Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cérvix

Así es el cáncer de cuello uterino, un tumor que se puede prevenir: "Es más letal que el de mama"

Una paciente en el Hopital público Infanta Cristina de Parla
Una paciente en el Hospital público Infanta Cristina (Parla, Madrid). COMUNIDAD DE MADRID
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Se prevé que en 2026 se diagnostiquen 2.760 nuevos casos de cáncer de cuello uterino (también llamado cáncer de cérvix) en España, según el informe 'Las cifras del cáncer en España 2026' de la Sociedad Española de Oncología Médica.

O lo que es lo mismo: cada día más de siete personas reciben este diagnóstico y aproximadamente dos fallecen. "El cáncer de cérvix es más letal que otros tipos de tumores, como el de mama", explica Jesús de la Fuente Valero, ginecólogo y coordinador de la Unidad de Patología del Tracto Genital Inferior y Virus del Papiloma Humano (TGI-VPH) del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid).

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A los cinco años del diagnóstico, fallece aproximadamente el 32% de las pacientes con cáncer de cuello uterino, frente al 14% en el caso del cáncer de mama. "Aunque es más frecuente tener el de de mama, es más probable morir de un cáncer de cérvix", señala el especialista en una entrevista con la web de Informativos Telecinco con motivo del Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, que se conmemora cada 26 de marzo.

Un cáncer altamente prevenible

La buena noticia es que el cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible. Aproximadamente el 95% de los casos están relacionados con una infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH),que se transmite por contacto sexual.

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La vacunación frente al virus, el uso del preservativo y los programas de cribado permiten reducir de forma significativa su incidencia. De hecho, la mayoría de los diagnósticos actuales se producen en mujeres que no pudieron beneficiarse de la vacuna.

El proceso desde la infección por VPH hasta el cáncer es lento y pasa por varias fases: la infección inicial, persistencia viral, desarrollo de lesiones precancerosas y finalmente cáncer. El cribado poblacional, implantado en España desde 2019, es clave para detectar estas lesiones antes de que evolucionen a cáncer. y tratarlas.

¿Se puede eliminar el cáncer de cérvix?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó la estrategia 90-70-90 con el objetivo de eliminar este cáncer como problema de salud pública. "Eliminar no significa que desaparezca por completo, sino reducir su incidencia por debajo de cuatro casos por cada 100.000 personas al año", aclara De la Fuente, también presidente de la Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia (AEPCC) y de la Asociación HPV Madrid.

Para lograrlo, se plantean tres objetivos: vacunar al 90% de las niñas antes de los 15 años, realizar pruebas de detección al 70% de las mujeres y tratar al 90% de aquellas con lesiones precancerosas o cáncer.

En España, destaca el especialista, se ha avanzado especialmente en vacunación, ampliando la cobertura no solo a niñas, sino también a niños y a grupos de riesgo. Además del cáncer de cérvix, el VPH puede provocar tumores en la vulva, vagina, pene, ano y garganta.

La importancia del cribado

En cuanto al cribado, en mujeres de 25 a 29 años se realiza citología cada tres años, mientras que entre los 30 y los 65 años se emplea el test de VPH cada cinco años. "Una de las ventajas del cáncer de cérvix es que puede detectarse antes de que aparezca", explica.

Sin embargo, la participación en estos programas sigue siendo insuficiente. "Muchas personas creen que no tienen riesgo porque llevan años con la misma pareja o porque no mantienen relaciones sexuales desde hace tiempo, pero no es así", advierte.

El riesgo persiste desde el inicio de las relaciones sexuales hasta, al menos, los 65 años. El virus puede permanecer latente ('dormido') durante muchos años y reactivarse con el tiempo. "Desde que se produce la infección hasta que aparece una lesión pueden pasar muchas décadas", señala.

Se estima que el 80% de las mujeres se infectará por algún tipo de VPH a lo largo de su vida, aunque en el 90% de los casos el organismo elimina el virus de forma espontánea en los dos primeros años.

El problema es que el virus no produce síntomas. "No avisa ni cuando se adquiere ni cuando se transmite", explica. Su activación (el paso a lesiones premalignas) depende en gran medida del sistema inmunitario, que puede perder eficacia con la edad o en etapas como la menopausia.

De hecho, no es raro que mujeres con pruebas negativas durante años presenten un resultado positivo en torno a la premenopausia o menopausia. "Podemos adquirir el virus en la juventud y que se manifieste mucho después", añade.

Cada año, alrededor de 2,5 millones de personas en España dan positivo en VPH. "Dar positivo en VPH no significa tener cáncer", insiste. "No sabemos quién desarrollará cáncer, pero sí sabemos que cerca del 60% de los casos se da en personas que nunca han participado en programas de cribado".

El test de autotoma: una herramienta clave

Para mejorar la participación, varias comunidades autónomas han incorporado el test de VPH en formato de autotoma para mujeres de entre 30 y 65 años. "Dan la opción de acudir al centro de salud para que se lo haga un profesional o de enviarles el kit al domicilio".

Este sistema novedoso permite recoger la muestra en casa y entregarla posteriormente en el centro de salud o farmacia. "Facilita el acceso a mujeres que no acuden por falta de tiempo, por motivos culturales o por miedo a la exploración", explica.

Según el especialista, la autotoma tiene la misma fiabilidad que la prueba realizada en consulta. No obstante, acudir al centro de salud ofrece la ventaja de poder resolver dudas con un profesional sanitario.

Actualmente, este sistema está plenamente implantado en Galicia, Cantabria y Navarra, y se está extendiendo progresivamente a otras comunidades como Comunidad Valenciana, Cataluña, Murcia y País Vasco.

Retos pendientes

El principal reto es mantener las altas coberturas de vacunación y ampliarlas a mujeres adultas. Aunque la vacuna es más eficaz antes del inicio de las relaciones sexuales, también puede beneficiar a personas que ya las hayan tenido, hayan estado expuestas al virus o incluso hayan llegado a tener una lesión" destaca.

En cuanto al cribado, el objetivo es superar el 70% de cobertura. "La tercera propuesta de la OMS que es el tratamiento de las lesiones ya está bien establecido: lo que detectamos, lo tratamos para evitar que progrese", resume.

Otro desafío es combatir el estigma. "El VPH sigue siendo un tema tabú por su relación con la sexualidad. Muchas personas sienten vergüenza o miedo al juicio social", lamenta.

El especialista insiste en que no hay motivo para la culpa. "Es una infección muy frecuente. Basta con no usar correctamente el preservativo en alguna ocasión para contraer el virus, y su uso exige constancia desde el inicio de la relación sexual", explica.

Tratamientos y fertilidad

Este tumor ocupa el puesto 16 entre los más comunes en mujeres, pero asciende al cuarto lugar en menores de 44 años. "Cuando una persona sobrevive a un cáncer de cérvix pueden aparecer posibles consecuencias en su capacidad reproductiva. Se trata de un órgano clave para la maternidad", subraya.

El VPH no tiene un tratamiento directo que elimine el virus. "Lo que tratamos son las lesiones que provoca", aclara. Estas intervenciones se realizan sobre el cuello del útero, una estructura clave para mantener el embarazo. Por ello, algunos tratamientos pueden aumentar el riesgo de parto prematuro o rotura de membranas.

En ciertos casos es necesario realizar una conización, que consiste en extirpar la zona dañada del cuello uterino. "Ese tejido no se regenera, aunque intentamos retirar la mínima cantidad posible", explica.

En general, una o dos intervenciones no suelen implicar grandes riesgos, pero las pacientes que requieren tratamientos repetidos tienen mayor probabilidad de complicaciones y necesitan un seguimiento más estrecho.

En fases iniciales del cáncer, esta técnica puede ser suficiente. En estadios más avanzados, es necesario combinar cirugía, quimioterapia y radioterapia, que en algunos casos puede provocar infertilidad permanente.

Una mirada al futuro

El futuro del cáncer de cérvix pasa por la prevención y la personalización de los tratamientos. "Cada vez conocemos mejor las características de los tumores, lo que nos permite adaptar las terapias y ser más precisos señala.

Uno de los retos actuales es tratar el cáncer sin dañar órganos cercanos como la vejiga o el recto, lo que puede provocar secuelas como incontinencia. Los avances buscan reducir esta agresividad. Además, se están desarrollando nuevas estrategias, como la inmunoterapia, que ya se encuentra en ensayos clínicos.

"Todo esto permitirá mejorar el control del tumor, aumentar la supervivencia y, sobre todo, la calidad de vida de las pacientes", concluye.