Estado de salud

Síntomas previos del Síndrome de la Persona Rígida, la enfermedad de Celine Dion, que se confunden con la ansiedad

Celine Dion en una ceremonia reciente
Celine Dion en una ceremonia reciente. Getty Images
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Hay una enfermedad que tarda, de media, siete años en diagnosticarse. No porque sea imposible de detectar, sino porque sus primeras señales se parecen tanto a la ansiedad, a las fobias o a la fibromialgia que tanto médicos como los propios pacientes no la reconocen. 

Hablamos del Síndrome de la Persona Rígida (SPR), una enfermedad neurológica autoinmune ultrarrara que saltó a la opinión pública en 2022 cuando Celine Dion reveló que la padecía, y que en España afecta a un colectivo identificado que apenas supera el medio centenar de pacientes, según se expuso en la jornada 'Persona Rígida: una entre un millón', organizada por el Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad (CEDDD) el pasado 25 de febrero de 2026.

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Una enfermedad que empieza entre las sombras del estrés

El primer engaño del SPR ocurre durante sus primeros compases. La rigidez muscular se desarrolla de manera progresiva en la columna y las extremidades inferiores, y a menudo comienza de manera muy sutil durante períodos de estrés emocional. Ese detalle, que los primeros síntomas emerjan durante contextos de tensión emocional, es precisamente lo que siembra la confusión inicial. Al fin y al cabo, cuando alguien experimenta rigidez muscular, dolor de espalda o sensación de bloqueo corporal en pleno estrés, la conclusión inmediata, tanto del paciente como del médico, es que existe un motivo psicológico, no neurológico.

Al principio, la rigidez puede aparecer y desaparecer, lo que la hace todavía más difícil de objetivar. No hay nada permanente que mostrar en una consulta. Es un síntoma que va y viene, presentándose de forma intermitente, y eso refuerza la lectura de que se trata de tensión acumulada, contracturas por ansiedad o somatización.

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La clave de este infradiagnóstico está en que el SPR produce, en sus fases iniciales, manifestaciones que son indistinguibles clínicamente de un trastorno de ansiedad. El SPR a menudo se diagnostica erróneamente como Parkinson, esclerosis múltiple, fibromialgia, enfermedad psicosomática o ansiedad y fobia. 

Céline Dion

El mecanismo de confusión más potente es la hipersensibilidad a estímulos externos. Los síntomas incluyen músculos rígidos en el torso, los brazos y las piernas, y mayor sensibilidad al ruido, al tacto y al estrés emocional, que puede desencadenar espasmos musculares. Para alguien sin conocimiento de la enfermedad, una persona que se sobresalta de forma exagerada ante un ruido fuerte, que siente rigidez cuando está nerviosa y que evita situaciones sociales con muchos estímulos, encaja perfectamente en el perfil de un trastorno de ansiedad generalizada o de un trastorno de pánico.

Hay otro síntoma que resulta especialmente engañoso: episodios de ansiedad incontrolable cuando se necesita cruzar grandes áreas abiertas sin ayuda, es decir, agorafobia, y que forman parte del cuadro clínico del SPR. La persona evita espacios abiertos, no porque tema el espacio en sí, sino porque la rigidez y los espasmos musculares hacen que cruzar una plaza o un pasillo largo sin apoyo se convierta en una situación de riesgo real. Pero la conducta de evitación, vista desde fuera, parece pura agorafobia. La ansiedad y la conducta de evitación pueden llevar a un diagnóstico erróneo de un trastorno fóbico. 

Siete años hasta el diagnóstico correcto

El resultado de esta cadena de malinterpretaciones tiene un coste medible. En promedio, se tarda alrededor de siete años en que alguien reciba su diagnóstico del síndrome de la persona rígida. Durante ese tiempo, los pacientes recorren consultas de psiquiatría, psicología, reumatología y neurología sin que nadie conecte los puntos, con distintos diagnósticos erróneos.

Esto tiene consecuencias directas sobre la calidad de vida. Y es que, el SPR afecta gravemente la vida laboral, social y emocional de quienes lo padecen, generando aislamiento, dependencia temprana y dificultades para el reconocimiento de la discapacidad. Con apenas medio centenar de pacientes —dado su carácter ultrarraro, la prevalencia estimada es de una a dos personas por millón de habitantes—, la creación de redes de coordinación clínica resulta especialmente urgente.

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Cuándo sospechar que no es ansiedad

El perfil epidemiológico ayuda a orientar la sospecha diagnóstica. La mayoría de los pacientes empiezan a mostrar los síntomas entre los 20 y 50 años, y las mujeres se ven afectadas entre dos y tres veces más que los hombres. Además, el SPR aparece de forma habitual asociado a otras enfermedades autoinmunes: diabetes tipo 1, tiroiditis, vitíligo o anemia perniciosa.

El diagnóstico no depende únicamente de la observación clínica, ya que para obtener un diagnóstico concreto se puede realizar un análisis de sangre que mide el nivel de determinados anticuerpos. La mayoría de las personas con SPR tienen niveles más altos de anticuerpos contra la descarboxilasa del ácido glutámico (DAG) y anticuerpos contra la anfifisina. Si esos marcadores se solicitan cuando el cuadro clínico los justifica, el tiempo para llegar al diagnóstico puede reducirse drásticamente.