Alimentación

¿Cómo influye el oído en lo que nos gusta comer?

La importancia del oído a la hora de comer. Gtres
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Cuando pensamos en lo que nos gusta un alimento, normalmente nos fijamos en el aroma o el sabor. Puede que incluso prestemos atención al aspecto o la textura. Pero rara vez pensamos en el oído. Es el sentido al que menos importancia dedicamos cuando comemos. Pero aunque no nos demos cuenta, es muy relevante y puede marcar la diferencia a la hora de percibir las características de un alimento y decidir si nos gusta o no. Por ejemplo, nos gusta más una manzana cuando es crujiente que cuando no lo es.

¿Cómo decidimos si nos gusta un alimento?

El modo en que valoramos un alimento y decidimos si nos gusta o no, depende de muchos factores. Obviamente las características organolépticas son fundamentales: el aspecto, el aroma, el sabor, la textura, etc. Todos esos atributos los percibimos gracias a nuestros sentidos: la vista, el olfato, el gusto… y también el oído. 

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Pero también influyen mucho otros elementos; por ejemplo, nuestras vivencias: los recuerdos, los hábitos alimenticios, el entorno en el que vivimos, etc. Toda esa información es integrada e interpretada por nuestro cerebro y, de ese modo, obtenemos una respuesta: el modo en que valoramos el alimento, lo que nos permite decidir si nos gusta o no. 

Nos gusta que las patatas estén crujientes

El mejor ejemplo para entender cómo influye el sonido sobre nuestros gustos podemos encontrarlo en alimentos como las patatas chips, el chocolate, las manzanas, las zanahorias y, en general, en todos los que son (o deberían ser) crujientes. Ese sonido que esperamos encontrar cuando masticamos todos estos alimentos envía información a nuestro cerebro: lo asociamos con la idea de que están frescos y en buen estado.

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Difícilmente nos gustarán unas patatas fritas que no crujen. Cuando eso sucede, nuestro cerebro interpreta que no están en su mejor momento: que no son frescas, que están muy húmedas, etc.

Pero lo más curioso de todo es que nuestro cerebro puede anticiparse a la forma en que percibimos los alimentos. Por ejemplo, si la bolsa en la que están envasadas las patatas hace mucho ruido cuando la manipulamos, nos predispondrá inmediatamente para esperar que las patatas sean crujientes. Incluso las percibiremos como más crujientes que otras patatas iguales pero envasadas en una bolsa de plástico más silenciosa.

Y lo mismo sucede con otras situaciones. Por ejemplo, si oímos cómo chisporrotean unas lonchas de beicon sobre la sartén, probablemente percibiremos su textura como más crujiente a la hora de comerlo.

La influencia del ruido ambiental 

Como acabamos de ver, cuando comemos un alimento no solo nos influye el sonido que percibimos dentro de nuestra boca (como sucede cuando masticamos unas patatas), sino también el sonido y el ruido que hay en nuestro entorno. 

Por ejemplo, en ambientes muy ruidosos, como ocurre dentro de un avión, puede alterarse la percepción de los sabores: se ha observado que disminuye la percepción de los sabores dulces y salados, mientras que otros como el umami pueden intensificarse. Por eso el zumo de tomate es una de las bebidas que más triunfan en los viajes aéreos: a muchas personas les gusta cuando lo toman a bordo de un avión, pero no tanto cuando lo consumen en tierra firme y sin ruidos de por medio. 

Cómo nos influyen los sonidos

Los sonidos ambientales también condicionan cómo percibimos el alimento. Por ejemplo, si comemos pescado en un entorno donde hay sonidos de gaviotas y olas de mar, es probable que apreciemos más y mejor su aroma y su sabor y, en definitiva, que nos guste más. De hecho, esto se ha puesto en práctica en algunos restaurantes. También se ha observado que ciertos tipos de sonidos pueden influir sobre el modo en que percibimos los sabores; por ejemplo, los sonidos agudos y melodías suaves tienden a potenciar la percepción del dulzor, mientras que los sonidos graves o intensos pueden acentuar los sabores amargos. 

En definitiva, el oído influye mucho más de lo que pensamos sobre el modo en que percibimos lo que comemos y puede determinar nuestra respuesta a la hora de decidir si el alimento nos gusta o no. No solo influye el sonido que escuchamos dentro de nuestra boca, sino también los ruidos o sonidos de nuestro entorno. Entenderlo puede ayudarnos a apreciar mejor lo que comemos.