Noruega

La historia de amor de Harald y Sonia de Noruega: del ultimátum del rey para casarse con una plebeya a despedirse un día antes de su aniversario

Harald y Sonia de Noruega, en una imagen de archivo. Cordon Press
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La historia de amor del rey Harald y la reina Sonia de Noruega comenzó mucho antes de que fueran rey y reina y, durante casi una década, tuvo que sobrevivir a aquello que parecía imposible de superar: la propia Corona. Él era el heredero al trono y ella una joven noruega sin sangre azul. Se enamoraron cuando apenas tenían 20 años y tuvieron que esperar nueve años para conseguir permiso para casarse.

El suyo fue un romance que puso en jaque la continuidad de la dinastía noruega, obligó al rey Olav V a replantearse una de las tradiciones más arraigadas de la institución y terminó convirtiéndose en uno de los matrimonios reales más duraderos de Europa.

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Ahora, aquella historia ha llegado a su fin. Harald V ha muerto este pasado viernes, 28 de agosto, a los 89 años, en el Hospital Universitario de Oslo. El Palacio Real ha comunicado que falleció en paz a las 6:35 de la mañana. Sin embargo, lo ha hecho exactamente un día antes de la fecha en la que él y Sonia habrían celebrado su 58º aniversario de bodas. Y es que el 29 de agosto de 1968, Harald, entonces príncipe heredero, y Sonja Haraldsen se dieron el 'sí, quiero' en la catedral de Oslo después de casi 10 años de relación y de una larga batalla para conseguir que aquella boda se hiciera realidad.

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Quién era ella y cómo se conocieron

Harald y Sonja se conocieron en junio de 1959. Él tenía 21 años y era ya el único hijo varón y heredero del rey Olav V. Ella, también nacida en 1937, era hija de Karl August Haraldsen, un comerciante y empresario del sector de la confección, y de Dagny Ulrichsen.

El encuentro tuvo lugar en una fiesta organizada por un amigo común, Johan H. Stenersen. Unos meses después, en agosto de aquel mismo año, Harald invitó a Sonja al baile que celebraba su graduación de la Academia Militar Noruega. Fue allí cuando ambos fueron fotografiados juntos por primera vez.

Ella no procedía de una familia aristocrática ni pertenecía a ninguna casa real. Solo era una joven noruega. Había estudiado contabilidad, diseño de moda y ciencias sociales y después amplió su formación en la Universidad de Oslo, donde cursó francés, inglés e Historia del Arte. Y ese detalle era el gran problema.

En la Europa de finales de los años cincuenta y sesenta todavía se esperaba que los herederos de las monarquías contrajeran matrimonio con princesas o mujeres pertenecientes a familias reales o aristocráticas. Para la Corona noruega, permitir que el futuro rey se casara con una plebeya no era solo una cuestión sentimental: podía tener consecuencias constitucionales. Harald, sin embargo, ya había elegido.

Nueve años de espera para el 'sí, quiero'

Durante años, la relación tuvo que mantenerse, en gran medida, en secreto. Harald y Sonja se veían, pero no podían vivir su noviazgo con la libertad de cualquier pareja.

El rey Olav no estaba dispuesto a dar su consentimiento. El problema era delicado porque Harald era el único heredero directo de la Corona. Si no se casaba y no tenía descendencia, la sucesión de la dinastía podía quedar comprometida.

De hecho, durante aquellos años se barajaron para Harald diferentes posibles enlaces con princesas europeas. Entre los nombres que aparecieron estuvieron la princesa Alexandra de Kent y las princesas Sofía e Irene de Grecia y Dinamarca. Incluso se llegó a hablar de un enlace nupcial con la entonces futura reina Sofía, madre del actual rey Felipe. Pero Harald no quería otra princesa. Quería a Sonja.

Tras cumplir 30 años, en 1967, el príncipe heredero le lanzó un ultimátum a su padre y dejó clara su postura: si no podía casarse con Sonja, no se casaría con nadie. La amenaza lo cambiaba todo. Si Harald permanecía soltero y sin descendencia, la propia continuidad de su rama de la familia real quedaba en entredicho, y desataría una crisis para la propia monarquía noruega.

El rey Olav terminó consultando al Gobierno noruego. La cuestión dejó de ser familiar y pasó a convertirse en un asunto de Estado. Finalmente, en marzo de 1968, llegó la autorización. El compromiso fue anunciado oficialmente el 19 de marzo de 1968. Habían pasado nueve años desde que Harald y Sonja se conocieron.

Harald le entregó a su prometida un anillo de diamantes y rubíes que había pertenecido a su madre, la princesa heredera Märtha. Décadas después, aquella joya volvería a tener un papel en la familia: su hijo Haakon acabaría entregándosela a Mette-Marit con motivo de su propio compromiso.

La boda

El 29 de agosto de 1968, finalmente, llegó el día que habían esperado durante casi una década. Harald y Sonja se casaron en la catedral de Oslo. La ceremonia comenzó a las cinco de la tarde y reunió a unos 850 invitados, una cifra contenida para la boda de un heredero europeo.

Fue el propio rey Olav quien acompañó a Sonja hasta el altar. El padre de la novia había fallecido años antes y aquel gesto llamó especialmente la atención: el hombre que durante tanto tiempo se había opuesto a aquel matrimonio terminó llevando a la mujer que había elegido su hijo hasta el altar.

Sonja llevaba un vestido de seda diseñado por la firma noruega Molstad y, en lugar de una tiara, lució flores en el cabello para sujetar su largo velo de tul. Harald vistió el uniforme de gala del Ejército noruego.

Su vida como marido y mujer y después como reyes

Después de la boda, se instalaron en Skaugum, la residencia tradicional del heredero de la Corona. Allí comenzaron su vida familiar lejos, en la medida de lo posible, de la pompa de Palacio.

Su primera hija, la princesa Marta Luisa, nació en 1971. Dos años después nació el príncipe Haakon, destinado a convertirse en heredero y, finalmente, en rey de Noruega.

Cuando Harald heredó el trono tras la muerte de su padre, Olav V, en enero de 1991, aquella mujer que años antes había sido considerada demasiado plebeya para casarse con el heredero se convirtió en reina de Noruega. Fue, además, la primera reina consorte noruega desde la muerte de la reina Maud en 1938.

Durante sus décadas juntos, Harald y Sonja construyeron una imagen de pareja mucho menos rígida que la de otras monarquías europeas. Compartieron su pasión por la naturaleza, los deportes y, sobre todo, la montaña y el esquí. Las vacaciones de Pascua en la cabaña real de Prinsehytta, en Sikkilsdalen, se convirtieron en una de las grandes tradiciones familiares. En 1968, el mismo año de su boda, Sonja participó por primera vez en aquella escapada familiar; 58 años después, en la Pascua de 2026, ambos volvieron a desplazarse juntos hasta allí.

Sonja, por su parte, también impulsó proyectos culturales y musicales y, en 2005, se convirtió en la primera reina en visitar la Antártida. Mientras tanto, Harald fue un apasionado de la vela desde su juventud y llegó a representar a Noruega en tres Juegos Olímpicos: Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972.

Pero quizá uno de los rasgos más llamativos de su matrimonio fue la naturalidad con la que parecían tratarse en privado. En una entrevista de 1999, cuando se hablaba de la posibilidad de que Harald pudiera abdicar algún día, el rey bromeó diciendo que permanecería en el trono de por vida salvo que "se volviera completamente loco". Sonja, entre risas, respondió: "Pero ¿quién te lo dirá?".

Con el paso de los años, el matrimonio que había provocado una crisis constitucional terminó convirtiéndose en el precedente que permitió que la monarquía noruega siguiera evolucionando.

Cuando Haakon se enamoró de Mette-Marit, una mujer sin sangre real, madre soltera y con un pasado que generó una gran polémica, la historia de Harald y Sonja pesó inevitablemente. Harald sabía lo que significaba que un heredero eligiera a una mujer que no encajaba en el antiguo modelo de esposa real.

Harald y Sonja llegaron a celebrar sus bodas de plata, sus bodas de oro y, después, continuaron juntos hasta superar casi seis décadas de matrimonio. En 2018 celebraron sus 50 años de casados.

La muerte de Harald, un día antes de su aniversario de bodas

Este pasado 28 de agosto, la historia que comenzó en 1959 ha terminado con la muerte de Harald. Sonja pierde así al hombre al que eligió cuando ninguno de los dos podía imaginar todo lo que les esperaba.

Pierde al joven príncipe que conoció en una fiesta en 1959. Al hombre por el que esperó nueve años. Al futuro rey por el que estuvo a punto de enfrentarse a una institución que no quería aceptar su matrimonio. Al padre de sus dos hijos. Y al compañero con el que compartió 57 años, 11 meses y 30 días de matrimonio. Porque este sábado, 29 de agosto, Harald y Sonja habrían cumplido 58 años de casados.