Mariola Orellana, sobre la epidemia de la heroína en los 80: “Echo de menos a mis hermanos todos los días”
Detrás de la Mariola Orellana expansiva, divertida y siempre rodeada de gente hay una biografía atravesada por pérdidas muy dolorosas
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Es uno de los personajes más queridos de la crónica social española, una de las representantes de artistas más importantes del país y, desde hace 35 años, la mujer de Antonio Carmona. La vida de Mariola Orellana transcurre entre grandes nombres de la música, amistades que han resistido el paso del tiempo, reuniones multitudinarias en su casa y una historia sentimental que parece sacada del cine. Pero detrás de esa mujer expansiva, divertida y siempre rodeada de gente hay también una biografía atravesada por pérdidas muy dolorosas.
En una extensa entrevista en 'Vanity Fair', rememora con una contundencia estremecedora lo que supuso la epidemia de la droga para quienes crecieron a finales de los 70 y los 80 y, para ella personalmente, que perdió a sus hermanos a consecuencia de la heroína. "Nosotros somos de una generación que no vivió una guerra, vivió la droga. A mí me pilló ya jovencita. Yo me dije: ‘Uy, esto es muy malo’. No me alcanzó. Pero a la generación anterior, sí. Se me fueron todos los amigos", subraya.
Mariola era la octava de diez hijos y siempre tuvo una relación muy estrecha con sus hermanos mayores, especialmente con los varones, a los que admiraba y que la protegían. Por eso, el recuerdo de lo sucedido sigue siendo una herida abierta.
"En mi familia fue una lacra, un horror. Mis hermanos eran guapísimos. Los tíos más guapos que he visto en mi vida. En Sevilla eran famosísimos por guapos. Unos pedazo de tíos deportistas, estudiosos, maravillosos", cuenta. Nada hacía presagiar que aquella familia acabaría sufriendo semejante desgracia. Su madre tuvo que asistir, impotente, al deterioro y la muerte de varios de sus hijos, una experiencia que Mariola recuerda como una de las más terribles de su vida.
"Mi madre vio cómo sus hijos iban cayendo de esa manera. Verla sufrir es de las cosas más horribles que he vivido", confiesa. Y todavía hoy le cuesta hablar de ellos sin emocionarse: "Echo de menos a mis hermanos cada día. No puedo hablarte de ellos porque lloro".
La droga no solo se llevó a sus hermanos. También desaparecieron muchos amigos de su entorno, como Antonio Flores: "Eso fue horroroso. Yo estaba pegada a él. El día que se fue, todo el rato. Pegada, pegada, pegada. Para mí fue un shock. Nos dejó hundidos en la miseria".
La Movida y la libertad en las calles
Si hay algo que Orellana reivindica con entusiasmo es el espíritu de La Movida. Aquellos años representaron mucho más que una explosión artística o una estética reconocible. Fueron, sobre todo, un momento de apertura en el que las personas podían relacionarse sin tantas etiquetas ni prejuicios.
"La Movida fue una maravilla de época. Ahí sí que había libertad de verdad", afirma. Y la recuerda como un tiempo en el que se mezclaban personas de distintas clases sociales, procedencias e ideologías, sin que nadie necesitara preguntar de qué familia venías o a qué partido votabas.
Mariola no fue una mera espectadora de la efervescencia cultural de los 80. Antes incluso de que La Movida alcanzara su dimensión más conocida, vivió una etapa decisiva en Lanzarote, adonde llegó con apenas 18 años, procedente de Sevilla y de un colegio de monjas. Allí descubrió otras formas de vestir, de pensar y de entender la vida. Incluso formó parte de un grupo de punk integrado exclusivamente por mujeres, Besos y rasguños.
También recuerda con especial admiración el impacto que tuvo en ella el cine de Pedro Almodóvar. Ver 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón' supuso un antes y un después. "Hemos vivido muchas cosas. Eusebio Poncela, Bibi, Loles, Rossy, que es mi hermana. Formamos un grupo muy bueno, muy enriquecedor", recuenta.
De ahí que le preocupe especialmente el clima actual de enfrentamiento. "Me asquea este momento que estamos viviendo", asegura, al recordar una sociedad que, a su juicio, ha perdido parte de aquella capacidad para convivir con quienes piensan de manera diferente.
"Yo fui a por Antonio"
Un aspecto muy revelador de la entrevista es su historia de amor con Antonio Carmona. "No sé por qué, porque a mí no me entran. Y este tuvo el morro de entrarme. Caí fulminada", cuenta entre risas. Se trasladó a Madrid a vivir con él en un lugar que describe como un cuchitril, pero eso era lo de menos. Estaba enamorada.
La relación, sin embargo, no estuvo exenta de dificultades. Su unión suponía también romper determinadas barreras culturales y familiares. Mariola era paya y Antonio pertenecía a una familia gitana muy tradicional. "Yo fui a por Antonio. Me enamoré como se enamora uno en las películas. Me daba igual que no me quisieran. Que fuera gitano. Es que me parecía todo maravilloso. Y me lo sigue pareciendo", confiesa.
Su suegra llegó a recibirla con una advertencia muy poco acogedora. "Te voy a hacer la vida imposible. Te voy a echar de Madrid", le dijo en su primer encuentro. Hubo muchos desencuentros y momentos complicados, hasta el punto de que la familia de Antonio no asistió a su boda. Sin embargo, el tiempo terminó colocando las cosas en otro lugar. Hoy su suegra vive con ellos y Mariola la considera una segunda madre. "Lo que nos ha mantenido ha sido el amor que nos tenemos. Eso no se explica ni se cuenta. Eso te pasa o no te pasa", concluye.
