Leo Messi y Antonela Roccuzzo, de la mano en Oviedo: su historia de amor, de cómo se conocieron a formar una familia numerosa
Cuando se conocieron, Leo tenía 9 años y Antonela, 8: el primo de ella, Lucas Scaglia, era compañero de equipo y amigo del mejor futbolista del mundo
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El mundo del fútbol sorprende, a veces, con historias de amor que parecen sacadas de una película: la de Antonela Roccuzzo y Leo Messi, Princesa de Asturias de los Deportes de este año, podría ser una de ellas. Un enamoramiento que nace en la infancia y se mantiene en secreto, mundos separados, casualidades y una decisión que lo cambió todo: así podría resumirse una relación cuyo origen se remonta a hace 30 años.
Dos niños con vidas muy distintas
Lionel Andrés Messi Cuccittini es el tercero de cuatro hermanos: Rodrigo y Matías son mayores que él, y María Sol, la única chica, la menor de todos. Antonela, por su parte, es la segunda de tres hermanas (la mayor es Paula y la menor es Carla). Ambos nacieron en Rosario, pero sus vidas no podían ser más diferentes: mientras que los padres de Antonela tenían una vida acomodada (el padre era dueño de una cadena de supermercados), con vacaciones en el extranjero y colegios privados, Messi se crio en un ambiente humilde, marcado por su afición y talento para el fútbol, donde desde bien pequeño comenzó a destacar: con solo 4 años ya jugaba en un club de barrio.
Fue el fútbol precisamente el que, en cierto modo, los unió por primera vez. Lucas Scaglia, exfutbolista, y Leo, se conocían de las divisiones inferiores del Newell’s Old Boys, donde ambos jugaban juntos. Scaglia invitó a Messi a pasar unas vacaciones en Mar del Plata. Y allí estaba Antonela, prima de Lucas. Nada más verla, Leo se enamoró de ella perdidamente. Solo tenía 9 años; Antonela, 8.
Evidentemente, nada ocurrió. Pero ‘la Pulga’ vivió su amor en silencio: dado que su amistad con Lucas continuaba, se veían a menudo, jugaban, pasaban tiempo juntos. Hasta que un problema de salud le dio a la vida del futbolista un giro de 180 grados.

Alejados por miles de kilómetros
Con 11 años, Messi medía 1,32 metros, la estatura correspondiente a un niño de 9. Tras varios estudios médicos, se certificó que tenía un déficit de la llamada hormona del crecimiento, lo que iba a afectar a su desarrollo. El Newell’s se comprometió a financiar parte de la terapia, pero lo cierto es que no cumplieron su palabra. Fue ese el motivo que lo hizo terminar recalando en las categorías inferiores del Barça, que lo fichó (es mítico el preacuerdo firmado en una servilleta) y le costeó el carísimo medicamento que la familia del jugador no podía pagar.
Con la terapia, Messi iniciaba una nueva etapa en su vida, la que de hecho cambiaría para siempre su destino. A cambio, viviría a unos 10.500 kilómetros de Antonela, de la que seguía muy enamorado. Tenía 13 años. Cuatro años después, un trágico suceso devastó a Rocuzzo: su mejor amiga moría en un accidente de tráfico. Leo no dudó en coger un avión para ir a consolar a la joven a la que amaba, que se había convertido en novia cuando regresó a Barcelona.
Un amor que tardó años en oficializarse

En aquel 2004, Messi dejaba atrás las categorías inferiores para debutar en el primer equipo. No fue hasta 2007 cuando ella decidió contar a sus amigas que Leo era su novio. Por su parte, el futbolista hizo pública su relación en un programa de fútbol de TV3, 'Hat Trick Barça', a principios de 2009, sin siquiera dar el nombre de su pareja. Para 2010, Antonela dejaba sus estudios y se trasladaba a Barcelona para acabar con la distancia física que los separaba y vivir con Messi. En 2012 nacía Thiago, el mayor de sus tres hijos; Mateo venía al mundo en 2015 y Ciro, el menor, en 2018, nueve meses después de la boda de sus padres, en junio de 2017.
