más tarde, dispone de todas las certificaciones de 'mermaiding' o sirenismo y cuenta con su escuela para sirenas y tritones en su ciudad natal.
Colas de 3 kilos de peso y 3.000 euros
Cristina sabe lo que es romper moldes, lo hizo hace casi tres décadas cuando trajo a Vitoria la danza del vientre, “poco menos que nos miraban entonces como si fuéramos streapers”, recuerda. Las mismas caras de extrañeza que le tocó soportar cuando se convirtió en sirena: “Tú estás loca”, le repetían muchos.
Tal vez ser de una ciudad relativamente pequeña y por si fuera poco, de la única provincia vasca sin costa, no ayudó a entender la afición de Cristina por el mundo de las sirenas. “Somos un pelín cerrados y además de secano”, dice entre risas. Pero, aquello lejos de hacerle renunciar, le valió para tomar impulso y dar a conocer una disciplina deportiva “tan alucinante” como desconocida. Creó ‘El Legado de Atlántida’, una asociación deportiva sin ánimo de lucro, a través de la que organizan entrenamientos híbridos en tierra y en el agua para luego practicar buceo artístico con monoaleta.
“Hay quienes nunca llegan a ponerse una cola de sirena porque no les interesa desarrollar esa faceta artística sino centrarse en aprender a nadar con monoaleta”, otros por el contrario, sueñan con comprarse una cola de silicona, “la joya de la corona” del vestuario de estas sirenas, “por ser la más parecida en textura a la cola de un pez” y por hacerse a medida, pueden pesar hasta tres kilos y rondar los 3.000 euros.
Hay colas de licra, la fibra sintética con la que se confeccionan los bañadores, y otras realizadas en punto de neopreno. La horquilla de precios es amplísima, desde 70 euros de una comercializada desde el mercado asiático a entre 300 y 500 euros si el diseño es ‘made in’ Spain.
Nadar con ella requiere entrenamiento y destreza, pero también conocimientos para saber quitársela, “en caso de quedarse enganchada con cualquier cosa, por ejemplo, si estas nadando en aguas abiertas”. En cuestión de segundos hay que saber liberarse “de la piel de sirena” para evitar una tragedia.
Saber nadar, es el único requisito “indispensable” para convertirse en una sirena o en un tritón, pero Cristina apunta a que también es clave, “dejar las vergüenzas fuera del agua” y “tener la mente abierta”, porque sí, señores, las sirenas existen, hasta en Vitoria, "aunque aquí seamos de secano", bromea 'Mirna Mermaid' antes de zambullirse, de nuevo, en el agua.