Carla Bruni y su año sin probar el alcohol: "Le hice una promesa a mi hija"

La ex primera dama cree que ha sido una experiencia muy positiva: "Pone el alcohol en perspectiva"
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La ex primera dama francesa Carla Bruni ha encontrado en su hija Giulia una motivación mucho más poderosa que cualquier propósito de año nuevo. La cantante y ex supermodelo ha revelado que lleva un año sin beber una sola gota de alcohol después de hacer una promesa a la adolescente, de 14 años.
Lo contó durante su participación en el pódcast 'Sens & Confidences', donde explicó que el compromiso nació a petición de su hija y que cumplirlo se ha convertido en un auténtico ejercicio de disciplina. "Mi hija me pidió que dejara de beber durante un año y le dije que sí. Desgraciadamente", comentó con el humor que la caracteriza. Sin embargo, enseguida matizó que la experiencia ha terminado siendo muy positiva. "En realidad, es una gran alegría porque pone el alcohol en perspectiva".
La cantante de 'Quelqu’un m’a dit' siempre ha reconocido que disfruta del vino y que forma parte de su vida social, motivo por el que mantener la promesa le ha supuesto un reto constante. Para ella, el alcohol "es algo maravilloso, pero requiere moderación". De hecho, llegó a definirlo como un "veneno delicioso", una expresión con la que resume la relación ambivalente que ha mantenido durante años con la bebida.
Una larga y difícil relación
Tampoco es la primera vez que Carla Bruni, de 58 años, habla con absoluta franqueza sobre este asunto. De hecho, lleva varios años reconociendo públicamente que tiene una personalidad propensa a las adicciones. En 2023, durante su intervención en el pódcast 'Contre-Addictions', explicó que esa tendencia la había acompañado desde muy joven.
En aquella conversación recordaba que de niña era capaz de consumir cantidades desorbitadas de refrescos azucarados ( "entre 30 y 40 Coca-Colas al día") y que, con el paso del tiempo, llegaron el tabaco y el alcohol. El problema, a su juicio, no era beber a diario, sino su incapacidad para detenerse una vez empezaba. "Como soy adicta, no me paro en una ligera intoxicación", confesó entonces.
Un año después, en el programa italiano 'Belve', volvía sobre la misma cuestión con una reflexión que tuvo una gran repercusión. "Por desgracia, el alcohol es para la gente moderada", sostenía. En esa charla confesaba que tras la primera copa se le aparecía "un pequeño diablo delicioso" que la animaba a seguir bebiendo, convenciéndola de que era más divertida y más sociable. Esa falta de freno, decía, era precisamente el origen del problema.
El papel de Nicolas Sarkozy
La propia Bruni también ha explicado en distintas entrevistas que su matrimonio con Nicolas Sarkozy marcó un antes y un después en su forma de relacionarse con el alcohol. El expresidente francés apenas bebe y ese estilo de vida terminó influyendo en ella.
En el citado pódcast 'Contre-Addictions' reconocía que Sarkozy había sido un apoyo importante porque, a diferencia de ella, nunca ha sentido atracción por los excesos. "Él me ayuda a dejarlo porque no bebe", aseguraba. Aquella convivencia la llevó a moderar progresivamente el consumo y a ser mucho más consciente de los riesgos asociados a una personalidad adictiva.
La decisión de mantenerse un año entero sin beber no responde, según ha admitido, a una cuestión estética ni a una recomendación médica. Su intención era demostrar a Giulia que las promesas se cumplen, incluso cuando exigen renunciar a hábitos muy arraigados. Paradójicamente, ese compromiso familiar ha terminado convirtiéndose en una de sus mejores decisiones.

