Alimentación

Por qué concentrar la ingesta diaria en una horquilla de entre ocho y nueve horas puede reducir el riesgo de padecer demencia

Peersonas comiendo en un centro social
Concentrar la ingesta en unas pocas horas al día no solo ayuda a reducir peso, sino que ayudaría a combatir la demencia. Pixabay
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Limitar las horas de comida al día podría contribuir a reducir el riesgo de deterioro cognitivo, según un estudio preliminar que será presentado próximamente en EEUU. La investigación, realizada en mujeres mayores con sobrepeso u obesidad, sugiere que concentrar la ingesta diaria en una ventana de entre ocho y nueve horas podría mejorar funciones cognitivas vinculadas a la memoria y la resolución de problemas. Se trata, no obstante, de un ensayo piloto con un número reducido de participantes, por lo que sus conclusiones deben interpretarse con cautela.

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Perder peso previene parte del deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento

Según informa Infobae, el trabajo, cuyos resultados serán presentados en el congreso NUTRITION 2026 de la Sociedad Estadounidense de Nutrición, apunta a que “reducir el tiempo durante el que se come cada día, además de favorecer la pérdida de peso, podría aportar beneficios para la salud cerebral”. Además, el citado medio recuerda que, las participantes que siguieron una ventana de alimentación más estrecha mostraron mejoras moderadas en pruebas cognitivas específicas.

El estudio reclutó a 47 mujeres de entre 50 y 79 años con sobrepeso u obesidad. Todas siguieron un programa de adelgazamiento que reducía en 500 calorías su ingesta diaria habitual. Sin embargo, se dividieron en dos grupos: uno mantuvo un horario de alimentación convencional de unas 12 horas, mientras que el otro concentró todas las comidas en menos de nueve horas, generalmente entre las diez de la mañana y las seis de la tarde. Infobae detalla que la ventana media de alimentación fue de “8,2 horas, frente a las 12,3 horas del grupo de comparación”.

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Tras seis meses, ambos grupos perdieron prácticamente el mismo peso, una media de “6,8 kilogramos por participante”. Las diferencias aparecieron al evaluar el rendimiento cognitivo ya que las mujeres que limitaron el horario de comidas obtuvieron mejores resultados en pruebas de planificación espacial y resolución de problemas. Además, mostraron una tendencia a cometer menos errores en ejercicios de memoria y aprendizaje, aunque sin diferencias significativas en capacidades como la multitarea o el tiempo de reacción.

La investigadora principal, Sue Shapses, explicó que “perder peso por sí solo previene parte del deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento”, pero los datos sugieren “beneficios adicionales si se deja de comer cuatro horas antes de acostarse y se reduce la ingesta de alimentos a 8-9 horas al día”. Según Infobae, estos resultados “sugieren una mayor capacidad para recordar información durante las tareas cotidianas y menos errores relacionados con la memoria, la atención y la resolución de problemas”.

Los autores subrayan que se trata de un estudio piloto y que “los resultados deberán confirmarse en ensayos de mayor tamaño antes de extraer conclusiones definitivas”. También planean investigar los mecanismos biológicos que podrían explicar estos efectos, entre ellos los ritmos circadianos, la detección de nutrientes, la inflamación y la salud metabólica. Factores que, según Infobae, podrían ayudar a entender por qué “concentrar la ingesta diaria en menos horas parece asociarse a una mejor función cognitiva”.

Aunque los datos son preliminares, el estudio abre una línea de investigación sobre cómo el momento en que se come —además de la cantidad de alimentos— podría influir en el envejecimiento cerebral y en el riesgo de demencia.