Mascotas

La DGT exige transportar a los perros de una forma concreta para evitar sanciones

Está prohibido llevar al perro suelto en el coche. Pixabay
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MadridLlevar al perro suelto en el asiento trasero, sobre las piernas de un pasajero o moviéndose libremente por el habitáculo puede convertirse no solo en un importante riesgo para su seguridad, sino también en motivo de sanción.

La normativa española obliga al conductor a garantizar que los animales transportados no interfieran en la conducción. Esto quiere decir que el perro debe viajar correctamente colocado y retenido, aunque no existe un único dispositivo obligatorio válido para todos los animales y vehículos.

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La Dirección General de Tráfico (DGT) recomienda diferentes sistemas en función del tamaño del perro y recuerda que un animal suelto puede convertirse en un auténtico proyectil en caso de accidente. Transportines y arneses de seguridad adecuados son algunas de las soluciones pero no todas las formas de usarlos tienen el mismo nivel de protección.

La normativa no habla de un solo sistema, pero sí exige evitar interferencias

La principal referencia se encuentra en el artículo 13 de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial. La norma establece que el conductor está obligado a mantener su libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente en la conducción.

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Para poder conseguirlo, debe cuidar especialmente la posición de los pasajeros y la “adecuada colocación de objetos o animales transportados” para evitar cualquier interferencia entre ellos y el conductor. Es decir, la legislación no establece que todos los perros tengan que utilizar exactamente el mismo arnés o transportín. Lo que sí exige es que su posición no comprometa el control del vehículo.

El peor escenario: un perro completamente suelto

Que el animal sea tranquilo no elimina por completo el riesgo. Un frenazo, una maniobra inesperada o un accidente pueden hacer que salga despedido. La DGT ha divulgado pruebas realizadas junto al RACE que muestran hasta qué punto puede multiplicarse la fuerza de un animal durante una colisión. Según estos ensayos, un perro de cinco kilos en un accidente a 60 km/h puede alcanzar una fuerza equivalente a 280 kilos debido a la inercia.

El peligro no solo afecta al animal, también a las personas que viajan en el coche. Un perro proyectado contra el respaldo de un asiento o contra uno de los ocupantes puede provocar lesiones extremadamente graves. A ello hay que sumar otro problema mucho más cotidiano: las distracciones. Un perro suelto puede acercarse al conductor, saltar entre los asientos o incluso interferir con los mandos del vehículo.

¿Cuál es la mejor forma de llevar a un perro pequeño?

Para animales pequeños, una de las soluciones tradicionalmente recomendadas por la DGT es el transportín. Su ubicación es importante. Las pruebas difundidas por Tráfico han señalado como una opción segura colocar un transportín pequeño en el sueño del vehículo, detrás de los asientos delanteros, donde queda encajado y se reduce considerablemente su desplazamiento.

Una práctica que puede parecer segura, pero no siempre lo es, consiste en colocar un transportín convencional sobre el asiento trasero y sujetarlo únicamente con el cinturón. En algunos ensayos de impacto, el transportín puede romperse o fallar en sus puntos de sujeción.

¿Y si el perro es grande?

Cuando el tamaño del animal impide utilizar cómodamente un transportín pequeño en el habitáculo, existen otras posibilidades. Una de ellas es usar un transportín apropiado en el maletero, colocado transversalmente respecto a la dirección de la marcha y correctamente asegurado para evitar desplazamientos.

La DGT ha recomendado también combinar determinados sistemas con una rejilla divisoria que separe la zona de carga del resto del habitáculo. Sin embargo, hay un matiz importante: una rejilla puede proteger a los pasajeros evitando que el animal alcance la parte delantera, pero no necesariamente protege al perro en una colisión.

Arnés sí, pero no cualquiera

El arnés constituye otra de las alternativas habituales, especialmente cuando el perro viaja en las plazas traseras. Pero hay que hacer una diferencia importante: un arnés de paseo no es automáticamente un sistema de retención para el coche. En una información publicada en 2025, la DGT advierte expresamente de que nunca se debe usar un arnés de paseo como dispositivo de seguridad en el vehículo.

A la hora de comprar uno, conviene buscar un dispositivo diseñado específicamente para el transporte en automóvil y comprobar que el fabricante aporta información sobre ensayos de choque.

Por otro lado, enganchar la correa habitual al reposacabezas puede dar la sensación de que el perro está sujeto, pero no convierte el conjunto en un sistema de seguridad. La DGT desaconseja tanto correas como collares para retener animales dentro del vehículo. Sus materiales y enganches no están necesariamente diseñados para soportar las enormes fuerzas que se generan durante una colisión.

Además, el problema puede ser todavía mayor si el animal queda sujeto directamente por el cuello. Un impacto podría concentrar una gran cantidad de fuerza sobre una zona especialmente vulnerable y provocar lesiones graves.