"Mi perro ha tenido crías y quiero venderlas": la multa a la que te enfrentas, según la Ley de Bienestar Animal
La Ley de Bienestar animal limita la cría y comercialización de cachorros a criadores autorizados contemplando multas que pueden alcanzar los 200.000 euros en casos muy graves
Ley de Propiedad Horizontal vs Ley de Bienestar Animal: cuál tiene prioridad
Cuando una perra tiene cachorros, muchos propietarios toman la decisión de venderlos. Ninguno se cuestiona por qué no hacerlo. Durante años, esta práctica ha sido vista como algo normal e incluso lógico: buscar compradores, recuperar parte de los gastos y dar salida a los animales. No obstante, lo que antes se consideraba algo común ha cambiado de manera radical en los últimos años.
Con la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal, vender cachorros sin cumplir con ciertos requisitos ya no es una decisión sin consecuencias. La normativa ha endurecido el control sobre la cría y comercialización de animales, contemplando sanciones que pueden llegar a ser muy elevadas. Pero, ¿qué pasaría si se decide vender una camada por cuenta propia?
¿Por qué está prohibido vender camadas “caseras”?
La Ley de Bienestar Animal introduce un cambio esencial en la cría y venta de animales de compañía: ya no es una actividad libre para particulares. Desde su entrada en vigor, solo pueden vender perros, gatos y hurones aquellas personas o entidades que estén debidamente registradas como criadores autorizados, lo que implica cumplir requisitos administrativos, sanitarios y de bienestar animal. Esto quiere decir que, aunque tu perra haya tenido una camada en casa, no se pueden vender los cachorros si no se está dado de alta como criador y no se cumplen con las condiciones que la normativa exige.
Esta restricción no es casual. Es la respuesta a un problema estructural que la ley pretende frenar: la cría descontrolada y sin garantías, que durante años ha contribuido al abandono, al comercio irregular y a situaciones de riesgo para los animales. Las llamadas “camadas caseras” pueden derivar en problemas sanitarios, falta de trazabilidad o entrega de animales sin los cuidados adecuados. Además, al no existir un control, es más complicado el seguimiento de los animales y aumenta la probabilidad de que acaben en situaciones de abandono o maltrato.
Por esto, la ley busca profesionalizar y supervisar esta actividad, asegurando que cualquier venta esté realizada bajo condiciones reguladas. No se trata tanto de impedir que los animales puedan tener crías, sino de evitar que su comercialización se haga al margen del control legal.
¿Cuál es la multa por vender cachorros?
El endurecimiento del régimen sancionador es uno de los pilares de la Ley de Bienestar Animal, siendo precisamente lo que ha hecho que muchos propietarios se replanteen prácticas que hasta ahora consideraban normales. La normativa ha marcado tres niveles de infracción: leve, grave y muy grave. Cada uno de ellos con una sanción económica que variará en función de la conducta y sus consecuencias. En el caso de la cría y venta de animales sin autorización, la ley es especialmente contundente, ya que se considera una actividad que puede tener un impacto directo en el abandono, el comercio ilegal y el bienestar de los animales.
En términos generales, las infracciones leves pueden suponer multas de entre 500 y 10.000 euros, normalmente se dan en situaciones puntuales o sin ánimo de lucro. Sin embargo, cuando existe una intención de venta o reiteración en la conducta, pasa a ser una infracción grave, con sanciones que oscilan entre 10.001 y 50.000 euros. El punto más crítico llega con las infracciones muy graves, donde se incluyen supuestos como la cría y comercialización sistemática sin estar registrado como criador, la utilización de canales ilegales o la obtención de beneficios económicos sin cumplir las condiciones legales. En estos casos, las multas pueden alcanzar los 200.000 euros.
Pero la sanción económica no es el único riesgo. En los casos más graves, la ley también contempla medidas accesorias como la retirada de los animales, la prohibición temporal de tener mascotas o incluso la inhabilitación para ejercer actividades relacionadas con animales. Todo esto refuerza el carácter disuasorio de la norma: no se trata solo de penalizar económicamente, sino de conseguir que estas prácticas continúen.
Si una perra ha tenido crías, ¿cuál es la alternativa legal?
Que una perra tenga una camada no es, en sí mismo, un problema legal. Lo importante es cómo se gestiona esta situación. La ley de Bienestar Animal no prohíbe que nazcan cachorros en un entorno doméstico, pero sí que limita claramente las opciones para darles salida, sobre todo, si se quiere obtener un beneficio económico.
La opción más recomendable es la adopción responsable. Esto implica buscar a las familias adecuadas, informar correctamente de las necesidades que tiene el animal y asegurarse que el propietario asume el compromiso a largo plazo. Muchas personas optan por hacerlo a través de su entorno cercano, pero también es común recurrir a plataformas especializadas o asociaciones que ayudan a filtrar adoptantes y formalizar el proceso. Es esencial evitar las entregas impulsivas o sin garantías.
Otra alternativa es contactar con protectoras o asociaciones de animales, que pueden dar asesoramiento e incluso encargarse de gestionar las adopciones. Estas entidades tienen experiencia, redes de difusión y protocolos que garantizan que los cachorros terminen en hogares adecuados. Aunque no siempre pueden asumir directamente a todos los animales por falta de recursos, sí que suelen dar orientación y apoyo en el proceso.
En caso de querer ir un paso más allá, existe la posibilidad de registrarse como criador autorizado, aunque esta opción está pensada para actividades reguladas y no para situaciones puntuales. Esto implica cumplir con requisitos exigentes: inscripción en registros oficiales, obtención de licencias, disponer de instalaciones adecuadas y garantizar la trazabilidad y el bienestar de los animales. Para el caso de una camada accidental no es una solución práctica, ya que no es algo fácil ni inmediato.