Liset Menéndez de la Prida, neurocientífica: “Generamos recuerdos de cosas que no hemos vivido”

Menéndez de la Prida, directora del Centro de Neurociencias Cajal, publica el libro 'Cerebro, espacio y tiempo' sobre cómo funciona nuestro órgano más complejo
Ana Morales, sobre por qué estamos tan cansadas: "El ‘scrolling’ en las redes es el nuevo tabaco”
MadridEl físico Emerson M. Pugh dijo en 1938 que “si el cerebro fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, seríamos tan simples que no lo entenderíamos”. La frase encierra una reflexión de largo alcance sobre nuestro órgano más preciado. Liset Menéndez de la Prida, directora del nuevo Centro de Neurociencias Cajal (CNC) del CSIC en Madrid, lo corrobora y se refiere al cerebro como el órgano “más complejo” del cuerpo.
Esta neurocientífica acaba de publicar el libro ‘Cerebro, espacio y tiempo’ (Guadalmazán) en el que disecciona algunos de los secretos de lo que llama nuestro “GPS neuronal”. Una lectura apasionante que arroja algunas respuestas y suscita nuevas preguntas, que abordamos en un diálogo apasionante con la autora.
¿Entender cómo funciona el cerebro nos ayuda a entendernos a nosotros mismos?
Sí, porque el papel del cerebro es el de generar conocimiento. Un término que empleamos mucho en neurociencia es el de cognición, que tiene que ver con cómo procesamos la información, cómo elaboramos las respuestas, cómo recuperamos los recuerdos de todo aquello que nos sucedió y cómo proyectamos eso en el tiempo para tomar decisiones… Es una de las preguntas más difíciles de contestar, y que se acerca incluso a cuestiones filosóficas, sobre qué somos, qué es el tiempo, qué es la conciencia o cómo representamos el mundo y cuán fidedigna es esa representación.
Respecto a la memoria, en el libro hablas de que muchas veces es inexacta…
Lo que intenta el libro es mostrar cómo la forma en la que las neuronas representan la secuencia de cosas que suceden tiene cierta imperfección. Los procesos del cerebro para generar el registro de memoria parten de una recombinación de secuencias que determina que al final haya cierto grado de imprecisión. A veces, tenemos recuerdos que pensamos que hemos vivido directamente sin que haya sido así: son fragilidades naturales que forman parte de la arquitectura del cerebro.
¿Qué papel juega la imaginación?
La actividad neuronal genera secuencias que permiten proyectar lo que va a suceder a continuación. Cuando tú ves un semáforo que está en verde, sabes que lo siguiente que va a venir es el ámbar y lo siguiente el rojo. Esto es, en definitiva, la imaginación.
¿Cómo evoluciona nuestro cerebro con la edad?
La memoria se va alterando. Tendemos a perder capacidad de atención y de concentración. Por un lado, siempre surgen novedades en tu realidad con las que tú no has crecido y que te cuesta integrar en tu mapa mental, como sucede con las nuevas tecnologías para las personas de mas edad. Eso es todo un reto para el cerebro. Al mismo tiempo, dormimos peor y como el sueño tiene un papel enorme en la capacidad de recordar, la memoria se resiente. Además, de manera patológica se presentan algunas de las enfermedades más complejas que existen y sobre las que tenemos aún muchas lagunas, como el Alzheimer.
¿Qué mecanismos podemos poner en marcha para combatir esas alteraciones?
Una de las claves es externalizarla. Podemos depositar esa memoria en soportes blandos como la escritura o las notas de voz… También es importante trabajar el contexto de los recuerdos para poder guardarlos mejor. Si al dejar el coche aparcado, no te fijas en la localización porque vas caminando y mirando el móvil al mismo tiempo, se te hará más difícil recordar dónde lo has dejado que si le prestas una mayor atención, por contarlo de una manera sencilla.

¿Es el momento tecnológico actual especialmente desafiante para el cerebro?
Sí, estamos en el umbral de cambios importantes en la tecnología, con modificaciones sustanciales en la forma en la que nos relacionamos con las máquinas. Hemos inventado máquinas toda la vida. Una rueda es una máquina, las gafas son una máquina y un teléfono móvil es también una máquina. Pero lo que viene ahora es una interacción más fuerte con, por ejemplo, los sistemas de realidad virtual y realidad ampliada aunque también tienen aplicaciones muy positivas.
¿Cuáles podríamos destacar?
En el caso de la realidad ampliada, habría que destacar que aporta información adicional sobre la realidad que estás viendo y eso puede ser muy útil, por ejemplo, en cirugía para poder intervenir en zonas del cuerpo humano de difícil acceso. También es interesante, por ejemplo, en el control de tráfico o en los procesos en fábricas, superponiendo sobre la realidad o información adicional que permite tomar decisiones mucho más rápidamente.
En cuanto a la adopción de nuevas tecnologías, ¿lo tienen más fácil los jóvenes?
En principio sí, pero para ellos también está siendo un reto importante. Hay estudios que están comprobando que les cuesta cada vez más mantener la atención y esto es porque estamos llevando al cerebro al límite con las nuevas tecnologías.
Es el caso de la inteligencia artificial. En el libro mencionas que funciona de manera análoga a cómo lo hace nuestro cerebro, ¿en qué sentido?
La inteligencia artificial surge de la neurociencia. Las redes artificiales emulan cómo se comporta la neurona al recibir unos ‘inputs’, integrándolos y dando como respuesta un resultado. Los resultados cada vez se vuelven más complejos. Sobre todo porque las redes de inteligencia artificial son capaces de aprender cada vez más velozmente. Eso ha determinado el salto gigantesco que estamos viviendo.
¿Tendremos que combinarnos de alguna manera con las máquinas en el futuro para encauzar estos avances tan vertiginosos?
¡Ya está sucediendo! Sucede cuando nuestro móvil nos ayuda a buscar fotos en función de un rostro, o cuando empezamos a escribir un correo electrónico y nos muestra directamente un pequeño borrador…Todo eso son hibridaciones entre nuestra capacidad y la de la máquina, que busca una mayor productividad.
¿Qué es lo más importante que nos queda por conocer sobre el cerebro humano?
Muchas cosas, entre ellas entender por qué envejecemos mentalmente, por qué se nos hace más difícil entender nuevos conceptos a medida que cumplimos años. Descubrir si se trata de un problema de comprensión, de memoria o cognitivo.

