¿Se pueden recuperar recuerdos tras la muerte? Un gran estudio neurocientífico sugiere que sí

Los neurocientíficos creen que será posible recuperar recuerdos de cerebros muertos no antes de 2125
Los neurocientíficos no se ponen mayoritariamente de acuerdo sobre la posibilidad de recuperar los recuerdos de un cerebro tras la muerte. Pixabay
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Un estudio publicado en 'Plos One' ha preguntado a más de 300 neurocientíficos de primer orden y de distintos países si sería posible extraer recuerdos de un cerebro ya preservado, sin actividad, incluso después de la muerte. Aunque no ha habido consenso entre los encuestados, sí ha existido una mayoría que tenía claro si esto era posible.

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El 45,6 % respondió que sí, mientras que el 32,1% se mostró en desacuerdo

La primera pregunta planteada a los expertos fue directa: si creían que, en principio, sería posible “extraer la información correspondiente a una memoria a largo plazo específica y no trivial a partir de un mapa estático de conectividad sináptica”. El 45,6 % respondió que sí, mientras que el 32,1% se mostró en desacuerdo, lo que evidencia que casi la mitad de los neurocientíficos considera posible que un cerebro sin actividad pueda conservar físicamente la información necesaria para reconstruir recuerdos.

Cuando se les pidió identificar qué información adicional sería necesaria más allá de esa “instantánea estática”, las respuestas más frecuentes fueron mediciones de actividad neuronal dinámica (46,5 %), información contextual sobre experiencias y estados mentales (43 %) y datos sobre entrada sensorial y salida motora (37 %). En menor medida, mencionaron gradientes químicos y eléctricos (15,2 %) o propiedades cuánticas (5,2%). Un 5,2% afirmó directamente que el planteamiento de la pregunta era erróneo.

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El estudio también exploró si existe consenso sobre dónde se almacenan físicamente los recuerdos. La mayoría de los participantes (70,5 %) estuvo de acuerdo en que “la base estructural de las memorias a largo plazo consiste principalmente en cambios duraderos en la conectividad neuronal y conjuntos de fuerzas sinápticas”.

La pregunta central del estudio —si un cerebro preservado mediante criopreservación estabilizada con aldehído podría conservar suficiente información para decodificar recuerdos— obtuvo una probabilidad mediana del 41%. El documento señala que la distribución fue bimodal, con un grupo que situó la probabilidad cerca del 75% y otro alrededor del 10%. Esta división muestra que, aunque existe incertidumbre, una parte relevante de la comunidad científica cree que los recuerdos podrían sobrevivir físicamente en un cerebro preservado.

Implicaciones éticas y morales

La encuesta también preguntó por la posibilidad de crear una “emulación de cerebro completo” a partir de un cerebro preservado, definida como una versión digital capaz de replicar la estructura causal interna del cerebro original. La probabilidad mediana fue del 40 %, que aumentó al 62 % si se asumía que podían registrarse datos activos del cerebro antes de su preservación. Estas cifras, similares a las de la extracción de recuerdos, refuerzan la idea de que muchos neurocientíficos consideran que la memoria podría residir en estructuras físicas estables.

El estudio concluye que “una proporción sustancial de participantes indicó que los recuerdos probablemente podrían decodificarse a partir de la estructura estática de un cerebro preservado”, aunque persisten dudas fundamentales sobre qué características exactas son responsables del almacenamiento de la memoria. También destaca que ni la formación ni la experiencia de los participantes influyeron significativamente en sus opiniones, lo que sugiere que la incertidumbre es transversal en la comunidad científica.

El propio documento advierte que, si algún día fuera posible decodificar recuerdos de cerebros preservados o crear emulaciones cerebrales completas, las consecuencias serían profundas. Entre las preocupaciones mencionadas se encuentran “la posibilidad de prolongar la vida mediante la emulación cerebral completa” y “las violaciones de la privacidad que podrían ocurrir por la extracción inapropiada de recuerdos del cerebro preservado de una persona”. Dado que algunos participantes estiman que una emulación cerebral humana podría ser viable alrededor del año 2125, el estudio subraya que estas implicaciones deben abordarse mucho antes de que la tecnología avance hasta ese punto.