El papa oficia la misa de Domingo de Ramos en una Basílica de San Pedro casi vacía

  • Un pequeño grupo de monjas, ayudantes y un reducido coro fueron los únicos presentes

El papa Francisco ha oficiado en el Vaticano la misa de Domingo de Ramos, con la Basílica de San Pedro prácticamente vacía, y retransmitida por streaming para evitar el avance del contagio por coronavirus. Desde allí instó a las personas que viven la pandemia a no preocuparse tanto por lo que les falta sino por cómo pueden aliviar el sufrimiento de los demás.

El acto, que inicia los eventos de Semana Santa que conducen a la Pascua, generalmente atrae a decenas de miles de personas a una plaza de San Pedro adornada con olivos y palmeras. El servicio normalmente incluye una larga procesión de cardenales, sacerdotes y fieles portadores de hojas de palma.

El Pontífice ha recalcado que en estos momentos las certezas se desmoronan y las expectativas son traicionadas. "Mirad a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás. Sentíos llamados a jugaros la vida. No tengáis miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganaréis! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande es decir, sin condiciones, sí al amor. Como lo hizo Jesús por nosotros", ha instado.

El Pontífice pide a los cristianos que sirvan a los demás durante la pandemia

"Procuremos contactar con el que sufre, el que está solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que podemos hacer --ha continuado Francisco--. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece. El drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor. De este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene".

El Papa ha hecho estas reflexiones desde el altar de la Cátedra de la basílica de San Pedro, y no bajo el baldaquino, donde estaba presente el Crucifijo de la Iglesia de San Marcello al Corso, conocido como el crucifijo de la 'Gran Peste' porque en 1522 se llevó por los barrios de Roma para acabar con la plaga.

Se trata del mismo crucifijo ante el que rezó el Santo Padre el pasado 16 de marzo y que fue trasladado a la plaza de San Pedro el pasado viernes 27 para la oración y bendición Urbi et Orbi en la que volvió a pedir el fin de la pandemia. En el altar también se ha colocado la imagen de la Virgen Salus populi Romani, cuyo icono se guarda y se venera en la Basílica de Santa María la Mayor y ante la que también rezó el Papa recientemente.

El Papa ha asegurado que es difícil amar sin ser amados y que es aún más difícil servir si no se deja a Dios servir primero, reflexionando sobre la Pasión de Jesús. "Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta. Dios nos salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor", ha dicho.