AVENTURA

Antonio de la Rosa, aventurero rescatado en el Paso del Noroeste: “No me rompí ni una uña; ya estoy pensando en volver”

Antonio de la Rosa, remando sobre su tabla de paddle surf
Antonio de la Rosa, remando sobre su tabla de paddle surf. (Foto: cedida)
Compartir

Cruzó el Atlántico a remo, llegó a Hawái de pie sobre una tabla de paddle surf tras 4.700 kilómetros de océano abierto, remó hasta la Antártida y atravesó Alaska a pie y con esquís. Siempre solo. Siempre sin motor. Antonio de la Rosa (Íscar, Valladolid, 57 años), es un aventurero genuino y pasional al que hace sólo unas semanas se le escapaba entre las olas del Ártico su último reto.

Este verano se propuso su desafío más ambicioso: el Paso del Noroeste, una ruta legendaria que une el Atlántico y el Pacífico y que durante siglos se tragó expediciones enteras. Lo iba a hacer como nadie: en solitario, sin asistencia y de pie sobre una tabla. Tres mil kilómetros por delante.

PUEDE INTERESARTE

No llegó ni a la décima parte. Con apenas 367 kilómetros a la espalda, un temporal con vientos de casi 100km/h reventó la banquisa donde había dejado la tabla y todo su material, y se lo llevó el mar. Dos días después, un helicóptero de la Guardia Costera canadiense lo rescataba de una cabaña de cazadores en el Alto Ártico. Sano y salvo, sin un rasguño, pero con un sueño pendiente de cumplir.

¿Qué tal ha sido la vuelta al mundo real?

Pues ahí estamos… No sé si sabes que volví de la expedición y me fui unos días a hacer bikepacking por Holanda con mi pareja, y me quemé la pierna con un hornillo.

PUEDE INTERESARTE

Vi las fotos de las quemaduras…

Una tontería con un hornillo. Estaba calentando agua para cenar y me cayó el agua hirviendo en la pierna. Fíjate: haciendo una actividad de cero riesgo.

Al final has resultado más herido en un bikepacking que en el Ártico.

Así es la vida. Al final, cuando te relajas, te pasan las cosas. Cuando estás atento a todo es muy difícil que te pase algo; te puede pasar, pero tienes muchas menos probabilidades. En cualquier historia. Así es. Pero hay que mirar hacia delante, este fin de semana ya salí a montar en bici y la quemadura ya está empezando a ir bien. Hoy tengo la última cura; ya me dejarán toda la pierna al aire. Ahora, lo único, llevarla tapada unos meses para que cicatrice bien.

Cuando estás atento a todo es muy difícil que te pase algo; te puede pasar, pero tienes muchas menos probabilidades

Volemos hasta el Ártico… ¿Qué pasó exactamente? ¿Cómo pudo desaparecer todo tu material, literalmente, de la noche a la mañana? 

Se lo llevó el mar. No hay más. El viento fue muy fuerte, pero lo que realmente rompió la banquisa donde yo tenía todo el material fue la pleamar. Una pleamar de por lo menos ocho metros, cuando normalmente entre la bajamar y la pleamar hay una diferencia de dos metros o dos metros y medio. Una pleamar de más de ocho metros, imagina el percal.

Eso es imposible de prever, ¿no?

Imposible de prever, no; pero no previsible con los medios a los que yo tengo acceso. Seguramente un profesional de los que están acostumbrados a analizar el viento que viene de Groenlandia podría llegar a preverlo, pero yo, con los medios de los que disponía, no era posible.

Antonio de la Rosa, remando rodeado de hielo

Por mucho que estudies el terreno, la meteo y tal, las cosas extraordinarias son difíciles de prever. Y si lo prevés, tiene que ser ya gente de otro nivel. Lo importante es salir, y yo salí.

El momento duro

Te quedaste sin nada y la aventura se fue al traste. Pero, por lo menos, a nivel físico pudiste refugiarte, pudiste esperar.

Sí, no me rompí ni una uña. Sólo tuve que esperar a que llegara el rescate, sin prisa. Además, transmití que no tenía ninguna prisa porque estaba a salvo. De hecho, tardó más de cuarenta y ocho horas; unas cincuenta y seis horas desde que se avisó hasta que me rescataron, pero tenía comida, así que no había ningún problema por esperar dos días y medio a ese rescate.

¿Qué se piensa antes, cuando sales de la cabaña y dices: ‘dónde está todo’?

Ese es el momento duro, claro. Sales, te asomas al acantilado por el que habías salido y te crees que estás mirando en otro sitio, porque es completamente diferente. Dije: ‘No, aquí no es; será más adelante’. Y cuando voy más adelante, no: por donde yo había salido no hay nada. Toda la plataforma de hielo que estaba pegada a la roca había desaparecido. Te quedas frío y, por un lado, te dices ‘seré gilipollas’; pero por otro… si es que no tenía otro remedio. Entró el mal tiempo y me tocó salir por ahí, y por donde salí no había posibilidad de sacar el material, porque era una pared y no había forma de subirlo.

Toda la plataforma de hielo que estaba pegada a la roca había desaparecido. Te quedas frío y, por un lado, te dices ‘seré gilipollas’; pero por otro… si es que no tenía otro remedio

Además venías de doce horas navegando con una niebla en la que no se veía ni a dos metros, y con varios vuelcos.

Claro, eso me había pasado el día que salí por ahí. El día antes hice una buena travesía, de sesenta y tantos kilómetros, y esa mañana había niebla. La meteo estaba regular, pero no daban una previsión de muy mal tiempo ese día. Cuando fui a bordear la punta del cabo Crawford me encontré con una bajamar que hacía unas olas muy grandes, y es la que me volcó varias veces. No conseguía avanzar, con la niebla, volcando y con el agua muy fría. Terminé saliendo por un sitio que no era bueno, pero no tenía otro en ese momento.

Cuando vuelcas, ¿cómo te organizas? Lo primero, entiendo, es ponerte otra vez fuera del agua; pero con todo el material…

Claro, hay que darle la vuelta a la embarcación y colocar el material. Ese es otro cambio que voy a hacer para el año que viene: llevar mejores sistemas para sujetar el material y un sistema de orza abatible y timón abatible. La orza era fija y se rompía cada vez que yo salía por la orilla; voy a llevar algo abatible que me sirva para eso.

Viéndolo con el tiempo, te servirá para aprender y para volver a intentarlo.

Totalmente. Ha sido un aprendizaje muy bueno, y me ha pasado en el mejor sitio en el que me podía pasar: estaba una cabaña. Ni tan mal. Es verdad que he perdido todo el material, que es una pasta, y que ahora tengo que volver a hacerlo, pero de todos modos iba a tener que hacer variaciones en la tabla, con lo cual me sirve para preparármela mejor el año que viene y analizar. Otro pequeño error que pude cometer fue no llevar unos mapas náuticos buenos para ver la fisonomía de las costas; yo iba a tirar del mapa de Google, de los GPS normales.

Ha sido un aprendizaje muy bueno, y me ha pasado en el mejor sitio en el que me podía pasar porque había una cabaña

No llevaba buenos mapas náuticos ni una buena aplicación náutica. Y esos son lugares donde la orilla tiene poca profundidad, y si tienes una pleamar o una bajamar se genera mucha ola, como me pasó. Hay sitios con rompientes, y la rompiente te genera una ola; tengo que verlas en el mapa antes de llegar allí, cuando ya no hay remedio.

La cabaña de cazadores

Cuando vuelcas, tienes niebla y hay un mar horrible, ¿piensas dónde habrá una cabaña medio cerca para poder parar, o piensas ‘ya se parará esto y sigo’?

Piensas en parar. La que encontré estaba arriba de un acantilado; es una cabaña de cazadores. Todo lo que hay en el Ártico —aunque hay pesca también— son cabañas de cazadores. Ellos viven de ir con los trineos de perros en invierno, y van a cazar osos, focas, narvales… Todo eso lo cazan en invierno, con escopetas, y utilizan esas cabañas.

Antonio de la Rosa, caminando con todo su equipo a cuestas sobre el hielo

¿Cómo es una cabaña así, perdida en mitad de ninguna parte?

Es para hacer paradas, para pasar una noche ahí en vez de estar con los trineos. Son cabañas básicas, pero tienen unas paredes y una puerta. Una cabaña pequeña en la que entran cuatro personas en un camastro. Es un pequeño refugio.

El hecho de haber tenido que parar, porque no podías seguir, ¿te hace pensar más en los errores o en dar gracias que había esta cabaña?

Simplemente te hace analizar los errores y aprender de los aciertos también. Te das cuenta de que hay muchas cosas que has hecho bien y otras que has hecho mal. En la vida se aprende de los errores; los aciertos pasan y los das por hecho, y donde realmente aprendes es en los errores. Los que haya podido cometer en esta aventura me van a dar una información muy valiosa para las próximas expediciones, para no cometerlos. Todo esto me sirve para ir con mucha más seguridad y con mucho más acierto. Ya sé que los días que me encuentre bien y con buenas condiciones, nada de hacer cincuenta o sesenta kilómetros; si puedo estar dos días remando, echando una siesta en la tabla, tengo que hacerlo, porque luego vienen muchos días malos.

En la vida se aprende de los errores; los aciertos pasan y los das por hecho

Desde que te pusiste a la aventura en solitario, ¿habías tenido algún golpe de este calibre?

Sí, sí. Ha habido por lo menos dos o tres expediciones que no he podido completar, en las que he tenido que cambiar cosas. Hace siete u ocho años, en una expedición de mil kilómetros en la Laponia finlandesa, al cuarto o quinto día se rompió el hielo en un lago, se me metieron los pies… Y continué, y al octavo o noveno día tenía pequeñas congelaciones y tuve que buscarme la vida para que me fueran a buscar con una moto de nieve, ir a un hospital, y estuve tres o cuatro meses con heparina intentando evitar que las congelaciones fueran a más. Tuve que abandonar esa aventura. Al año siguiente fui con mejor calzado y con más conocimiento, y conseguí completar la expedición. Esos problemas de un año me sirvieron al año siguiente para ir con mucha más seguridad.

En Siberia cometí el error de caerme en una grieta, pero pude solucionarlo, aunque la cosa se puso muy complicada.

Volvemos a esta última expedición. Esas horas que estuviste en la cabaña, ¿cómo matas el tiempo? ¿En qué piensas? ¿Estás torturándote a ti mismo por los errores cometidos?

Pienso sólo en intentar estar entretenido. Voy a caminar por ahí. Anduve intentando encontrar algo del material, por si el mar hubiera dejado algo… Poca cosa. Bueno, me crucé con un oso.

Eso no es poca cosa...

Sí, sí, me crucé con un oso. Iba con la escopeta y todo. A unos cincuenta metros. Cuando me miró, salió huyendo en la otra dirección. Ahí me di cuenta de lo que dicen: hay osos que huyen, osos a los que les da igual que estés, y osos que te pueden llegar a atacar si tienen mucha hambre o si están con crías. Por eso debes llevar todos los medios de respuesta ante un posible ataque: desde las pistolas de bengalas hasta un silbato, todo lo que pueda hacer mucho ruido. 

Me crucé con un oso. Iba con la escopeta y todo. A unos cincuenta metros. Cuando me miró, salió huyendo en la otra dirección

Y, en último caso, la escopeta.

En último caso. Llevo spray de pimienta también… Llevo tres o cuatro medidas antes de utilizar el último recurso, que sería disparar al pobre oso, que lo único que quiere es comer.

¿Has pensado mucho en que todo tu material puede estar por ahí flotando en el mar?

Seguramente, ahí seguirá. Había cosas en bolsas estancas. Me han escrito y me han encontrado un par de bolsas con la tienda de repuesto y varias cosas. Inuits de allí, de Arctic Bay, me han escrito y me han mandado incluso fotos de alguna bolsa con cosas mías. 

Seguro que mucho material estará por ahí flotando. Incluso la tabla. Es un lugar muy, muy aislado y muy complejo, así que puede que se tire años flotando y que nadie lo vea. O, como en esto, que resulta que un pescador ha encontrado una bolsa.

Cuando hablas con los inuit —que me dijiste que tenías relación—, ¿qué te dicen sobre lo que te ha pasado?

No he hablado nada de esto con ellos. Ellos viven allí, saben lo complejo que es ese territorio. El valor de la vida y la muerte en el Ártico no es el mismo que podamos tener nosotros. Su día a día en invierno es un riesgo absoluto: salen con los trineos a cazar, y el valor de su vida depende de la buena o la mala suerte que tengan ese día y del cuidado que tengan.

En el fondo, es la vida en sitios así de extremos.

Es la vida en general. Nosotros vivimos en una situación de confort y de seguridad en la que pensamos que es imposible que nos pase nada. Y no: cuando vives en un entorno así, es probable que te pasen cosas.

Miremos hacia delante. Me dices que lo vas a probar el año que viene otra vez. ¿Cuándo empiezas a prepararlo?

Entrenar, estoy entrenando siempre. Este fin de semana ya estoy montando en bici. Y ya he hablado con la empresa para que me fabriquen una nueva tabla, con Sunova, y me hagan unas modificaciones pequeñas: una orza abatible y un sistema para sujetar mejor el material. No tengo más que seguir entrenando como siempre; luego, cuando se acerque la fecha, dos o tres meses antes, le meteré más horas y haré algunas etapas largas. Me voy manteniendo la forma.

Y, en principio, ¿lo tienes planificado para las mismas fechas? Aunque te haya pasado lo que te ha pasado, eran las mejores fechas.

Las mismas fechas, exactamente. Tal vez intentaré ir un poco antes, pero poco cambio más. Tal vez en vez del 10 de julio; intentaré ir tal vez a finales de junio, porque esta vez tuve suerte con el material y lo pude enviar bien, pero me puede llegar a tardar unos días. Entonces prefiero estar allí una semana o diez días esperando.

¿Te ha cambiado la proyección de otros retos, de otras aventuras, el tener que repetir esta?

No, no me ha cambiado nada. A corto plazo no tenía nada planeado. Tengo clara una expedición que quiero hacer: cruzar el Índico. Pero esa no tiene ninguna prisa, porque no es una expedición muy exigente. Físicamente lo es, como todas, pero es una expedición que puede hacerse dentro de cinco años, porque ahí cuentan más las corrientes, los vientos y la paciencia de estar mucho tiempo esperando. No hay otro motivo. Así que, realmente, no me ha trastocado nada.

El físico sí que influirá, aunque entiendo que tampoco hay tanta diferencia entre hacerlo en 2026 o en 2027.

Un año espero no notarlo, vamos a ver. Tengo 57, pero, a día de hoy, me encuentro estupendamente. Y más para una prueba tan larga, en la que hace falta mucha cabeza y una buena condición física, y ya está.

Y la cabeza, encima, llegas con el extra de experiencia. En eso has mejorado.

Voy a llegar más fuerte en todos los sentidos. Estoy casi seguro.