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Apurar el depósito de combustible puede salir caro incluso antes de llegar a la siguiente gasolinera

¿Por qué es malo circular con el depósito de gasolina en reserva?
¿Por qué es malo circular con el depósito de gasolina en reserva?. Telecinco.es
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La bomba de combustible eléctrica que impulsa la gasolina o el diésel desde el depósito hasta el motor de cualquier coche moderno se enfría y se lubrica con el propio líquido que la atraviesa. Cuando el nivel del depósito baja por debajo de la reserva y la bomba sigue succionando durante kilómetros para arrancar los últimos litros disponibles, entra en un régimen de trabajo para el que no está diseñada. Aspira aire junto con el combustible restante, pierde la refrigeración que necesita para no sobrecalentarse y fuerza sus devanados hasta el punto de fundirlos. 

La comparación que utilizan los talleres para explicarlo a los conductores no especialistas es sencilla: es como intentar sorber con una pajita los últimos milímetros de líquido del fondo de un vaso. Cuesta mucho más que aspirar cuando el vaso está lleno, y el esfuerzo acumulado deteriora el motor de la propia bomba. La sustitución completa de la bomba de combustible con mano de obra incluida puede superar los 600 a 800 euros en la mayoría de modelos españoles, cifra que hace que posponer el repostaje sea considerablemente menos favorable de lo que aparenta a simple vista.

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La cadena del daño

El segundo efecto acumulativo del hábito es probablemente peor que el anterior porque se manifiesta a lo largo de meses o años sin síntomas evidentes. El combustible que sale de cualquier gasolinera contiene siempre impurezas microscópicas que se depositan por gravedad en el fondo del propio depósito del coche con el paso del tiempo. Cuando el nivel del combustible se mantiene alto, esas impurezas quedan sedimentadas debajo del punto de succión de la bomba y no llegan al circuito de alimentación del motor. Cuando el nivel baja hasta la reserva, la bomba empieza a aspirar precisamente esa capa contaminada del fondo y la envía hacia el filtro de combustible.

El filtro cumple su función durante un tiempo, pero se satura antes de lo previsto por el fabricante y obliga a cambios prematuros que anulan cualquier ahorro por posponer el repostaje. Cuando las impurezas superan la barrera del filtro, llegan directamente a los inyectores del motor y los obstruyen parcialmente. 

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Con el depósito en reserva

Los síntomas son reconocibles: aumento del consumo por combustión menos eficiente, pérdida de potencia sobre todo a altas revoluciones, dificultad para arrancar en frío por mezcla insuficientemente rica, tirones al acelerar. En motores diésel modernos con sistema common rail, el desgaste de la bomba de alta presión y de los propios inyectores puede acabar exigiendo intervenciones de entre mil y tres mil euros según el modelo concreto del coche.

El daño puede escalar todavía más. Cuando la bomba aspira aire junto al combustible por bajo nivel del depósito, la mezcla que llega al motor deja de ser homogénea y aparecen falsas explosiones en la cámara de combustión. El combustible sobrante que no llega a arder correctamente se transforma en exceso de calor en el sistema de escape y puede terminar derritiendo el catalizador, pieza cuya sustitución supera con facilidad los ochocientos euros en el taller y que en modelos híbridos o de alta gama alcanza cifras muy superiores.

Quedarse tirado también sale caro

El escenario más extremo del hábito es la propia parada por falta total de combustible en carretera. La Dirección General de Tráfico no contempla en su régimen sancionador una multa específica por circular con la reserva encendida, pero sí sanciona la detención del vehículo en lugar no habilitado, la interrupción de la circulación por causa evitable y el estacionamiento en la calzada de una vía interurbana. 

Quedarse sin combustible en el arcén de una autopista o en el carril derecho de una autovía puede acarrear una multa de 200 euros por parada indebida y, si un agente considera que el conductor ha puesto en riesgo la seguridad del resto de vehículos, hasta 500 euros adicionales por conducción negligente. A esas cifras hay que sumar el coste del servicio de grúa y el propio combustible de emergencia que el asistente traslade hasta el vehículo.

Un dato adicional que la mayoría de los conductores tampoco maneja: la cifra que muestra el propio salpicadero cuando se enciende la luz de la reserva es una estimación basada en el comportamiento reciente del coche, no una medida real del combustible restante en el depósito. Un cambio de circunstancias durante el trayecto siguiente puede reducir sensiblemente los kilómetros efectivos disponibles respecto a los que marca la pantalla. 

Lo recomendado es acostumbrarse a repostar cuando el depósito llega al 25%de su capacidad, no cuando se enciende la luz naranja del salpicadero. La ganancia de tranquilidad, el margen para elegir la gasolinera con mejor precio en lugar de la más cercana y la protección de la bomba, del filtro, de los inyectores y del catalizador compensan sobradamente la comodidad de posponer cinco minutos la parada. El coche moderno está diseñado para funcionar con combustible en el depósito, no para agotarlo hasta la última gota.