Antonio va a cumplir 90 años y lleva 80 como sacristán en Lobeira, Ourense: “Seguirá mientras el cuerpo se lo permita”
Empezó a ayudar en la parroquia de San Vicente de Lobeira cuando tenía 10 años y desde entonces nunca faltó a su responsabilidad
Hemos hablado con su nieto, Rubén Zúñiga, que nos cuenta que tiene la contorna de la capilla de Nosa Señora do Viso “impecable"
Antonio Zúñiga está a punto de cumplir 90 años (los hará el próximo 27 de octubre) y continúa haciendo buena parte de las tareas que lleva realizando en su parroquia desde que era tan solo un niño. Sigue siendo el sacristán de San Vicente de Lobeira, en Ourense, una labor que comenzó cuando apenas tenía 10 años y que no ha abandonado en ocho décadas. Su familia asegura que, además, mantiene una salud de hierro y una actividad poco habituales para su edad.
Durante estos 80 años, Antonio ha visto cambiar por completo la vida de la parroquia y de sus vecinos. Ha estado presente en bautizos, bodas y entierros de varias generaciones y ha contribuido al mantenimiento tanto de la iglesia como de la capilla de Nosa Señora do Viso.
"Está pendiente de que en la parroquia no falte de nada", explica con orgullo su nieto, Rubén Zúñiga, que cuenta a Informativos Telecinco cómo su abuelo ha convertido el cuidado de estos espacios en una responsabilidad personal: "Tiene la contorna de la capilla de Nosa Señora do Viso impecable", añade.
Empezó a trabajar siendo un niño
La historia de Antonio está también marcada por las dificultades de su infancia. Según cuenta su nieto, llegó a pasar hambre y encontró en la iglesia una forma de salir adelante. "Le está muy agradecido a los curas de la parroquia porque le ayudaron mucho cuando estaba necesitado", explica Rubén. "Llegó a pasar mucha hambre y le daban un plato de comida por trabajar en la iglesia". “Agradecía hasta un trozo de pan”, añade resaltando el carácter humilde de su abuelo.
Con solo siete u ocho años comenzó además a aprender el oficio de zapatero, desplazándose a pie hasta una aldea cercana. Así sería hasta que llegó su primer sueldo, que decidió gastarlo en algo que para un niño de aquella época era todo un lujo: "Siendo tan solo un niño, se compró una bicicleta", recuerda su nieto.
Aquellos primeros trabajos fueron el comienzo de una vida laboral intensa. Antonio fue zapatero, electricista, lector de contadores y trabajador de la antigua Fenosa, además de formar una familia con su mujer y sus dos hijos. Pero nunca dejó de lado su compromiso con la parroquia.
Ocho décadas tocando las campanas
Entre sus tareas más conocidas está la de tocar las campanas, una labor que ha desempeñado durante 80 años. A sus casi 90, en algunas ocasiones es su hijo quien se encarga de subir al campanario porque ya no resulta aconsejable que Antonio lo haga. Pero, salvo esa excepción, continúa ocupándose personalmente del resto de responsabilidades.
Limpieza, mantenimiento, organización de la actividad parroquial o cuidado de los espacios religiosos forman parte de su día a día. También ayuda en otras parroquias de los alrededores cuando es necesario.
Y hay otra faceta que tampoco ha abandonado: la música. Antonio canta en las celebraciones cuando hace falta. Su nieto asegura que tiene "una voz privilegiada" y que, ante la falta de sacerdotes, no duda en echar una mano allí donde se necesita. "Si es necesario canto en las misas", explicaba recientemente el propio Antonio en Faro de Vigo.
Un reconocimiento por 80 años de servicio
Su dedicación ha llevado a que el párroco de San Vicente de Lobeira, Roberto Álvarez, presente su candidatura a las Medallas Pro Ecclesia Diocesana. El reconocimiento, que alcanza este año su tercera edición, distingue a personas y entidades que han destacado por su compromiso y colaboración con la Iglesia.
El sacerdote conoce de primera mano el trabajo de Antonio y destaca especialmente su discreción y su disposición permanente para ayudar. Para la parroquia, su papel se ha vuelto todavía más importante ante la falta de sacerdotes y las grandes distancias que existen entre algunas de las parroquias de la diócesis.
A lo largo de ocho décadas, Antonio ha visto pasar por la iglesia prácticamente toda la vida de Lobeira. Ha cuidado el templo cuando había pocos recursos, ha acompañado las celebraciones de sus vecinos y ha estado disponible para cualquier tarea que hiciera falta. Y, pese a acercarse a los 90, no parece tener intención de colgar los hábitos de sacristán. "Seguirá mientras el cuerpo se lo permita", asegura su familia.
Rubén cuenta que su abuelo sigue siendo un hombre especialmente activo. Disfruta de la lectura, se queda hasta tarde leyendo y maneja su propio teléfono móvil. “Incluso tiene una cuenta de Facebook”, desvela Rubén. Algo que lleva a pensar que los vecinos y vecinas de Lobeira seguirán contando en su Parroquia con uno de los sacristanes más longevos de España y el laico con el servicio más prolongado en el mantenimiento de su templo.