Estado de salud

Los síntomas del cáncer de vejiga que se pasan por alto y podrías confundir con una infección

Enrique Grande, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional. (Merck)
  • El cáncer de vejiga es el quinto tumor más frecuente, y su incidencia sigue siendo muy superior en hombres

  • El tiempo entre tratamientos condiciona el pronóstico de supervivencia del cáncer de vejiga

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Hay una pregunta que los oncólogos repiten con una frecuencia que ya de por sí es una señal de alerta: ¿cuánto tiempo llevaba usted con esos síntomas antes de consultar? La respuesta suele ser incómoda. Meses. A veces, incluso más. Y en muchos casos, la explicación para no buscar consejo médico no es la desidia ni el miedo, sino algo más traicionero, sino que los síntomas del cáncer de vejiga se parecen demasiado, y durante demasiado tiempo, a los de una simple infección urinaria.

En España se diagnosticarán este año cerca de 23.929 nuevos casos de cáncer de vejiga, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica y REDECAN. Es el quinto tumor más frecuente, y su incidencia sigue siendo muy superior en hombres (con una proporción cercana al 1 a 5). Unas cifras que, paradójicamente, pueden generar una falsa sensación de seguridad en ellas. Pero que el médico no lo busque no significa que no esté.

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La trampa del síntoma que desaparece

El síntoma más característico del cáncer de vejiga es la hematuria, es decir, la presencia de sangre en la orina, que aparece en el 80% de los casos. Pero lo que hace especialmente peligrosa a esta señal es su intermitencia. Como explica el doctor Enrique Grande, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional, con el que hemos hablado de la mano de Merck, "aunque aparezca una sola vez, aunque no produzca dolor y aunque desaparezca después, siempre merece una valoración médica. Muchas personas piensan que ya se me ha pasado y retrasan la consulta, pero precisamente así pueden demorarse diagnósticos importantes".

La sangre en la orina, además, no siempre se presenta como un rojo inconfundible. Puede adoptar el color de la orina rosada, del té, del café, de la Coca-Cola. Y en muchos casos ni siquiera es visible: se trata de microhematuria, detectable únicamente mediante análisis. "Muchas personas no identifican esos cambios como algo relevante", señala Grande, que insiste en consultar ante cualquier alteración persistente del aspecto de la orina.

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Cuando el diagnóstico le llega a otra persona

El problema real empieza cuando esos síntomas aterrizan en el imaginario de enfermedades cotidianas. El escozor al orinar hace pensar en una infección. La urgencia miccional, en una vejiga hiperactiva. La frecuencia aumentada en la noche, en la edad o en la próstata. Cada uno de estos síntomas, aislado, tiene una explicación benigna al alcance de la mano. Y el sistema, en ocasiones, valida esa explicación.

Y es que, los síntomas del cáncer de vejiga pueden ser idénticos a los de una infección de la vejiga (cistitis), y los problemas pueden presentarse juntos.

En mujeres, este problema tiene una dimensión adicional. Según datos de la Coalición Mundial de Pacientes con Cáncer de Vejiga, las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico erróneo de infección urinaria antes de que finalmente se les diagnostique un cáncer de vejiga. El urólogo Alejandro Fernández Larrañaga lo cuantifica, afirmando que en mujeres, en general, se tarda casi un mes más en diagnosticar el cáncer de vejiga. Un mes que, dependiendo del estadio en que se encuentre el tumor, puede no ser irrelevante.

"En mujeres, puede confundirse con infecciones urinarias recurrentes. Y en hombres, con síntomas prostáticos", resume el doctor Grande. "Por eso es tan importante mantener un cierto nivel de sospecha, sobre todo en personas con factores de riesgo como el tabaquismo".

El factor que nadie menciona al dejar de fumar

El tabaco es el principal factor de riesgo del cáncer de vejiga. Aproximadamente la mitad de los casos están relacionados con el tabaquismo, según explica el propio Grande. El explicación es directa, ya que los carcinógenos inhalados pasan a la sangre y se eliminan por la orina, donde permanecen durante años en contacto con la mucosa vesical.

Lo que muchos exfumadores ignoran es que el riesgo no desaparece si nos despedimos de los cigarrillos. Decrece con el tiempo, pero un exfumador sigue teniendo un riesgo superior al de alguien que nunca fumó. A esto hay que sumar que también existe un riesgo laboral vinculado a determinadas industrias químicas y colorantes. El perfil más expuesto: hombre mayor de 50 años, fumador o exfumador, que relativiza sus síntomas urinarios porque "son cosas de la edad".

Lo que cambia si se detecta antes

La detección precoz no es un mensaje vacío en este tumor. El doctor Grande traza la diferencia con una claridad brutal: cuando el tumor se encuentra en fases superficiales o no músculo-invasivas, las posibilidades de control son muy altas y muchas veces es posible preservar la vejiga. Cuando ha invadido músculo, el tratamiento puede requerir la extirpación completa del órgano, una cirugía que, según fuentes médicas especializadas, puede durar entre siete y diez horas, además de poder requerir tratamiento de quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia.

La prueba que permite ver el interior de la vejiga directamente se llama cistoscopia, y es el instrumento diagnóstico fundamental. Grande lleva años desmontando el miedo que genera: "Hoy es una prueba mucho más tolerable de lo que muchas personas imaginan. Se realiza de forma ambulatoria, dura pocos minutos". El argumento de fondo es inapelable: retrasar la prueba por pudor o miedo puede retrasar también un diagnóstico precoz.

En cáncer de vejiga, el tiempo no es neutral. Y la confusión con una cistitis, en demasiados casos, no es un error: es el escenario más probable. Reconocerlo como tal es ya parte del diagnóstico.