Laura Polo, psicóloga: “Muchas personas piensan que los bucles tóxicos son pensamientos normales”
La experta en salud mental publica 'Lo que se permite se repite’, en la que nos enseña a deshaces los pensamientos repetitivos
Tres cosas a evitar cuando entras en un bucle de rumiación: "Si pienso en no pensar, ya estoy pensando"
MadridRepetir algo puede ayudarnos a perfeccionarlo. Es útil en el caso de una destreza o una habilidad, si lo que queremos es llevarlo a su punto más álgido. Sin embargo, la repetición también puede ser nociva cuando aparecen los comportamientos tóxicos, que nos atrapan como si fuéramos moscas en una tela de araña. Pegados y sin poder librarnos de ellos, como si fuéramos sísifos modernos.
El libro ‘Lo que se permite, se repite’ (Vergara), de la psicóloga Laura Polo, experta en salud mental con una comunidad que alcanza a decenas de miles de seguidores, nos ayuda a identificar y combatir esos bucles mentales, los nudos que nos atrapan y que muchas veces nos dejan sin poder avanzar, estancados en una situación que no nos beneficia. Con ella hablamos sobre cómo identificar estos ciclos dañinos y cómo romper con ellos o tratarlos incluso antes de que aparezcan.
Pero, ¿qué son los bucles mentales? "Podemos definirlos como patrones de pensamiento repetitivos que giran una y otra vez sobre la misma idea sin llegar a una solución ni generar alivio”, explica Polo. Esta psicóloga los conecta con otro término que ha hecho fortuna (para nuestra desgracia) en los últimos años: la rumiación. “El pensamiento rumiativo hace que la mente quede enganchada en una preocupación o un pensamiento sin avanzar. Esto nos provoca ansiedad, malestar y cansancio mental. Aparecen de forma muy habitual en la consulta de los profesionales”.
Lo problemático de estos pensamientos es que “aparecen de forma automática y resultan persistentes -señala la psicóloga- sin que resulten definitorios de la persona que los tiene ni reflejen lo que realmente desea”. Algo que los hace aún más peligrosos es que “muchas personas no saben reconocerlos como intrusivos y los asumen como pensamientos normales”.
Los diferentes tipos de pensamientos intrusivos
En el libro, Polo señala que existe diferentes tipos de pensamientos intrusivos. Entre ellos, están los catastróficos, que anticipan el peor escenario posible. También están los dicotómicos, que nos hacen ver la realidad en términos extremos, como todo o nada. Un tercer grupo es la etiquetación o definirnos a nosotros mismos con etiquetas absolutas a partir de un error o una conducta puntual. Y la generalización excesiva, que consiste en sacar una conclusión general a partir de una sola experiencia negativa.
Pero “los que más frenan”, en opinión de esta psicóloga, son los siguientes: “La lectura de mente, que consiste en creer que sabemos lo que la otra persona piensa, dice o siente incluso antes de que suceda; o la minimización, que ocurre cuando restamos valor a nuestras necesidades, emociones o experiencias, como si lo que sentimos no tuviera la misma importancia que lo que sienten los demás”.
Más ejemplos de bucles que desterrar: “La adivinación, un pensamiento que aparece cuando creemos que sabemos con exactitud lo que va a pasar, aunque no tengamos pruebas. Como si anticipáramos el futuro y casi siempre con desenlace negativo. Y finalmente, la personalización, que ocurre cuando nos atribuimos a nosotros mismos la causa de lo que sucede, sin tener en cuenta que pueden existir muchos otros factores externos que influyen en la situación”, explica la psicóloga.
El origen de los bucles
Pero, ¿de dónde vienen esos bucles? Polo señala a la infancia como kilómetro cero de muchos de los bucles que luego hay que enfrentar en la edad adulta. “Las experiencias tempranas dejan una huella profunda porque es cuando aprendemos a vincularnos, regular nuestras emociones, valorarnos e interpretar lo que ocurre. Comprender la infancia no tienen que ver con buscar culpables, sino con entender patrones y así dejar de repetirlos”.
También llegan desde el pasado los patrones hereditarios, “que no tienen que ver solo con la genética, sino con formas de pensar, sentir y relacionarse que se aprenden dentro de la familia”, matiza Polo. “Son creencias, maneras de tratarse a uno mismo o de reprimir emociones que se transmiten de generación en generación y suelen repetirse sin ser cuestionadas. Ser consciente de ellas permite decidir qué es lo que se quiere mantener y qué es necesario cambiar”.
Cómo librarse de ellos
Como se se tratara de nudos mentales, igual que aprendemos a deshacer los de una cuerda, Polo nos da las claves para empezar a manejar esos pensamientos que vuelven una y otra vez, aunque el camino no es fácil: “Cuanto más nos esforzamos por eliminarlos, más fuerza cobran”.
Un ejercicio práctico que puede resultar efectivo es “poner los pensamientos en papel para aprender a distinguir lo real de las ideas intrusivas. Separar pensamiento y realidad permite desvincularse emocionalmente y observar la situación con más claridad”, señala Polo. “Aprender a reconocer estos pensamientos, cuestionarlos y cuidarse sin sentir culpa es el primer paso para salir de ese bucle y empezar a vivir con mayor libertad”, finaliza la psicóloga.
