Jubilación

Tartessos, un ejemplo único de cohousing coopetarivo: “Hay que ser espartano, te ponen zancadillas por todos lados”

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Complejo residencial de cohousing senior Tartessos.. (Cedida por Tartessos)
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En Rincón de la Victoria, Málaga, se ha materializado el sueño de un grupo de personas que decidieron vivir juntos la madurez. En noviembre de 2025 se inauguró Tartessos, un complejo residencial de 65 apartamentos con vistas al mar y distintas zonas comunes, cafetería, comedor, zona de ocio, salón social, jardín, piscina, zona sanitaria, gimnasio, salas multifuncionales, una terraza chill out y hasta un huerto urbano. La playa está a pocos metros y una temperatura media de 20 grados todo el año. La idea era emprender un nuevo modelo de vida, en común, acordando las reglas entre todos y decidiendo entre todos cómo querían vivir.  Y lo han conseguido.

El cohousing senior suena bien. Vivir en un entorno bonito y adaptado, con gente afín que garantice el contacto social pero sin renunciar a la intimidad, y facilitando las ayudas sanitarias para cuando te hagan falta, si los años no perdonan y, además, todo esto a precios asequibles. ¿Quién no se apunta a un plan así?

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Pero las dificultades para concluir los proyectos son enormes, y la mayoría fracasa o se estanca indefinidamente por falta de apoyos, trabas administrativas, desilusión o por la interminable cantidad de gestiones que implica.   

La realidad de Tartessos es un ejemplo inspirador, y su alma mater, José Antonio López, explica a Uppers cómo ha sido el proceso.

Grupo sólido

“El núcleo fundacional lo forman personas que nos conocíamos desde hace más de 30 años y todos teníamos inquietudes sociales y habíamos participado en proyectos. Por ejemplo, montamos un banco de alimentos que ahora da de comer a 600 personas. Yo creo que ese núcleo fundacional fuerte y unido es vital para que cualquier proyecto de este tipo pueda tener éxito. Los proyectos entre gente que no se conoce de nada y se junta para hacer algo así son casi imposibles”, cuenta José Antonio.

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Grupo tartessos

La idea del cohousing surgió medio en broma. “Ya teníamos todos entre 50 y 60 años y nos lo planteamos como plan de futuro, como forma de vivir a nuestro modo y de no depender de nuestros hijos o de la familia cuando las fuerzas empiecen a fallar. Empezamos a ver lo que existía y nos fijamos en Trabensol, que tienen mucho mérito y fueron de los primeros. Pero ellos tienen su complejo en la sierra de Madrid, donde los inviernos son más fríos, y nosotros pensamos en un clima más benigno, que permitiera salir más en todas las épocas del año y fuera más viable económicamente por los gastos de calefacción que supone”.

Chill out

José Antonio ha sido autónomo toda su vida, ha montado proyectos de todo tipo con más o menos éxito, desde supermercados a casas rurales, pero de cohousing no sabían gran cosa. La Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo, FAECTA, y el programa Andalucía Emprende de la Junta de Andalucía les echó una mano en el proceso, pero decidieron hacerlo todo ellos mismos, sin acudir a ninguna consultora especializada en este tipo de proyectos.

“Sí, hay estudios de arquitectura y consultoras que se encargan de todo el proceso, gestionar los terrenos, los permisos y demás, pero nunca lo van a hacer como tú, no van a pelear por el precio del metro cuadrado de baldosas como tú. Además, el proyecto se encarece en un millón de euros o más”, asegura.

El suelo

El primer paso era encontrar un suelo adecuado. “El problema es que no hay legislación sobre cohousing en España. Las administraciones no saben qué es, y te tiran para atrás el proyecto. Para abaratar costes fuimos a buscar suelo dotacional. No era viable en suelo residencial. En esta fórmula no hay división horizontal, el socio no tiene escrituras ni nada, el único propietario es la cooperativa que cede a perpetuidad el uso de las unidades habitacionales y las zonas comunes a sus socios y a sus descendientes. De este modo no se puede especular con las viviendas. No se pueden vender ni alquilar y el ahorro de costes es considerable, de unos 20.000 euros el metro cuadrado con suelo dotacional a 100.000 euros el metro cuadrado en suelo residencial. Lo que pasa es que esta fórmula no interesa, porque no se puede especular con el suelo, con los gastos de construcción, con los impuestos…”, denuncia José Antonio.

Sin legislación

Este desinterés y desconocimiento administrativo por los proyectos de cohousing es una de las grandes debilidades del modelo, que prolonga interminablemente los proyectos. Además de venderte el suelo dotacional, el ayuntamiento debe conceder el permiso para construir un cohousing, y en muchos casos no saben lo que es. “El nuestro es un caso excepcional”, explica José Antonio, “constituimos la cooperativa en 2019, y ya tenemos el proyecto terminado, aunque aún no hemos podido entrar a vivir porque Endesa lleva dos meses de retraso en darnos la luz. Nos ponen zancadillas por todas partes, hay que ser espartano si quieres llegar al final. Cuando empezamos nosotros había 7 u 8 proyectos en marcha de cohousing en Andalucía. Ahora solo queda el nuestro.”

Esta fórmula ha permitido que el coste de los apartamentos esté muy por debajo de los precios del mercado. Los apartamentos de 50 metros cuadrados cuestan 128.000 euros, y cada socio debe 60.000 euros por un préstamo que se ha pedido para las zonas comunes. Un apartamento de estas características en la zona tiene un precio de mercado de unos 400.000 euros. Además, dispone de distintas zonas comunes que dan valor al proyecto.

Interés

En la actualidad la cooperativa tiene 65 socios titulares y 31 socios esperando que haya alguna baja, y 150 socios interesados en iniciativas similares. Uno de los temas que más inquietan en este modelo es la atención a la dependencia que pueda surgir con los años. “La idea es prolongar la vida saludable lo máximo posible, pero la dependencia puede llegar. Queremos que los socios puedan ser atendidos en sus apartamentos cuando lo necesiten a no ser que sea imposible. Para atender casos de gran dependencia se ha creado una hucha que cubrirá gastos a quien lo necesite. Todos los meses los socios ingresarán una cuota de unos 50 euros, que con el tiempo supone una cantidad considerable para cuando haga falta”.

A sus 68 años José Antonio reconoce que el trayecto es difícil “si tú conocieses la realidad y lo que te va a costar, nadie se metería. La clave es creer en el proyecto, si te lo crees, lo sacas, pero tiene que haber un equipo, tener gente buena que te rodee, te de confianza y apoyo, porque al final siempre hay dos o tres que son los que tiran para adelante y hacen más esfuerzos. La constancia y los compañeros de viaje son esenciales en este camino, porque las dificultades van a llegar. Es muy bonito eso de envejecer con amigos, al lado del mar y con una vida plena, pero hay muchas cosas que se cruzan en el camino. Lo importante es tener muy claro lo que quieres, y pelear, pelear, pelear y pelear”.     

Merece la pena 

Para José Antonio merece la pena tanto esfuerzo: “Hay que tener perspectiva. Todos sabemos que la vejez llega y nadie quiere quedarse solo. La soledad no deseada mata, te consume rápidamente. Muchas veces vivir en tu casa, donde ya no tienes vecinos, donde tienes miedo de salir a la calle por si te caes o te desorientas… vives una vida muy hermética que te conduce al final a la dependencia y a que te tengan que atender en una residencia, y eso no lo quiere nadie. Aquí lo que queremos es vivir, relacionarnos con los amigos, crear oportunidades de ocio, de participar en la comunidad, en el barrio, en el pueblo… de cultivar tus aficiones, de hacer vida sana. Y cuando necesites ayuda, que te la proporcionen en tu casa, con gente que te quiere y te conoce”, explica Jose Antonio.

jose antonio lopez

Después de un periplo de 7 años de trabajo duro que le han costado muchos euros de su bolsillo y muchas horas de sueño perdido pregunto a José Antonio si volvería a meterse en un jardín como éste y la respuesta es clara, “ya estamos trabajando para abrir otro en Vélez Málaga”.