Una vecina de Loma Colmenar relata cómo es su vida tras la llegada de miles de migrantes: "No tenemos nada de normalidad"

Inmigrantes durmiendo en el suelo dentro del portal y otros cientos tirados frente a la carpa donde se alojan
El Gobierno saca los polideportivos de los espacios para alojar a los migrantes en Ceuta, tras la escalada de violencia
La situación en Ceuta sigue siendo complicada: los vecinos no salen de sus casas, los empresarios tienen sus locales cerrados y los violentos han salido a prender fuego a los campamentos improvisados de los migrantes. El Gobierno acelera la reorganización de los espacios temporales para alojarlos, pero el malestar crece a ritmo más rápido.
Esta vecina de Loma Colmenar nos abre las puertas de su casa y cuenta lo que se encuentra cada vez que entra o sale. "Todos dormidos en el suelo". Es la nueva realidad del día a día de esta mujer que al llegar a su casa se encuentra a "inmigrantes durmiendo dentro del portal del edificio".
Esto es la realidad en Ceuta: "No tenemos nada de normalidad, tenemos cuatro culturas, vivíamos bien, cada uno sus cosas y ahora mira lo que tenemos relata la mujer que señala hacia la acera, donde hay decenas de personas amontonadas con mantas y sobre cartones.
Esta era una zona residencial tranquila, que se ha convertido en uno de los puntos donde se concentra la mayor parte de los migrantes que permanecen todavía en Ceuta. Muchos están viviendo de la caridad de los vecinos. "Esta gente le dejo que se duchen, si hay que alcanzarle de algo de comer se le da, el agua", dice una de estas buenas samaritanas.
Otro recuerda, lo que parece olvidado entre tanto malestar: "Son humanos, son personas" asegura. Las calles, alrededor de la carpa instalada en Loma Comenar reflejan la crisis con personas que duermen a la intemperie, con lo puesto, sin recursos, esperando a que terminen las obras para acondicionar y agrandar el espacio temporal de acogida.
Dentro hay algunos afortunados, unos 778 inmigrantes que aseguran que "dentro se está caliente durante la noche" Llevan una pulsera, viven en tiendas militares con comida, agua y lavabo. Matan el tiempo rezando, jugando a la pelota o mirando el móvil.
La gente del barrio trata de seguir con su vida y con su nueva normalidad esperando que llegue una solución, cuanto antes.
