La muerte de su hija Paula y una boda a los 77: el lado más personal de Isabel Allende

La chilena se ha convertido en la escritora de más edad en ganar el premio Planeta por 'La hora antes del alba'
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A sus 84 años, Isabel Allende se ha convertido en la escritora de mayor edad en ganar el Premio Planeta. Lo ha hecho con 'La hora antes del alba', una novela que prolonga el universo de 'La casa de los espíritus', el libro con el que comenzó su exitosa trayectoria internacional en 1982. El galardón reconoce una carrera extraordinaria, pero también devuelve la mirada hacia la mujer que ha alimentado con episodios de su propia vida esas historias que han acompañado a millones de lectores.
Allende nunca ha sido una autora que esconda sus heridas. Ha hablado del padre que desapareció de su infancia, de las mujeres que moldearon su carácter, de la muerte de su hija Paula y de las oportunidades sentimentales que llegaron cuando muchos consideran que la vida ya debería estar resuelta.
La huella del padre ausente
Hay ausencias que dejan una huella incluso cuando apenas se tienen recuerdos de ellas. Isabel Allende era muy pequeña cuando su padre abandonó a su madre, Francisca Llona, y a sus tres hijos. Su madre regresó entonces a la casa de su propio padre en Santiago de Chile, un lugar que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes territorios imaginarios de la escritora.
La escritora chilena ha contado en alguna ocasión que su madre destruyó las fotografías de Tomás Allende Pesce -primo hermano del expresidente Salvador Allende- y que en casa apenas se hablaba de aquel hombre. Aquel vacío y el crecer en un entorno de mujeres fuertes que debían valerse por sí mismas bajo un patriarcado severo forjó su temprano carácter feminista. "Nunca confié en que alguien cuidaría de mí", confesó en una entrevista con Harvard Business Review.
La independencia no fue para ella una consigna abstracta, sino una forma de protegerse. La casa de su abuelo materno también le proporcionó otra herencia. Era un hogar lleno de libros, conversaciones, personajes excéntricos y relatos familiares. Allí creció escuchando historias que, con los años, encontrarían una segunda vida en sus novelas.
Una carta de despedida
El 8 de enero de 1981 Allende recibió una noticia que la hizo viajar mentalmente hasta su infancia. Su abuelo materno, de casi cien años, estaba gravemente enfermo en Chile. Ella vivía exiliada en Venezuela y no podía regresar para despedirse de él. Así que decidió escribirle una carta. "Al segundo o tercer párrafo ya me di cuenta de que era una carta diferente", recordó en una entrevista. Su imaginación se desató y las historias acumuladas durante años empezaron a salir "como un torrente".
Su abuelo murió, pero ella continuó escribiendo durante un año hasta reunir más de 500 páginas que se convertirían en 'La casa de los espíritus', publicada en 1982 y destinada a cambiar su vida. A partir de ese hito, descubrió su verdadera vocación y adoptó el ritual inquebrantable de empezar cada uno de sus libros un 8 de enero.
La muerte de Paula y el libro que la ayudó a seguir viviendo
Hay dolores para los que ninguna preparación resulta suficiente. La escritora chilena lo descubrió cuando su hija Paula enfermó gravemente y entró en coma en 1991. La joven, de 28 años, padecía porfiria, una enfermedad que desencadenó una crisis devastadora. Murió el 6 de diciembre de 1992, a los 29 años.
Su ausencia dejó una herida que Allende no intentó disimular ni convertir en una historia de superación inmediata. El libro que lleva su nombre nació en medio de aquel duelo. Allende comenzó a escribir para mantener un vínculo con su hija y para comprender lo que estaba sucediendo. "Escribir es mi manera de hacer el duelo", afirmó.

'Paula', publicado en 1994, es uno de sus libros más personales. En sus páginas conviven la historia familiar, la memoria de la enfermedad y la necesidad de encontrar un sentido a una pérdida que no admite explicaciones sencillas. También impulsó la Fundación Isabel Allende en honor al deseo de su hija de ayudar a mujeres y niños en situación de riesgo.
Volver a enamorarse más allá de los 70
Tras pasar por dos divorcios y la muerte de personas muy queridas, Allende descubrió que el amor todavía podía sorprenderla. Tenía 75 años cuando conoció a Roger Cukras, un abogado de Nueva York que había escuchado una entrevista suya en la radio y decidió escribirle.
Su historia parece el guion de una comedia romántica. Él empezó a enviarle correos electrónicos. Ella no respondió de inmediato, pero, cuando recibió un ramo de flores acompañado de otro mensaje, decidió contestar personalmente. Durante meses, él le dio los buenos días y las buenas noches por correo electrónico. Finalmente, cuando ella viajó por trabajo, quedaron en persona. Según contó la propia escritora a 'El País' en 2017, bastaron cinco minutos para que surgiera la conexión.
"Me enamoré a los 75 por tercera vez en mi vida (...) No hay amor sin riesgo", dijo entonces. La relación siguió adelante y terminaron casándose en 2019 en una ceremonia íntima acompañada únicamente por hijos y nietos. Al ganar el Planeta, la escritora no pudo evitar hacer comparaciones con su apuesta por el amor maduro: "Nunca me había presentado a un concurso para evitar la humillación de quedar a la cola. Decidí correr el riesgo porque era un desafío, como casarme con 80 años".
